La presidenta Claudia Sheinbaum, fiel a la retórica obradorista, ha insistido una y otra vez en la terquedad de que España tiene que pedir perdón por los abusos cometidos durante la conquista de México. Así ha sido desde aquel año de 2018 cuando AMLO envió una carta al rey Felipe VI.
Lo que AMLO nunca entendió – y tal vez ni Sheinbaum ni sus asesores lo entiendan tampoco- es que España es una monarquía constitucional. Si bien el título de “rey” suena grandioso y evoca poder ilimitado, como si se viviese en el antiguo régimen, en la realidad las competencias del monarca español son extremadamente limitadas. Felipe VI “no se manda solo” sino que obedece a la Constitución, a las leyes, y sobre todo, a lo que “recomiende” el gobierno central.
Si el rey Felipe, en una declaración a título personal, respondió con total calma y diplomacia que sí se cometieron abusos a la luz de los valores actuales, lo hizo alejado de cualquier posicionamiento oficial.
La decisión de no responder a aquella carta de AMLO no fue una decisión unilateral de Felipe VI ni de la reina Letizia ni de la princesa de Asturias ni de la Casa Real, ni del Real Cuerpo de alabarderos, ni de nadie que trabaja en La Zarzuela o en el Palacio Real. Como se trataba de un asunto de política exterior, fue responsabilidad de Josep Borrell, ministro de Exteriores del gobierno de Pedro Sánchez en el momento del envío de la carta, aconsejar y recomendar al rey de que esa misiva no tuviese respuesta por parte del Estado español.
En otras palabras, a diferencia de lo que pueden considerar la presidenta Sheinbaum y sus extraviados asesores, los funcionarios que merecieron la crítica de AMLO y de su sucesora fueron los propios ministros de Sánchez, y en última instancia, el propio presidente del gobierno español en turno.
Con motivo de la próxima visita de la presidenta mexicana a España, se ha señalado en la opinión pública que el litigio en torno al “perdón” por los sucesos del siglo XVI no es en relación con La Moncloa, sino con La Zarzuela, es decir, con el rey Felipe VI, y por eso, han señalado, Sheinbaum no ha tenido ninguna reticencia para reunirse con Sánchez. Se equivocan. El diferendo ha sido siempre, por los motivos expuestos, con el gobierno “progresista” que será el anfitrión del foro internacional que tendrá lugar en Barcelona.
¿Comprenderán los asesores de la presidenta Sheinbaum cómo funciona una monarquía constitucional o seguirán explotando un supuesto litigio con un monarca cuyo cargo pomposo refleja muy poco sobre las verdaderas competencias que cuenta como jefe del Estado español? No deben comprenderlo, y mucho menos, estar mínimamente interesados en hacerlo. O quizás, lo entienden bien, pero conviene más para la narrativa populista “pelearse” con un rey que con el jefe de un gobierno “progresista”.



