Durante décadas, quienes hemos portado la bandera del activismo ambiental en Puebla y Tlaxcala hemos visto pasar administraciones enteras que convirtieron el dolor de la madre tierra en simples promesas de campaña. Las cuencas hídricas, que son la verdadera sangre de nuestra tierra, fueron entregadas a la impunidad y al abandono estructural.

Hoy, la historia se escribe de manera distinta. Ha tenido que venir un gobierno con auténtica sensibilidad y determinación para que realmente se tomaran decisiones de fondo, demostrando que sanear nuestros recursos no era una utopía, sino una cuestión de voluntad y soberanía. Ante la firme decisión de la presidenta Claudia Sheinbaum y la profunda convicción del gobernador Alejandro Armenta, nos encontramos frente a un proyecto hídrico sin precedentes que nos llena de esperanza a quienes llevamos más de 30 años luchando en la protección de las fábricas de agua y la defensa de nuestras cuencas.

La Pared de la Indiferencia: El Pasado de Excusas

La urgencia de rescatar el Atoyac no es nueva, pero sí lo es la respuesta gubernamental. En el pasado, la sociedad civil organizada lideró batallas memorables. Es imposible no recordar el movimiento Dale la Cara al Atoyac, encabezado por la entrañable y recordada Amy Camacho (QEPD) y por Verónica Mastretta, quienes con enorme valentía visibilizaron la catástrofe.

Desde mi propia trinchera, cuando me desempeñé como coordinadora de asesores de la presidencia del Senado junto a Luis Miguel Barbosa, impulsamos con determinación una mesa técnica en la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en coordinación con la Comisión Federal de Electricidad (CFE), buscando un acuerdo vinculante y estratégico entre los estados de Puebla y Tlaxcala. ¿El resultado? Toparnos con una pared infranqueable levantada por la falta de decisión política de los gobiernos del viejo régimen. Mientras los “prianistas” se escudaban en un sinfín de excusas burocráticas, el río seguía muriendo.

Hoy, esos mismos sectores observan con molestia cómo la Cuarta Transformación les demuestra que sí se podía. Lo que antes era “imposible”, hoy es una política de Estado coordinada por una presidenta científica que comprende la complejidad técnica del agua, y un gobernador ambientalista que ama profundamente la naturaleza.

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La Emergencia Sanitaria y Ambiental en Datos

El impacto de la contaminación del Atoyac no se limita a un mal olor o a un paisaje degradado; es una crisis de salud pública y de supervivencia que afecta a 22 municipios de Puebla y Tlaxcala donde convergen las aguas de la cuenca:

  • Peligro en la mesa: Se estima que en la región del Valle de Puebla-Tlaxcala miles de hectáreas de cultivo (superando las 300,000 en toda la zona de influencia de la cuenca) son regadas de forma directa o indirecta con aguas que arrastran metales pesados y desechos industriales. Las verduras que llegan a las mesas de nuestras familias están intrínsecamente ligadas a la calidad de este río.
  • La huella del cáncer: Estudios científicos rigurosos realizados por instituciones de alto prestigio, como la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), en conjunto con centros de investigación médica, han demostrado una alarmante correlación entre la alta concentración de contaminantes (como compuestos orgánicos volátiles y metales pesados) y la incidencia de enfermedades graves, particularmente el cáncer infantil y la leucemia en las comunidades ribereñas. El Atoyac ha sido, literalmente, un río que siembra enfermedad.

Un Enfoque Integral: De las Fábricas de Agua a las Sanciones Penales

El proyecto actual entiende que la madre tierra funciona como un sistema interconectado. No se puede limpiar el río si no se protege la cuna donde nace el agua. Por ello, la estrategia abarca un entramado integral:

  1. Protección Forestal: Combate frontal a la tala clandestina en las reservas del Izta-Popo y La Malinche, esenciales para la recarga de los acuíferos.
  2. Infraestructura Local: Implementación de ecotecnias y el rescate de plantas de tratamiento de aguas residuales municipales. Históricamente, los municipios abandonaban la operación de estas plantas debido a los altos costos energéticos; hoy se trabaja en dotarlos de herramientas y alternativas viables, junto a una sólida educación ambiental para los alcaldes.
  3. Cierre de Vacíos Legales y Presupuesto: El combate a la corrupción es la clave. Es urgente dotar de mayores facultades jurídicas y un presupuesto institucional robusto a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) para clausurar de forma definitiva las descargas clandestinas de las industrias. Los delitos ambientales graves deben ser tipificados con claridad para que el entramado judicial actúe con todo el peso de la ley: quien contamine, debe pagar y enfrentar la justicia.

Sí se puede: Referenciales Globales de Éxito

La recuperación de cuerpos de agua emblemáticos a nivel mundial demuestra que la determinación política rinde frutos. El río Támesis en Inglaterra, que en el siglo XIX fue declarado “biológicamente muerto”, hoy alberga vida gracias a una legislación estricta y sistemas avanzados de tratamiento. Del mismo modo, los esfuerzos multinacionales en el lago Titicaca confirman que la coordinación institucional puede revertir el desastre ambiental más complejo. El Atoyac no será la excepción.

Conclusión: Una Responsabilidad Compartida

Como activista ambiental que ha dedicado tres décadas de vida a esta causa, ver que la limpieza del Río Atoyac y el rescate de nuestras cuencas finalmente se convierten en una realidad tangible me llena de un profundo agradecimiento. Es momento de ponernos de pie y reconocer la devoción y el trabajo coordinado de la presidenta Claudia Sheinbaum y del gobernador Alejandro Armenta. Están haciendo historia donde otros solo dejaron indiferencia. ¡Bravo por esta transformación!

Sin embargo, el éxito definitivo de este logro histórico no dependerá únicamente de los decretos y las obras gubernamentales. Esta es una llamada abierta a la corresponsabilidad. Es tarea de todos y cada uno de nosotros vigilar, coadyuvar y hacer conciencia para no seguir destruyendo ni contaminando nuestro hábitat. El gobierno pone la pauta, pero la ciudadanía debe ser la guardiana permanente de sus ríos. Recordemos siempre que a mayor conciencia, mayor respeto por nuestra madre tierra.