Este fin de semana, en la plataforma de streaming Netflix, vi el documental “La caída libre” (Free fall), dirigido por Rory Kennedy, que aborda lo que está pasando con la armadora de aviones más importante para los Estados Unidos.
Para nadie es un secreto que Boeing ha marcado un hito en la aviación comercial, ni que durante muchos años fue el líder indiscutible en cuanto a la fabricación de aeronaves comerciales.
Partiendo de esa premisa, el documental nos narra -siempre con datos duros en la mano- cuándo comenzaron los problemas de Boeing. Durante muchísimos años la armadora fue una compañía imbatible; sus aviones más populares fueron los modelos B727 (verdaderos caballitos de batalla), seguido en popularidad por el B757, así como la aeronave B747, la indiscutible reina de los aires, también conocida como Jumbo.
Conforme avanzaron el tiempo y la tecnología, fueron mejorando sus aviones; el B727 dio paso a un avión mejorado: el B737; lo mismo pasó con el B767 de doble pasillo, ideal para vuelos de largo alcance, y el modelo B777 también de doble pasillo, muy solicitado en la aviación comercial.
¡Sólo tenían viento a favor! Era momento de hacer planes de seguir creciendo y mejorando los aviones; en ese momento, teniendo como presidente a Harry C. Stonecipher, el control de la calidad para la seguridad aérea era el eje fundamental. Pero todo se fue al traste en julio de 2005 con la llegada de W. James McNerney Jr., quien priorizó las ganancias por encima de las vidas humanas.
Con la llegada del nuevo milenio Boeing se enfrentó a algo que hasta entonces parecía impensable: la fabricante francesa de aviones Airbus estaba ganando adeptos rápidamente, y por primera vez en su historia se vieron rebasados por los galos, en cuanto a pedidos de aviones.
McNerney fue quien tomó las decisiones que hoy sabemos fueron un fracaso, tanto la modificación de los aviones de la familia B737 para convertirlos en MAX, como de una nueva línea de aviones: los B787Dreamliner.
Estuvo hasta julio de 2015 al frente de Boeing, y su lugar lo tomó Dennis A. Muilenburg, otro CEO al que solamente le interesaba incrementar las ganancias operativas de la fabricante de aviones, igual que a su antecesor.
Muilenburg tuvo que renunciar después de sendos accidentes fatales que sufrieron dos de sus aeronaves B737MAX, que dejaron más de 350 fallecidos, aunque -por supuesto- nunca se le fincó ninguna responsabilidad, ni civil ni penal. Por esto solamente estuvo al frente de Boeing entre 2015 y 2019.
El nuevo CEO de Boeing tuvo que “comerse con patatas” las chapuzas de los dos directores anteriores, y ese rol lo jugó David L. Calhoun, quien estuvo de 2020 a 2024, y quien dijo “iba a poner a Boeing en el camino correcto”. Pero eso nunca sucedió. Sus decisiones fueron para “apagar fuegos”, iban dirigidas, más bien, a soluciones provisionales que resolvían problemas accesorios y urgentes, pero sin tocar el fondo del conflicto principal, suficiente para salir a los medios y decir: “estamos trabajando en ello”, pero nada más.
Y enfada, lo mismo que preocupa, que estos tres directores se fueron, literalmente, “de rositas” con multimillonarias compensaciones y sin pagar un solo plato roto.
Hoy -y esa parte le falta registrar al documental- el reto es para Robert Kelly Ortberg, quien se supone debe enderezar todo lo chueco que hay dentro de las fábricas de Boeing.
Y yo se los puedo adelantar, amables lectores, eso no va suceder si no vuelven a poner especial énfasis en la seguridad operacional y control de la calidad de sus piezas, independientemente de que sean fabricadas por sus dos sedes: Seattle o Charleston, o provengan de otros proveedores.
Hago una seria invitación a que vean este gran documental porque tenemos mucha tela de dónde cortar. Es un buen resumen que pone en un solo lugar mucha información, que si bien es cierto es pública desde hace mucho tiempo, difícilmente se puede organizar y presentar didácticamente.
Muchos de los datos presentados han sido abordados en este espacio, pero el documental tiene la enorme ventaja de respaldarlos con imágenes, audios y videos de los personajes reales. Hasta el momento no se ha hecho público el costo de producción del documental, pero les puedo asegurar que no fue nada económico.
Al terminar, el espectador puede llegar por sí solo a sus conclusiones. Por supuesto la corrupción dentro de la fabricante de aviones no “apareció” por generación espontánea, se dio cuando los “de hasta arriba” presionaron para cumplir con apretados itinerarios, y sacar las aeronaves lo más pronto posible al mercado.
Lo que más hiela la sangre es que las autoridades norteamericanas, como la Agencia Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), recurren a argumentos falaces, y se hacen “los sorprendidos”, y con lenguaje técnico y elaborado terminan diciendo: “ay, yo no sabía”, “no tenía idea”. ¡Falso! En el documental se comprueba que los trabajadores de Boeing denunciaron ante ellos que no se estaba cuidando el control de calidad.
Hicieron de su conocimiento que llegaban partes de fuselaje que no encajaban, y lo más terrorífico, que usaban piezas defectuosas que previamente habían sido rechazadas, y todo por la urgencia absurda de alcanzar las metas trazadas por la dirección, con los menores costos posibles. Algo impensable en cualquier industria, pero más en la industria aérea, cuya principal característica es su seguridad.
He tenido la fortuna de conocer una pequeñísima parte de esta, y sé que los procesos de calidad no están por encima de los beneficios económicos; pero esto cambió cuando al frente de Boeing llegó W. James McNerney Jr., y su política agresiva de crecimiento. Por eso, todos y cada uno de los trabajadores que han salido en público a exponer que ellos en su momento denunciaron las graves fallas de fabricación, fueron perseguidos por Boeing, acosados, presionados y cambiados de puesto y hasta de centro laboral.
Lo más alarmante es cuando estos mismos trabajadores narran que acudieron a la FAA y en lugar de apoyarlos, las autoridades voltearon para otro lado.
Y sí estimados lectores, estamos hablando de la misma FAA que auditó a nuestro país en materia de seguridad aérea. Lo he dicho e insisto en ello, realmente nuestras “fallas” son temas de presupuesto y administrativas, no somos un país inseguro para volar, ese cuento no se los cree nadie… bueno sí, la oposición en México.
Y ahora un comentario “in fine” (al final, porque no es inglés, sino latín) lo que me parece aún más trágico es la postura de los pilotos; de los norteamericanos; no podemos pedir mucho, pues la cultura del sindicalismo por aquellas tierras está muy minada, pero ¿qué pasa con los otros pilotos alrededor del mundo? ¿por qué no están denunciando que Boeing los está poniendo en peligro?
Eso sí, tengo que dejar clara una cosa: si apesar de los graves fallos que presenta Boeing en la fabricación de sus aviones, las aerolíneas siguen confiando en ellos, es porque en general los equipos son buenos. Donde la “puerca tuerce el rabo”, es cuando se terciariza toda la fabricación, sin tomar en cuenta los controles de calidad que deben permear.
Por eso las líneas aéreas que usan Boeing, han optado por que cada vez que traen un equipo nuevo, llevar a un grupo de ingenieros mecánicos, quienes inspeccionan la aeronave a profundidad, y si detectan alguna falla, el avión no se entrega ya sea al arrendador o la línea aérea directamente.
Definitivamente esto causa costos extras para las aerolíneas, pues hay que pagar por el traslado de estos especialistas a las fábricas de Boeing, pagar la estancia, los viáticos correspondientes y esperar varios días, e incluso semanas, para tener por parte de ellos el “Visto Bueno (VoBo)” y trasladar la aeronave en cuestión a la línea aérea, con ellos a bordo, porque también se checa la nave en vuelo.
El grave problema que realmente enfrenta Boeing, además de tener en entredicho su credibilidad como fabricante de aeronaves, es el hecho de que todos los CEO´s responsables de la caída de Boeing están muy quitados de la pena, y no han pagado por su ya reconocida negligencia.
Y justamente eso es lo que se esperaría de un país como Estados Unidos donde se supone la corrupción no existe. Pero los abogados que trabajaron durante un tiempo en Boeing, ahora forman parte del poder judicial, el mismo que “de repente” comenzó a absolver a estos CEO´s criminales, que dejaron a más de 350 familias rotas.
Pero eso no es todo, los trabajadores que denunciaron a Boeing aseguran que las fallas en la fabricación de las nuevas aeronaves, saldrán entre los próximos 10 a 12 años. Pensemos que el comienzo de la entrega de aviones del modelo B787Dreamliner fue entre 2011 y 2012 y en el caso del B737MAX, fue en 2017.
Al final esto es nada más un reflejo más del capitalismo más rampante y atroz que solamente busca llenarse de dinero los bolsillos de sus altos ejecutivos, explotando a los trabajadores y sin importarles la seguridad del cliente final.
Con Boeing podemos ver de la forma más descarnada al capitalismo que muchos trabajadores desclasados defienden. Por eso, no me espanta cuando dicen que es tiempo de “Eat the rich”.




