“La opinión miope de muchos es determinada siempre por la impresión de última hora.”

HEINRICH VON TREITSCHKE

“Se me acaba el argumento

Y la metodología

Cada vez que se aparece frente

A mí tu anatomía

Por que este amor ya no entiende

De consejos, ni razones

Se alimenta de pretextos

Y le faltan pantalones.”

SHAKIRA

Culpable. García Luna fue declarado culpable de cinco cargos por un jurado estadounidense. Cuatro relacionados con el narcotráfico y uno más por el cargo de “empresa criminal continua”; el delito que para Estados Unidos es de mayor gravedad: ayudar y proteger al Cártel de Sinaloa durante doce años.

Faltan las sentencias, dos para ser exacta.

  • La que dictará el 27 de junio el juez Brian Cogan y;
  • La más grave, la del gobierno norteamericano con respecto a nuestro país y que se concreta en declarar terroristas a los grupos del CO (crimen organizado) en nuestro país. Y todas las implicaciones que eso conlleva.

Para los incrédulos, los apologistas y público en general, permítanme decirles que ‘ya lo había dicho’: en EU, cerca del 80% de las veces, los presuntos delincuentes son condenados con base en testimonios de oídas. Sin pruebas, esto es. Allá la palabra —incluso la de criminales confesos que buscan reducir sus sentencias— tiene un valor que aquí ha sido devaluado a través de los años (sexenios).

La 4T festejará la culpabilidad de García Luna, tratará de ligar a Felipe Calderón y utilizará esta sentencia como cortina para distraer la atención de otros temas del país. Los más urgentes. Aprovecharán para decir que el PAN es culpable/está moralmente derrotado, que la oposición apesta. Para descalificar la marcha del domingo próximo.

Ello será un error descomunal de esta administración y de los convencidos cuatroteístas pues, más allá de su eterno “victimizarse” y de culpar de todo a pasadas administraciones, no se están percatando —ni dando el peso adecuado— de que se vienen años de mucho descrédito para México. Descrédito de quienes más nos deberían importar: inversionistas norteamericanos y organismos internacionales.

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Estas semanas veremos a una 4T (y a un López Obrador) pletóricos como pavorreales. Atestiguaremos el andamiaje contra Felipe Calderón desplegado en todo su esplendor; el ¿nuevo? mantra: ligar al ex presidente con los narcos.

Que quede claro: ni defiendo a Calderón ni a García Luna ni a ningún proyecto político pasado o presente. Solo hago notar que mientras la Cuarta Transformación señala a los opositores, el país se derrumba y a la vez es condenado por su principal socio comercial. Y la condena no se limita al periodo 2006-2012; es para todo México y se extiende hasta cubrir a la presente administración federal. Quienes festinan que García Luna haya sido encontrado culpable, no se dan cuenta —o prefieren ignorar— que eso mancha a las estructuras de mando y autoridad de nuestro país, Fuerzas Armadas incluidas. Entiéndase que esas estructuras no han cambiado; conformadas por las mismas personas desde hace muchas décadas.

No puedo ser menos enfática sobre el punto anterior: el gobierno lopezobradorista ha entregado al país a los militares; a los actores que, como se desprende del veredicto anunciado ayer, están corrompidos e infiltrados por el narco y el crimen organizado.

En lugar de hacer leña del árbol caído, el gobierno de la 4T debería estar dedicado de lleno al control de daños.

Mas, tristemente, eso es algo que difícilmente van a entender, menos aún aceptar. Han encontrado una “razón” más para señalar a Calderón, para continuar con la fiesta de las culpas ajenas, la quema de brujas, en lugar de darse cuenta que el país está incendiando.

Una que ha estudiado, trabajado, vivido en Estados Unidos sabe que con la condena a García Luna, los estadounidenses están condenado a un país entero. No dejarán político, militar con cabeza. El gobierno norteamericano exigirá de México medidas extraordinarias contra el crimen y el narco.

Veo a un López Obrador buscando darles la vuelta; citando otros datos (mandándolos a su rancho en Chiapas). Y luego siguen las represalias políticas y económicas de EU; inversiones y dineros que van a salir huyendo del país (o no entrando).

Este juicio ha vulnerado a México y tendrá implicaciones de corto, mediano y largo plazo. Este juicio es la entrada para que los legisladores estadounidenses declaren terroristas a los grupos narcotraficantes operando en nuestro país. De hecho, mientras se desarrollaba el juicio, 21 fiscales generales estatales solicitaron al gobierno federal estadounidense usar sus facultades para declarar organizaciones terroristas a los cárteles mexicanos. La visita/reunión de congresistas norteamericanos con López Obrador de hace dos días tampoco fue fortuita.

Para usar una expresión gringa: López Obrador no puede “have it both ways” (tener ambas cosas). ¿Quería a García Luna culpable y desacreditar al gobierno de Felipe Calderón? Pues bien, ello ya lo obtuvo. Sin embargo eso implica desacreditar al gobierno de México de siempre, incluyendo al de ahora, el que él encabeza. A las instituciones del Estado, a las Fuerzas Armadas, a un partido en el gobierno. ¿No clamó Andrés Manuel que no quería perder soberanía ante la DEA? La soberanía está en riesgo hoy más que nunca.

Démonos cuenta: más allá de las opiniones sobre Genaro García Luna, en Estados Unidos se llevó a juicio a un criminal. Aquí, en cambio, se hacen “consultas” para ver si el pueblo decide enjuiciar a expresidentes, para luego —haciendo a un lado su opinión— no hacer nada.

López Obrador tendrá que poner a su gobierno, a su familia, a los delincuentes a los que les ofrece abrazos, al Ejército, a la Marina a disposición de Estados Unidos o seremos testigos de una lucha intensa entre ambos gobiernos, donde el que lleva las de perder es México.

La miopía de AMLO —y la falta de memoria histórica con respecto a la relación de Estados Unidos con los países latinoamericanos en general— es tal que no ve que él es el siguiente en la línea para ser juzgado y encontrado culpable. No percibe que a partir de ahora México y sus gobiernos serán rehenes de los designios de un grupo de agencias norteamericanas (DEA, CIA, FBI, etc.); unas que ya ni siquiera formalmente tomarán en cuenta a sus pares mexicanos.