“El Werther va dedicado a los enamorados, a aquellas almas que sienten el mismo ímpetu que él, para que saquen consuelo de su pasión… [Siempre quise escribir dos o tres cosas sobre este asunto] Para leer el Werther hay que haber amado. De otro modo pudiera parecer ridículo o incomprensible. Únicamente quien haya recorrido el intrincado mapa de las pasiones se reconoce en Werther y reconoce su propio dolor. Nunca han sido mejor descritas que en este libro las penas del amor, la terrible opresión del que ama sin esperanza y vaga por el campo o por las calles desesperadamente”, con este intenso pero asertivo fraseo, comienza Carmen Bravo-Villasante su Prólogo a la obra de Goethe, Las desventuras del joven Werther (Salvat, 1971; toma la traducción de Revista de Occidente, de 1932, y de traductor no declarado).

Dos o tres cosas en torno a las desventuras del joven suicida. 1. Época del autor; 2. Referencia autobiográfica; 3. Más concretamente, el suicidio por amor no correspondido, imposible o imposibilitado, de un amigo; 4. Sublimación de Goethe sobre su propia experiencia al literaturizarla; 5. Éxito e imitación; 6. Y por el éxito, se le responsabiliza de crear el wertherismo, es decir, él se salva pero involuntariamente conduce al suicidio a jóvenes de su tiempo; 7. Werther literario vs el operístico.

Cosas que parten de la lectura de la novela y el Prólogo de Bravo-Villasante y otros escritos en torno a Goethe y el wertherismo, así como del estudio de la partitura de la ópera de Jules Massenet basada en la novela, y la escucha de un buen número de intérpretes en escena y en audio.

1. Época del autor de Werther. Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) tenía 25 años cuando publicó Las desventuras del joven Werther, su primera novela (Die Leiden des jungen Werthers, 1774). Curiosamente, la misma edad que tuvo Dostoievski (1821-1881) con su primera correspondiente, Pobres gentes (1846). Con sorpresa descubro que ambas utilizan el recurso literario de la correspondencia; son novelas conformadas por cartas y el intercambio de ellas; una diferencia: un amigo del suicida es quien concluye la narración de la tragedia por amor, al no poder el muerto escribir una carta más (pudo haber terminado con una misiva póstuma).

Había en Alemania, hacia la segunda mitad del siglo XVIII, un ambiente propicio a la depresión que Goethe mismo vivió como sufrimiento, han dicho los estudiosos del fenómeno: “En semejante elemento, en tal ambiente,… atormentados por pasiones no satisfechas… con la única perspectiva de acomodarnos a una vida burguesa, lenta y sin espíritu, disgustados y desconcertados, nos aveníamos con el pensamiento de poder abandonar a nuestro arbitrio la vida cuando y no nos satisficiese” (en Poesía y verdad, citado por la prologuista).

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2. Referencia autobiográfica. Werther, que en muchos sentidos es el mismo Goethe, “es un alma solitaria en una sociedad que no le gusta. Le molestan las relaciones burguesas, la burocracia, el ceremonial, y, rebelde, libre y orgulloso, se opone al servilismo y al envilecimiento… la desesperación… no sólo proviene de un amor desgraciado, sino de un descontento general que sentía la juventud alemana por entonces, Goethe mismo se encontró en tal estado”, subraya Bravo-Villasante. Por otro lado, el personaje femenino central de la novela está inspirado por una mujer real que fue la ilusión del escritor: “Charlotte Buff, de la que Goethe se quedó prendado nada más conocerla en 1772. Charlotte, comprometida con otro hombre, frenó los avances del escritor” (En “Werther o la moda del suicidio por amor”, de Isabel Hernández, National Geographic, 11 de febrero de 2025).

3. Suicidio de un amigo. Algunos señalan que fue un amigo del poeta, otros, que fue un conocido quien, vehementemente enamorado de una mujer casada, decidió quitarse la vida. Esto movió a Goethe a escribir, pues él mismo, “oprimido por una pasión, experimentaba un hastío de la vida y la atracción hacia el suicidio, y trataba de librarse de esta pesadilla”. La analogía entre su estado anímico y el del suicidado por amor no correspondido, imposible o imposibilitado, le indujo a escribir como liberación un texto que se convertiría en arte literario; pero que tendría consecuencias poco amorosas, trágicas.

4. Sublimación de Goethe. El autor sublima su propia experiencia, frente al espejo del amigo o conocido, al literaturizarla. Al terminar la novela epistolar, el autor estaba feliz, se había salvado por medio de una catarsis literaria dramática, pero…

5. Éxito e imitación. La obra tuvo un éxito inmediato, se ha dicho que a tal grado llegó su fama, que era libro de cabecera de Napoleón Bonaparte. El éxito de la novela se debe a que “Goethe reflejaba… las preocupaciones y sentimientos de muchos contemporáneos”. Escribió febrilmente, “en cuatro semanas, sin borrador ni esbozo alguno, en un estado de inconsciencia y sonambulismo”. Y en la apertura misma de la obra, el autor escribe en favor de Werther y lo comparte con los jóvenes, sus contemporáneos: “Y tú, pobre alma que sufres el mismo tormento, ¡ojalá saques consuelo de sus amarguras, y llegue este librito a ser tu amigo si, por capricho de la suerte o por tu propia culpa, no encontrases otro más próximo!”. La invitación a la empatía total con el personaje está hecha. La imitación y la emulación serán la consecuencia.

Frac azul, chaleco amarillo, vestuario famoso de Werther

6. Wertherismo. Una catarsis literaria dramática, pero… Pero el autor no contó del todo con los lectores, no pensó en ellos sino en su autoliberación. Sí, solicitó empatía, pero no sospechó las consecuencias. Y se creó así el wertherismo. Los jóvenes lectores asimilaron al personaje suicida como suyo y lo imitaron en comportamientos y aun en el vestuario (frac azul y chaleco amarillo), y en lo peor: el suicidio desesperado por amor no correspondido. Naturalmente, por su éxito, se responsabiliza a Goethe del wertherismo. Es decir, él se salva pero involuntariamente conduce al suicidio a no pocos jóvenes de su tiempo. Las cifras estándares en todas partes hablan de 40 muertes autoinducidas a consecuencia de la lectura de la novela; existieron incluso mujeres wertherianas, suicidas, pues. Algunos países europeos prohibieron la novela en sus territorios. El autor “quedó asombrado de los resultados de su obra. Con aquel librito se había liberado del estado tempestuoso y apasionado al que había sido arrastrado violentamente”, señala la prologuista. El autor se arrepentiría en su vejez, demasiado tarde, de haber escrito semejante obra que orilló a tantos jóvenes al drama del cual él se había salvado. “En 1787, hizo una revisión de la misma en la que atribuía la decisión de Werther a una enfermedad anímica y hacía esta advertencia al lector: ‘sé un hombre y no sigas mi ejemplo’” (Isabel Hernández, ídem).

En México, ¿tuvimos a un Werther o un wertheriano en Manuel Acuña? Juan de Dios Peza, amigo íntimo del poeta, que fue quizá la última persona que lo vio con vida en una cita en la Alameda Central de la Ciudad de México, ha refutado y negado que el amor no correspondido de Rosario fuera la causa de quien se suicidó a los 24 años; escribí sobre ello en “La muerte de Manuel Acuña (1849-1873)”. Se ha generalizado la idea “romántica” de que su muerte fue por amor no correspondido, pero parecería más bien debida a una combinación de época y biografía personal del poeta.

7. Werther literario vs el operístico. Y finalmente, el Werther alemán convertido en ópera francesa (1892, estreno). ¿Qué tal el resultado? Hay que dejar de lado la belleza melódica y orquestal de Jules Massenet, que resulta inconmensurable, lo mismo que sus líneas agudamente dramáticas en el canto de los personajes, en particular del protagonista.

Los libretistas Édouard Blau, Paul Milliet y Georges Hartmann hicieron modificaciones necesarias para la adaptación teatral. Y hay un cambio principal, en la novela el protagonista se da un tiro y, tras morir, “Werther fue conducido por jornaleros al lugar de su sepultura; no le acompañó ningún sacerdote”; frase final. En la ópera, se dulcifica y romantiza, y muere en los brazos de Charlotte/Carlota. Personaje que en la novela es acaso distante, en la ópera se involucra emocionalmente como contraparte del apasionado Werther y del frío (u hombre responsable), Albert, su marido, quien ha proporcionado las pistolas solicitadas por el atormentado suicida.

Tengo la impresión de que, en la novela, Werther es un perfil más viril que en la ópera, donde puede aparecer incluso como un caprichoso infantiloide. Independientemente de la belleza musical de Massenet, prefiero el perfil original del personaje.

Ahora bien, para interpretar al Werther de Massenet se necesita, más que a un buen actor (esto siempre es bueno y se agradece), a un portento transmisor de emociones. No basta la presencia, la voz, el estilo y la corrección técnica, es obligada e indispensable la emoción como el núcleo y el motor del todo para hacerse creíble, si se carece de ello, es posible que los cuatro actos sean francamente aburridos incluso más allá de las esperadas arias por “el público conocedor”.

Dirán que vivo en trasnoche o soy demodé, pero no he encontrado versión mejor, y en vivo, que la de quien puede ser acusado de haber cantado la ópera en italiano en vez de hacerlo en el francés original (aunque dio muestras de francés cantado intachable, en óperas como Faust, Manon, Le Cid, Le roi d’Ys o Carmen; también en canciones), de no respetar al cien por cien el estilo de la ópera francesa exigente en la observancia de no cantar portamentos (deslizamiento curvilíneo de la voz en un intervalo de dos notas), de llegar incluso a alguna desafinación (esto, en las versiones tardías de las varias que tuvo), mas es imposible derrotar el pathos emocional y dramático, la perfección insuperable de las palabras y el fraseo, y, por si fuera poco, la belleza vocal de ese Werther universal: Giuseppe di Stefano, el enorme Werther emocional en italiano y en México en 1949.

P.d. Todo este cuento, a raíz de la representación por estos días finales de mayo, por Ópera de Bellas Artes, de la adaptación operística de la novela que inicia con una primera carta fechada el 4 de mayo de 1771.

Aquí van dos fragmentos de Di Stefano como Werther en el Teatro del Palacio de Bellas Artes en 1949:

O natura

Y aquí, el tenor con la mezzosoprano mexicana, Oralia Domínguez, en el papel de Charlotte. El fragmento inicia con la famosísima aria “Pourquoi me réveiller?”, en italiano, “Ah, non mi ridestar”; se trata, en la realidad novelística y escénica de la lectura que el protagonista hace de unos poemas de Ossian que ha traducido para Charlotte:

Goethe, por Joseph Karl Stieler (1781-1858), el mismo que retrató, entre otros, a Humboldt y al célebre Beethoven greñudo y gruñón.

Héctor Palacio en X: @NietzscheAristo