La famosa frase de: “América para los americanosresume de cierta manera lo que estipula la política exterior de los Estados Unidos con respecto a su relación con las otras naciones americanas (desde su promulgación y a la fecha), en la icónica Doctrina Monroe (porque ese enunciado de forma literal no lo redactó el presidente James Monroe). Sirvió como una amenaza y anuncio para las demás potencias colonizadoras e imperialistas de Europa de que todo (literalmente) lo que está en el continente americano tarde que temprano les iba a pertenecer a los yanquis, ya sea a la buena o a la mala, así que el único país que tendría —el derecho divino— a apropiarse por los medios que fueran necesarios de los recursos de la América continental serían los gringos y nadie más; y si alguien (nativo o extranjero) osara intentar lo contrario, sufriría las consecuencias.

Dicho lo anterior, ¿qué tanta relación tiene el gobernador de Sinaloa con licencia Rubén Rocha Moya y la doctrina política que le ha permitido a los gabachos vulnerar de múltiples formas la soberanía de las naciones americanas una y otra vez?

Mucho tienen que ver entre sí; es decir, salir a defender a Rocha Moya es algo que no haré, puesto que existen múltiples indicios de que de una u otra forma tiene correlación con el crimen organizado con base en variadas investigaciones periodísticas. Sin embargo, y enfatizo en ello, ¿qué les da derecho a los estadounidenses por querer “venirnos a ayudar” con nuestros problemas políticos y sociales con el narcotráfico? Puesto que el meollo del asunto no radica en que se descarte mi argumento per se desde una supuesta xenofobia. Sino en que la historia nos ha enseñado una y otra vez que los vecinos del norte raras veces hacen algo por otro país que no sea el suyo de buena fe.

Sería muy ingenuo pensar que los Estados Unidos de América son los buenos del cuento, cuando ya hasta en Hollywood pasa cada vez con menor frecuencia que en sus películas existan esas tramas donde los salvadores de la humanidad son ellos, y no hablo desde el revanchismo histórico existente con nuestra nación, donde hay muchas heridas que son testigos de nuestra relación tóxica de bullying e impunidad, y que hoy el presidente Donald J. Trump nos ha dejado muy claro que si queremos “ser buenos vecinos”, tendremos que sujetarnos a sus antojos, ya que, para él, no existen aliados, sino súbditos o secuaces bajo las órdenes del jefe supremo de la internacional populista, como se le ha denominado en otros espacios.

Respeto y aplaudo el proceder de la presidenta Claudia, al mantenerse firme en su postura de que si los Estados Unidos acusan a Rocha Moya y a otros connacionales, deben entregar pruebas de ello, es decir, nadie debería ser culpable hasta que no se le demuestre lo que se le imputa, dado que la presunción de inocencia es un derecho humano fundamental que no está a observancia ni a capricho de nadie, porque ningún inocente debiera estar en la cárcel, así como ningún culpable debe estar libre, derivado de que no se debe tergiversar el actuar de la doctora Sheinbaum, puesto que la narrativa oficial del gobierno mexicano en esta situación no es una invitación a la impunidad, sino un llamado a la soberanía y al respeto de las instituciones mexicanas, que, a pesar de que muchas de ellas son altamente ineficientes y perfectibles, no deben ser susceptibles a la manipulación de intereses extranjeros.

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Fue muy atinado que Rubén Rocha haya pedido licencia junto con otros presuntos funcionarios acusados de colusión con los cárteles señalados por EUA; habla bien de ellos en primera instancia, aunque eso no los exime de alguna responsabilidad posterior ni los exonera de otros tantos atropellos y vejaciones a la población sinaloense. Sin embargo, así como en su momento enfaticé que en el caso del expresidente venezolano Nicolás Maduro y su secuestro por fuerzas militares estadounidenses, dicho acto, lejos de demostrar el rol de libertadores de los oprimidos, reflejaba la vocación imperialista (y gandalla) de Trump, que bajo el amparo del Destino Manifiesto y la doctrina Monroe no se detendría ante nada ni nadie por lograr sus objetivos extractivistas, militares y geopolíticos.

Es muy aventurado saber qué va a pasar con el destino de Rocha Moya y nuestra nación en los próximos días, pero lo que nos compete como ciudadanía es ser críticos y respaldar la soberanía nacional más allá de las preferencias partidistas; no debe caber espacio para el entreguismo y las victorias pírricas de —la oposición— que celebra este acto de flagrante intervencionismo internacional sobre la autodeterminación de nuestra patria, que, aunque debo reconocer que nunca he sido un empedernido patriotero, sí soy un ferviente creyente de la democracia y la autarquía de los pueblos, porque, como así señaló en su texto Marcelino Dávalos de Por la Patria: ¡Guerra! ¡Guerra doquiera! ¡De la Patria querida profanar los blasones! ¡Que sus montes y torres al caerse nos cubran y camine entre tumbas el tropel de invasores!”… ¡Nos leemos pronto!