La edición 2026 del Tour de Francia mañana concluye en París con una etapa de trámite en la que quizá sea la más conocida y admirada calle en todo el mundo: la Avenida de los Campos Elíseos.
Podrá ser más comercial la Quinta Avenida de Nueva York; Wall Street, también de la Gran Manzana, más simbólica de las finanzas globales; Abbey Road, de Londres, más entrañable por los Beatles; o sin duda más bello el Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. Pero ninguna calle en ninguna ciudad iguala a los Champs-Élysées en su majestuosidad (por el Arco del Triunfo, cuya construcción ordenó Napoleón; La Place de la Concorde, donde fueron ejecutados el rey Luis XVI y la reina María Antonieta; y por el desfile de 1944 por la Liberación de París). Si Francia es el primer destino turístico mundial, se debe en gran medida a los monumentos de París: la catedral de Notre-Dame, la Torre Eiffel, el Museo del Louvre y, muy especialmente, la Avenida de los Campos Elíseos.
Ahí, en los Campos Elíseos, terminará mañana el Tour de Francia con un mexicano en tercer lugar. No es poca cosa. Ni duda cabe, Isaac Torito del Toro ha hecho historia.
El Torito ha logrado un resultado maravilloso en la competencia atlética más exigente y despiadada del deporte mundial. Han sido 3 mil 320 kilómetros de enorme desgaste: 21 etapas —siete de ellas de alta montaña, con un acumulado simple y sencillamente brutal de más de 50 mil metros de desnivel positivo—.
Lo logrado por el bajacaliforniano Del Toro, con apenas 22 años de edad, no es solo un hito en las páginas del deporte nacional: representa al México del futuro, el de una juventud audaz, disciplinada, combativa y que ya no se intimida frente a los gigantes y compite con ellos en igualdad de condiciones.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha felicitado en otras ocasiones a Isaac del Toro. Con toda justicia volverá a hacerlo ahora. El valor de este tercer lugar, un hito en el deporte mexicano, resulta todavía más impresionante que su segundo lugar el año pasado en el Giro d’Italia y sus muchos otros triunfos. Es así por la disciplina táctica de Isaac: su misión principal en el Tour 2026 no era buscar el triunfo, sino trabajar como gregario o ayudante para el líder de su equipo, Tadej Pogačar, quien ya es el ciclista más importante de todos los tiempos.
Cumplir con el deber de apoyar al líder y terminar tercero en la clasificación general es un gran mérito. Significa que Isaac tiene todo para ganar el Tour de Francia en 2027, 2028, 2029 o 2030. A nadie en el mundo del ciclismo le sorprenderá si así ocurre. Del Toro pertenece a una generación distinta de mexicanas y mexicanos que han dejado de conformarse con solo participar. Son jóvenes que, sin complejos, desean ganar y poner el nombre de México a la altura de los países que todo ganan.
El tercer lugar del Torito en la competencia más difícil de todas las existentes significa que hoy México puede ponerse al tú por tú con cualquiera. Ese cambio de mentalidad es la transformación más profunda del país.
No tengo duda de que en este sexenio, México tendrá en Isaac del Toro a uno de sus grandes campeones: ganará pronto el Tour.
El éxito de Del Toro coincide con una etapa en la historia de México de las grandes transformaciones actuales. Así las cosas, que desde Palacio Nacional la presidenta Sheinbaum lo apoye con todo quizá no sea una razón de Estado —evidentemente no lo es—, pero sí un acto de justicia deportiva y de confianza en el futuro.
El Torito encarna la perseverancia, la capacidad de sacrificio y la voluntad de ganar que distinguen al pueblo mexicano cuando encuentra oportunidades para desarrollarse.
Isaac del Toro tiene apenas 22 años. Si no se accidenta —son mínimas las posibilidades de que se lastime seriamente porque es un ciclista muy inteligente— todo indica que las mayores victorias de su carrera aún están por llegar. Y llegarán en este segundo piso de la 4T.
Gracias al Torito, muy probablemente las páginas más gloriosas del deporte mexicano se escribirán —ya se escriben—, justo en este segundo piso de la transformación de México.


