Con respecto al mes de abril y a su celebración del Día de la Niña y el Niño, es normal, por no decir común (y ya sin asombro de casi nadie). Ver que políticas y políticos publiquen en sus redes sociales una foto o vídeo de cuando eran infantes, muchas de esas imágenes enternecedoras y cursis. Confieso que también lo he hecho, ya como parte del ritualismo digital que estipula el marketing político propio de esas fechas; sin embargo, más allá de que muchos políticos lo hacen solo por ganarse unos likes y no porque en su andar y causas tengan la intención o convicción de trabajar en favor de las infancias, existe un gran problema detrás de ello: el sharenting.

En un inicio surgió la citada campaña (de publicar fotos de tu niñez en las RRSS) como parte de una estrategia para visibilizar las causas que favorezcan y fortalezcan una vida digna, libre, feliz y sana de las y los niños, así como para festejar en gran parte de Latinoamérica dicha fecha bajo la idea de que todas y todos algún día fuimos niños. No obstante, aunque se haya perdido o desvirtuado el sentido de “esa campaña política”, lo cierto es que permitió visibilizar la problemática del sharenting que estamos viviendo en redes sociales, y que hoy poco se ha hecho al respecto.

El sharenting tiene su origen, de cierta manera, de forma involuntaria; es decir, se originó cuando mamás y papás (o algún familiar) subían inocentemente fotos o videos de sus hijas e hijos a sus redes sociales sin pensar que ese material audiovisual se convertiría en la materia prima de pedófilos, puesto que la red social, al ser pública y a su vez permitir que se pudiera acceder a ese contenido, cualquiera podía hacer mal uso de aquellos contenidos multimedia, y que hoy, con el avance de las aplicaciones con inteligencia artificial que modifican esos archivos visuales, vuelven exponencialmente peligrosos cualquier rostro de un menor.

Sin embargo, más allá de que debemos ser extremadamente cautelosos para no poner en ninguna condición de vulnerabilidad el rostro de ningún menor, sea familiar nuestro o no, la realidad es que nuestras y nuestros políticos poco o nada están haciendo al respecto, dejando el problema a un tema de “uso ético de redes sociales” cuando bien podrían exigir y sancionar a todas las plataformas de redes sociales que permiten que se pueda extraer material multimedia sin nuestro consentimiento, cuestión que pasa similar con el problema de la escasez del agua: nos quieren hacer creer que la mayor parte de responsabilidad recae en el ciudadano que tarda mucho en bañarse y no en la industria que la desperdicia por miles bajo el auspicio de las autoridades de cualquier índole.

Por último, quiero puntualizar que no se debe quitar responsabilidad a las madres y padres de dicha situación, pero ¿por qué no podemos vivir en un mundo donde no tengamos la obligación de censurar rostros o dejar de postear cuestiones que tienen que ver con nuestra familia por culpa de personas con trastornos mentales? En otras palabras, ¿por qué sí las grandes corporaciones de redes sociales como Meta hacen negocio con nuestros datos, por qué no cuidan de nuestra intimidad?, o mejor aún, ¿por qué los gobiernos no les exigen que construyan plataformas seguras para sus usuarios y su contenido?