Desde el primer acercamiento a las costas de lo que hoy es el caribe mexicano (1502), los españoles fueron testigos del cotidiano y diversos uso de la metalurgia, ya fuese cómo anzuelos, agujas, y otros diversos artilugios.

Desde, al menos, el siglo VII D.C. (periodo clásico), abundan evidencias, ya fuese por importación desde Sudamérica, vía marítima, o por las minas de varios minerales, con especial énfasis en el cobre, en la zona del occidente de México; los purépechas o tarascos (Tzin Tzun Tzan, hoy Michoacán), pero también en las zonas del centro de Mesoamérica: cascabeles, joyería, instrumentos agrícolas y de cocina, y en fin, cualquier cantidad de usos. Personajes como Díaz del Castillo, Cortés o Motolinia, lo consignaron de forma indiscutible.

Si bien era el cobre el metal más socorrido, existen evidencias del uso de otros metales, como el estaño y otros más, de los cuales conocían las aleaciones. Hay estudios que arrojan que llegaron a conocer del bronce, inclusive. Baste ir a cualquier museo en lo que hoy es México, para constatar la abundancia de objetos metálicos. Tan se manejaba la metalurgia, que Cortés utilizó sus técnicas para fundir oro y esconderlo (no reportarlo a las autoridades para evadir impuestos), lo que seria hoy en día una suerte de “huachicol aureo fiscal”. No hay la total certeza de que hayan llegado al hierro, aunque sí hay algunos indicios.

Hoy en día, además de los museos, en Michoacán sobrevive la tradición en la maestría para trabajar el cobre (Santa Clara del Cobre). Tanto era común su uso, que por los campos mexicanos del siglo XIX sobraban los vestigios, sabido es que el general Porfirio Díaz mandó recolectar varias carretas de hachuelas de metal, para fundirlo y utilizarlo en las guerras de reforma e intervención francesa.

Factores que influyen en no tener en claro el uso de los metales en Mesoamérica

En 2022, un mensaje difundido en redes sociales por un profesor indeseable (basta con ver sus desagradables fotografías), de nombre Isaac Katz (ITAM), y de origen no muy popular el día de hoy, por cierto, que rezaba: “El presidente López Obrador desprecia el conocimiento y admira las culturas prehispánicas que se quedaron en la edad de piedra”. ¿Quién será el que desprecia todo conocimiento que no tenga que ver con las sucias finanzas, con especial afán en las humanidades? Otra explicación es el indigenismo radical, igual de tóxico que el hispanismo recalcitrante, cuya mayor expresión se puede ver en algunos pasajes del muralismo mexicano, sobre todo los de Diego Rivera, y su afán de colocar a los indígenas, más que como víctima única, como pueblos de bestias en taparrabo.

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El escritor uruguayo, por ejemplo, Eduardo Galeano, ha contribuido con su parte, todo lo anterior sumado a escasos estudios serios al respecto, y a la muy poca voluntad por traducir y difundir los elaborados por científicos extranjeros, allana el camino para que charlatanes y traidores a la patria, como el mercenario Zunzunegui, tuerzan nuestra historia de maneras que rayan en lo ofensivo. Todo eso sumado, dificulta una periodización y categorización del tema metalúrgico en Mesoamérica.

El factor de la obsidiana

A partir de Teotihuacan y su florecimiento (alrededor del año 900 D.C.) se comienza a utilizar la obsidiana, cristal de origen volcánico abundante en el centro de México (sobre todo en lo que hoy es el estado de Hidalgo). Hay un desarrollo mayor y más rápido de los pueblos y civilizaciones mesoamericanos, le segunda Tula en importancia y ya después México Tenochtitlán, esto dado los usos de este mineral tan versátil (¿quien no ha encontrado navajillas en las zonas arqueológicas que se encargan de sacar los topos a flor de tierra?), pero sobre todo, su uso militar, para armamento con el cual se expandieron y desarrollaron.

En el caso de los mexicas, el arma conocida como macahuitl, fue clave en la consolidación de su vastísimo imperio. Tan es importante este mineral, que existe una relación directamente proporcional entre el poderío de las ciudades Estado y el nivel de explotación de las minas de obsidiana, trabajo para el cual era preciso instalar enormes asentamientos, que iban desde la extracción hasta el trabajo en piezas ya terminadas. Para los pueblos, pues, del centro de lo que hoy es México, la obsidiana fue clave en su poderío, no así para la región tarasca (¿sería ese uno de los motivos por los que Tenochtitlán no pudo ganarles militarmente?).

Conozcamos nuestra historia, repudiemos a los que venden su versión humillante al mejor postor; vamos, no seamos patriotas de futbol, y muy poco más.

Mapa con los principales yacimientos de obsidiana en Mesoamérica.