“Un hombre que ha sido el indiscutible favorito de su madre mantiene durante su vida el sentimiento de un conquistador”.

Sigmund Freud

Retomo la teoría de que el saludo que Adolfo Hitler hacía cuando todo su pueblo levantaba su brazo derecho extendido, al doblar su mano derecha y presentar la palma de la misma hacia arriba, era para simular psicológicamente que su propia madre lo tomaría de la mano como a un niño pequeño.

Resulta una teoría muy interesante de analizar al saber que Hitler amó a su madre Klara bastante, y quien falleció por complicaciones de cáncer el 21 de diciembre de 1907, sin poder festejar ese año la Navidad.

Hitler solo tenía 18 años de edad cuando perdió a su madre, y siete años después participó en la Primera Guerra Mundial de una manera muy desafiante, corriendo como mensajero entre el fuego enemigo. En alguna ocasión se intoxicó con gas mostaza de una de las bombas que los alemanes lanzaron, presentando posterior a esto un cuadro psicótico, el cual seguramente estuvo influenciado por su duelo nunca resuelto.

Cada aniversario luctuoso de su madre, Hitler lo celebraba de manera personal, aunque tuviera que interrumpir ese día su liderazgo bélico.

Por eso resulta tan apasionante analizar el saludo del que se llamó el gran líder de la Alemania nazi, cada vez que lo hacía pretendía que su madre le diera la mano para sentirse un niño protegido.

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Y claro que un ser humano como Hitler, con tanto dolor que le desgarraba el alma todos los días, y que a partir de 1922 demostró también ser un gran orador, sería el objetivo perfecto para Churchill, para ser influenciado por el agente Rudolf Hess entrenado por la inteligencia inglesa para seducir a Hitler, ayudarlo a escribir su libro Mi lucha, para después ser tan osado que pudo fingir demencia durante los juicios de Nüremberg.

Finalmente, si existiera una sola cualidad que se le pudiera atribuir a Hitler, sería el amor que tuvo por su madre.