Por motivos de trabajo, tuve la desgracia de escuchar los “gritos” de la independencia de personajes como el espurio Felipe Calderón y el telepresidente Enrique Peña Nieto.
Al primero, lo impusieron en la presidencia con un fraude y nos envolvió en una sangrienta guerra dictada desde Estados Unidos. El segundo fue, en las sabias palabras de AMLO, un pelele de los poderosos que terminó su mandato abandonado e ignorado por estos.
Ahora, la presidenta comienza, de forma simbólica, la transmisión de su segundo Grito con la presencia de representantes de los pueblos indígenas y afrodescendientes de México.
Qué vueltas dio la vida en menos de una década. De un borrado prácticamente total de gran parte de la población de nuestro país a una representación que debe transformarse en algo más que lo simbólico.
Y qué decir del reconocimiento a las decenas de millones de mexicanos que tuvieron que emigrar a un país hostil en búsqueda de la subsistencia gracias a las fallidas políticas neoliberales del PRIAN.
Ahora si, muchos mexicanos podemos gritar:
¡Vivan los pueblos indígenas y afromexicanos!
¡Vivan nuestras hermanas y hermanos migrantes!
¡Viva la dignidad del pueblo de México!
¡Viva la libertad!
¡Viva la igualdad!
¡Viva la justicia!
¡Viva la democracia!
¡Viva México libre, independiente y soberano!
¡Viva México! ¡Viva México!... ¡Viva México!


