Siempre he creído que el Buen Fin ha sido una trampa mercantil, pero antes que otra cosa suceda, permítanme contarles sus orígenes para recordar de dónde viene y por qué existe:

El Buen Fin es un evento comercial realizado cada año en México en el mes de noviembre y consiste en la promoción y distribución de productos y servicios por diversas empresas con el fin de fomentar el comercio, a través de ofertas, descuentos y/o rebajas sobre el precio, y créditos a meses sin intereses.

Inspirado en el Viernes Negro de Estados Unidos, al Buen Fin lo inventaron el Consejo Coordinador Empresarial y el Gobierno federal. La primera edición se llevó a cabo del 18 al 21 de noviembre de 2011.

Cómo se podrá ver, el Buen Fin data del 2011, por lo que ya son 10 años de su existencia. Recuerdo perfectamente cómo la gente en sus primeras ediciones prácticamente enloquecía por salir a comprar en esos días y la verdad es que la CDMX, lugar donde yo radicaba, se paralizaba por completo.

Las tiendas literalmente escupían gente y el tráfico era insoportable. Pero la gente salía muy feliz cargando sus pantallas de televisión, que era básicamente lo que se adquiría en aquel entonces (extrañamente no sé por qué) y aparatos electrodomésticos.

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Con el paso de los años, el Buen Fin fue perdiendo un tanto de credibilidad, y de voz en voz se fue sabiendo que los descuentos no eran reales, que días antes de que empezara los comercios subían atrozmente los precios para después simular las grandes rebajas, haciendo que la gente terminara por pagar lo mismo o incluso más.

Pero el Buen Fin también juega con nuestras mentes. Tu ves un precio menor en algo contrastado con el original, así sea de un peso, te atrae y te lo llevas. El ahorro aunque sea nulo hace que tu mente sienta esa adrenalina como cuando te ganas un premio. Crees que ahorraste muchísimo, cuando el ahorro fue nada.

Hoy en la mañanera, Ricardo Sheffield, titular de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), acusó que el rey de las mentiras en este Buen Fin con respecto a los precios truqueados fue Chedraui y puso como ejemplo que las croquetas para perro las subieron un 27 por ciento en la semana y luego las pusieron en un 25 por ciento de descuento. Al final terminaron estando 2 por ciento más caras que antes del Buen fin. Hasta Sheffield exclamó: “¿Qué clase de cotorreos son esos?”.  Y la verdad, le doy la razón, esto del Buen Fin sí que es un cotorreo.

No están para conocer mis intimidades, pero llevo años con el mismo colchón, así que ingenuamente pensé que valdría la pena ver algún buen descuento en ellos por el famoso Buen Fin y claro que lo encontré y en varias tiendas: de 80 mil pesos a 35 mil pesos. Informándome aquí y allá del costo real de un colchón no encontré en ningún lugar que el que yo quería costara 85 mil pesos, pero que sí costaban menos de 30 mil, más o menos unos 12 a 18 mil. Por supuesto me quedé sin colchón y puedo asegurar que el Buen Fin será el que viene, cuando este termine, y entonces pueda encontrar un colchón más accesible.

Por cierto, este evento dura hasta mañana y empezó el miércoles de la semana pasada -o sea que de Buen Fin no tiene nada-. Aquí en Querétaro, al centro comercial que fui en este Buen Fin habían muchas personas de la Profeco “patrullando” las tiendas, cosa que nunca antes había visto y más me dio la certeza de que las transas se dan a tope, pero también un poco la seguridad de que al menos alguien les pone un alto a las tiendas para que dejen de engañar y manipular a la gente.

Yo les recomiendo: espérense al miércoles que acabó el Buen Fin y encontraran precios más accesibles. Así lo haré yo.

Es cuanto.

Claudia Santillana Rivera en Twitter: @panaclo