Es un hecho que el poder de las tecnologías no es neutral y tras la eficiencia, hay intereses cargados por sus desarrolladores, propietarios e incluso, agentes políticos clave en el financiamiento para su desarrollo. Sin embargo, nunca antes en la historia un avance tecnológico había tenido una capacidad tan rápida e inmediata para producir efectos en las democracias e influir en los gobiernos tal como lo hace eso que Gustavo Petro llama “la matriz de la mentira”. Durante su visita a la UNAM por invitación de Jhon Ackerman dentro del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que encabeza, el expresidente colombiano desmenuzó al nuevo capitalismo para entender cómo es que la élite económica y tecnológica del mundo amenaza la autonomía popular y democrática en América Latina.
Gustavo Petro tiene un horizonte fresco sobre cómo es que las élites logran organizarse y construir mediante las tecnologías un dominio narrativo con el que se pierde un país así que su análisis no tiene titubeos. Aquel era un hombre franco que habla con la crudeza de quien ha visto de cerca las vísceras del poder. Su conferencia, cuyo título evoca el célebre ensayo de Thomas Piketty sobre la desigualdad, fue un diagnóstico en carne viva. Petro sostuvo que el capitalismo, lejos de cumplir su promesa de bienestar, ha sembrado infelicidad y precariedad; y su dependencia obsesiva de los combustibles fósiles no es solo un error de cálculo económico, sino una sentencia de muerte para la civilización. La crisis climática, recordó, no es una amenaza futura pues en realidad, es el presente ardiente que ya quema los pies de los más vulnerables.
Pero el exmandatario no se detuvo en el pasado. Con la mirada puesta en el futuro inmediato, abordó el fenómeno de la inteligencia artificial como un nuevo capítulo de la vieja historia industrial con la robotización de los procesos productivos. Lejos de ver en ella una revolución emancipadora, Petro la definió como la profundización de un patrón que nació con la máquina de vapor y va hacia el desplazamiento sistemático de los trabajadores. La IA, advirtió, no viene a liberarnos de tareas tediosas, sino a consolidar un capitalismo de vigilancia y descarte, donde el ser humano se vuelve prescindible para la generación de ganancias. En esa línea, adelantó que prepara un libro donde desmenuza este proceso de robotización, un texto que promete ser un mapa para entender cómo la tecnología se convierte en látigo.
No faltaron las aristas más ásperas del escenario colombiano. Petro denunció que su adversario Abelardo de la Espriella alcanzó la presidencia mediante un fraude electoral. Frente a ese gobierno, Petro contrapuso su propia gestión, marcada por el intento de cerrar el ciclo de paz en Colombia y por un decidido empuje hacia el abandono de los hidrocarburos. Sin embargo, su paso por el poder estuvo salpicado de roces con el entonces presidente Donald Trump, quien no dudó en señalarle presuntos vínculos con el narcotráfico, también sin presentar una sola prueba que sostuviera semejante infamia.
La ironía es que, mientras Petro pugnaba por una soberanía energética y una paz negociada, De la Espriella ha anunciado, con la sumisión que caracteriza a ciertas derechas, una cooperación irrestricta con Estados Unidos, como si el norte fuera siempre el faro y no, a menudo, el vendaval. Petro advierte que el tecnofascismo es una batalla de dominio algorítmico con la alianza de los grandes datos con los grandes capitales y los grandes gobiernos imperiales, una tríada que moldea el relato, desdibuja la verdad y reduce la democracia a un mero simulacro. La ambiciosa tarea de salvar a América Latina ha pasado por advertir en México el alcance que otros gobiernos ya tuvieron en Colombia, pero la articulación magistral parece el inicio de lo que podría ser una resistencia que no es contra el desarrollo o contra la inteligencia artificial en sí, más bien, contra terceros gobiernos que la utilizan para la intervención.
La visita de Petro a la UNAM estuvo acompañada de un encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum, entrevistas y una semilla enorme que llega al campo arado de un país en el que el bombardeo algorítmico en el consumo de las redes sociales nos insiste en pensar que estamos peor que antes. En 2027 habrá elecciones intermedias y en 2030 una elección presidencial en la que las derechas apuestan a una reorganización acompañada de condenas en otras jurisdicciones, están negociando en Washington la presidencia de México. Realmente ¿estamos dispuestos a que la inteligencia artificial decida por nosotros, o aún tenemos la fuerza política y capacidad crítica para ponerle límites? La matriz de la mentira, como él la nombra, se alimenta de nuestra pasividad. Ante eso, la advertencia del expresidente colombiano resuena pues sin una ciudadanía despierta y organizada, el capitalismo tecnológico terminará por enterrar no solo el empleo, sino la propia soberanía popular. Así lo dijo en el corazón de la máxima casa de estudios de México, y así debería leerse en cada rincón de nuestra América Latina. El debate es más intenso que nunca, la charla no puede entenderse como un evento más pues en realidad, parece el nacimiento de una nueva alianza que espera pasar de los diagnósticos a los planes de acción pues la realidad es que la tecnología, así como las derechas ni en México ni en el mundo duermen.
