La Casa Blanca tiene una nueva forma de ofender a los mexicanos.

Te recomiendo encarecidamente que visites el sitio web de la Casa Blanca. Ve al menú, haz clic en “Media” y luego en “Arcade”. Selecciona “Rio Run” y —¡felicidades!— ya puedes empezar a detener a migrantes indocumentados en el sitio web oficial de la Casa Blanca.

Sí, leíste bien.

Al parecer, la Casa Blanca ha decidido que hacer cumplir las leyes migratorias no es lo suficientemente entretenido en la vida real, así que ¿por qué no convertirlo en un juego de arcade?

Si alguien todavía se pregunta en qué consiste, el mensaje parece bastante claro: una «forma divertida» de detener y deportar a personas que intentan entrar sin autorización en Estados Unidos.

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Y, muy convenientemente, el escenario elegido es la frontera con México.

¿Cómo lo sabemos?

Bueno, el juego no se llama “Border Patrol” —Patrulla Fronteriza—. Tampoco se llama “Snake”. Ya sabes, como esos viejos e inocentes juegos de arcade en los que te comías una manzana y la cola de la serpiente se alargaba. Sin política. Sin inmigración. Solo una serpiente cada vez más obesa.

No, este se llama “Rio Run”.

Y, por si alguien no capta la sutileza, debajo del título dice:

Border patrol along the Rio Grande”.

Es decir: “Patrulla fronteriza a lo largo del río Grande”. El río Bravo, para los mexicanos.

¡El río Grande!

Espera un momento.

¿Qué país está al otro lado del río Grande, visto desde Estados Unidos?

Así es.

México.

Qué coincidencia tan notable.

Ahí lo tienen: un jueguito divertido para quienes visitan el sitio web oficial de la Casa Blanca. Una forma maravillosa de pasar unos minutos, cómodamente sentados en casa, deteniendo a personas imaginarias que intentan cruzar una frontera imaginaria.

¿Quiénes son exactamente esas personas a las que el jugador —perdón, el agente fronterizo— está deteniendo?

No lo sabemos.

El juego no les concede siquiera una nacionalidad. Los convierte en una categoría indiferenciada: los que cruzan.

No todos los migrantes que atraviesan la frontera sur son mexicanos, por supuesto. Pero el juego los coloca deliberadamente en el río Grande, frente a México, y confía en que el jugador complete mentalmente el resto.

Ah, claro.

Porque detrás de esa caricatura existen historias reales mucho más complicadas.

Historias como la de César Millán, el “Dog Whisperer”, quien ha contado que entró sin documentos a Estados Unidos.

O la de Marcelino Serna, quien llegó al país sin autorización, combatió en la Primera Guerra Mundial, capturó él solo a 24 soldados alemanes en una batalla, se convirtió en uno de los soldados texanos más condecorados de aquella guerra y fue el primer hispano en recibir la Cruz por Servicio Distinguido.

O la de Macario García, inmigrante mexicano y primer ciudadano de México en recibir la Medalla de Honor, la condecoración militar más alta de Estados Unidos. La recibió antes de convertirse en ciudadano estadounidense.

O la de nuestra querida Salma Hayek, quien ha reconocido que pasó un breve periodo en Estados Unidos sin estatus migratorio legal.

O la de Selena Gómez, cuya tía y cuyos abuelos llegaron sin documentos a Estados Unidos.

O la de algunos integrantes de Los Tigres del Norte, que también vivieron durante años como indocumentados.

Y tantas otras historias considerablemente más complejas que la de un pequeño personaje de caricatura que corre por la pantalla de una computadora.

Pero no nos distraigamos con detalles incómodos.

Volvamos al juego.

Una vez que el jugador atrapa a quienes cruzan la frontera, estos aparecen de repente vestidos con overoles naranjas y siguen obedientemente al jugador.

Cuanto más larga se vuelve la fila de prisioneros, mayor es la puntuación de deportaciones.

Porque, al parecer, nada representa mejor una “política nacional de inmigración seria” que acumular puntos por el número de personas deportadas.

Atrápalos. Alinéalos. Suma puntos.

Se acabó el juego.

O tal vez no.

Porque hay otro detalle interesante.

¿Por qué naranja?

El uniforme naranja está, por supuesto, estrechamente asociado con los presos en Estados Unidos y en otros lugares. Es llamativo, fácil de identificar y difícil de ignorar.

Pero, sobre todo, transforma a una persona en una categoría.

El individuo desaparece.

La ropa se convierte en la etiqueta.

Ya no ves a un padre, a un trabajador, a un estudiante, a un vecino o simplemente a otro ser humano. Ves a un “preso“.

Y antes de que un tribunal haya determinado su culpabilidad —o incluso antes de que esa persona haya cometido un delito—, ya la has vestido como a un delincuente condenado.

Muy conveniente.

Les ahorra a todos la molestia de pensar en quiénes son realmente.

Entonces, ¿de quién fue esta idea?

¿Quién la aprobó?

¿Quién pensó: “¿Sabes qué necesita realmente la Casa Blanca en este momento? Un juego de arcade en el que la gente pueda perseguir, capturar y deportar migrantes"?

¿Estaba al tanto el presidente de Estados Unidos, famoso por su atención al detalle?

Quizá incluso lo probó.

Quizá hubo una reunión en la Casa Blanca:

—Señor presidente, tenemos un problema con la inmigración.

—¿Construir un muro?

—Ya lo estamos haciendo.

—¿Deportarlos?

—Estamos trabajando en eso.

—¿Algo más?

—Bueno, podríamos hacer un videojuego.

—Perfecto. Asegúrense de que yo consiga la puntuación más alta.

Sin duda, resulta tranquilizador saber que la administración de Trump dedica tanta energía y atención al detalle a estas cosas mientras todo lo demás va de mal en peor.

¿Inflación?

¿Precios de la energía?

¿Guerra?

¿Oriente Medio?

¿Irán?

¿Inestabilidad global?

No te preocupes.

Tenemos un juego de arcade.

Antes de la guerra con Irán, el precio promedio nacional de la gasolina estaba por debajo de los tres dólares por galón. Ahora supera los 4.30 dólares, mientras California prácticamente alcanza los seis.

Tal vez los estadounidenses deberían preocuparse por cuánto cuesta llenar el tanque.

Pero bueno, ¿para qué manejar a ninguna parte?

Puedes quedarte en casa. Puedes abrir el sitio web oficial de la Casa Blanca. Y puedes jugar a Rio Run.

Es gratis.

No se necesita gasolina.

No hace falta cruzar la frontera.

No hace falta debatir políticas públicas.

Solo apunta, haz clic, atrapa y deporta.

Seguramente los fieles seguidores de MAGA apreciarán estos pequeños detalles de la Casa Blanca. Porque cuando la realidad se vuelve cada vez más difícil de manejar, siempre queda otra solución: convertirla en un juego.

¿Y si el juego reduce a millones de seres humanos reales a prisioneros de caricatura vestidos de naranja que corren por una pantalla?

Bueno…

Game over.

Se acabó el juego.