Agradezco, como cada semana, a Federico Arreola por este espacio de reflexión y diálogo público.

Durante muchos años se nos hizo creer que la política se construía desde los escritorios, entre documentos, diagnósticos lejanos y decisiones tomadas sin mirar a la gente a los ojos. Yo sigo convencido de lo contrario: la política real se hace caminando, escuchando y entendiendo el territorio. De ahí nace la Agenda 2026, no desde la comodidad del poder, sino desde el pulso cotidiano de Querétaro.

En los últimos meses he recorrido el estado colonia por colonia, comunidad por comunidad, municipio por municipio. He escuchado a familias que todos los días sacan adelante su hogar, a jóvenes que buscan oportunidades reales, a mujeres que exigen ser tomadas en cuenta, a quienes trabajan sin reflectores y a quienes sienten que nadie los escucha. Y cuando uno escucha de verdad, el mensaje es claro: Querétaro quiere ser respetado, quiere ser escuchado y quiere un rumbo definido.

Esa es la base de esta agenda: ordenar el presente para asegurar el futuro. No se trata de discursos grandilocuentes ni de promesas vacías, sino de convertir las demandas ciudadanas en soluciones concretas. Esa ha sido mi responsabilidad como diputado federal y esa es la razón por la que hoy Querétaro cuenta con una de las agendas legislativas más productivas del país. No como un mérito personal, sino porque detrás de cada iniciativa hay una historia, una preocupación y una necesidad real planteada en el territorio.

Hablamos de agua, porque sin agua no hay vida ni desarrollo. Por eso impulsamos un Banco del Agua que permita garantizar el suministro para consumo humano, el campo y la industria, cuidando los acuíferos e invirtiendo en infraestructura con visión de largo plazo. Pensar en el agua es pensar más allá del siguiente sexenio; es pensar en las próximas generaciones.

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Hablamos también de justicia financiera. No es justo que un error en el buró de crédito persiga a una persona durante años y le cierre oportunidades aun cuando ya cumplió. Las reformas que impulsamos buscan corregir abusos, proteger datos personales y promover una inclusión financiera real, especialmente para jóvenes y familias trabajadoras que quieren salir adelante.

Hablamos de dignidad, incluso en lo más básico. Garantizar servicios sanitarios gratuitos, limpios y accesibles en espacios públicos no es un tema menor: es una señal clara del respeto que el Estado tiene por su gente. Y hablamos de tranquilidad, poniendo límites al hostigamiento telefónico y a prácticas de cobranza que afectan la privacidad y la salud emocional. Cobrar no puede ser sinónimo de acosar.

Nada de esto es improvisación. Es una agenda construida desde la calle, desde el sentir real de Querétaro. Al mismo tiempo, impulsamos un plan de afiliación y fortalecimiento del Partido Verde, convencidos de que los movimientos verdaderos crecen con la gente, no desde arriba. Queremos un partido cercano, vivo, que escuche y responda.

Aspiro a gobernar Querétaro, sí, pero sin soberbia. Aspiro a hacerlo encabezando un proyecto de transformación responsable, con los pies en la tierra, con visión social, ambiental y económica, alineado a la Cuarta Transformación, pero con identidad queretana.

Querétaro merece un gobierno que planee, que escuche y que cumpla. Estoy convencido de algo: cuando se escucha al pueblo, el rumbo se aclara. Esa es la esencia de la Agenda 2026: una agenda construida con la gente y para la gente, para hacer Querétaro fuerte otra vez.