El ente sapiens, sus grupos, sociedades o pueblos siempre han enfrentado circunstancias complejas, desde los inicios de los tiempos históricos hasta nuestros días, aunque solemos creer que los nuestros son tiempos de circunstancias más complejas que nunca.

El punto es que tenemos ante nuestros sentidos un profundo y, sí, complejísimo transcurrir de condiciones que ambicionamos comprender y enunciar en algunas cuantas frases, que se convierten más bien en imágenes.

Una es el cambio de época. Hay quien estima que es tan grande e impactante como la transición del nomadismo al sedentarismo a través de la agricultura, la formación de las clases y el Estado en sus diferentes modalidades. Sería de tal magnitud como la transición a la sociedad industrial moderna con todas sus ventajas y desventajas, ya sea por los conceptos de soberanía, Estado-nación y orden jurídico jerarquizado con una constitución formal o con ciertos valores en su cúspide, o bien, por la transición a la sociedad de la información o digital en red, igualmente, con todos sus mutaciones estructurales, ventajas, desventajas y riesgos, entre otras: la fragilidad y liquidez de todas las cosas, incluidos los marcos jurídicos e institucionales, los valores y el propio hábitat planetario. ¿Hay algo que hacer ante un cambio de tales proporciones?

Otra es la imparable parece ser la sustitución del eje del poder global. Significa que el breve espacio y tiempo del hemisferio occidental, sobre todo de sus regiones del Norte, habría llegado a su fin junto con la noción y las instituciones de la modernidad. Del agrarismo al industrialismo y de aquí al sector servicios, incluida la tecnología digital, el nodo del poder más dinámico ya no se situaría entre las culturas anglosajonas o latinas, cristianas o católicas, sino en las asiáticas dotadas de otros valores y creencias no menos antiguas y poderosas. Los saldos de la agresividad noroccidental de la modernidad están a la vista: personas, grupos y pueblos enteros del Sur reclamando inclusión, emancipación y conducción, en tanto que los “liderazgos” y grupos étnicos esencialistas del Norte deciden encerrarse en el miedo, la exclusión y la recolonización por otros medios.

Vemos a diario el reflejo de esas realidades en las relaciones interestatales y regionales con impacto global. Del Medio Oriente a varios espacios de África o de América Latina en sus diferentes subregiones, las tensiones y conflictos, antiguos o nuevas azotan a comunidades, culturas y generaciones enteras, sin que estrategia o proyecto alguno pueda prevalecer y triunfar para estabilizar en cualquier sentido esos mundos en los que para muchos ya no hay nada que perder pues la vida ya no vale nada, ya no nació o fue suprimida sin piedad.

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Otra es el desbalance de los derechos frente a las exigencias de los privilegios, entre el “por el bien de todos, primeros los pobres” al “por el bien de aquellos, primero los ricos”, y, entre estos, en particular, los adscritos o aspirantes a una casta que se identifica por sus perfiles étnicos, hábitos o culturas, que los demás no pueden ni es conveniente que asuman, pues la pertenencia a los clubes de primera está predeterminada.

El ente sapiens, ya no tan sapiens, parece rendirse a merced de su propia ignorancia ante la inteligencia que ya no es suya, sino artificial, y comienza a asustarse de las malas prácticas de su propio engendro, que camina desafiante incluso en los centros de educación superior, de donde algún día provino y al cual no ha sabido educar.

En tales circunstancias, la lucha por el poder que aún conservan los aparatos políticos, gubernamentales y administrativos del Estado-nación es encarnizada. Esas minorías de élite digitalizadas tienen claro que acceder y controlar las palancas de la fábrica moderna o posmoderna del poder, cuales sean, incluidas las elecciones libres y auténticas, sigue siendo crucial. Y si no, que en su propia dimensión le pregunten a quienes suponen que puede funcionar sin límites una meta-burguesía global, por ejemplo, al infausto Infantino, o a los otros fantasmas agigantados por la tardomodernidad que hacen magia para entremezclar lo ilícito con lo lícito, ya en el comercio de toda clase de bienes o servicios, incluidas la seudo información o el gobierno aun desde las prisiones.

Bien saben, por experiencia y nostalgia, la relevancia de mandar y dominar a las mayorías populares que de pronto –comentan en corto- se han comprado el cuento de que pueden autodeterminarse y decidir sus destinos. ¡Qué equivocados están!

Como siempre –siguen platicando- masa es igual a emoción manipulable y nula sapiencia. La nueva Ilustración, la otra Ilustración, la real y verdadera, la que les depara el destino, es la que nosotros siempre creamos, hemos actualizado y les haremos vivir por su bien –reza la nueva liturgia fundamentalista de quienes creen que ya llegaron o ya vienen y sueñan con que ya no se irán, y, si no, advierten: esperen a ver Estados Unidos, Brasil, España o México en los meses por venir-.