Antes de entrar en los detalles del título de esta columna, es fundamental revisar el grado de popularidad que la presidenta tiene en la actualidad. A nivel nacional, hablamos de un respaldo que supera el 74 %. Esto, por un lado, refrenda el compromiso social que existe entre la población y las instituciones del Estado. Al existir un apoyo abundante, se fortalece esa relación ahora que la participación es constante y fluida. De hecho, si revisamos los porcentajes de cada entidad por separado, sabremos con exactitud que ella, de norte a sur, se ha ganado el cariño de la ciudadanía, incluso en los enclaves gobernados por la oposición. En ellos —algo que no sucedió en otros sexenios— la mandataria es un referente porque concentra los reflectores ahora que esta realidad se percibe con claridad. Desde este año, por ejemplo, superó los propios récords que en su momento impuso Andrés Manuel López Obrador.
La razón, sustentada en la continuidad del proyecto de transformación que edificó AMLO, también muestra señales claras de que se han redoblado los esfuerzos. Los programas sociales, considerados la columna vertebral del modelo, se han multiplicado. Más personas reciben apoyo y, por ende, tienen una mayor calidad de vida. Recurrir a esa estrategia, por convicción social, permite que la sociedad conecte más con la administración; es decir, se amplió el horizonte para que la asistencia llegue a todos los rincones de la geografía nacional. Asimismo, los sistemas de salud —históricamente difíciles de llevar a las localidades más alejadas— avanzan a pasos agigantados ahora que los servicios y el suministro de medicamentos tienen un flujo constante.
Algunos de estos aspectos, detallados en su segundo informe, fortalecieron la narrativa con la que la presidenta rindió cuentas ante los mexicanos. Fue, de manera oficial, el cierre de actividades administrativas del segundo año de trabajo. Así, podemos decir que entramos en el momento incipiente que nos llevará a la mitad del camino. Con enorme entusiasmo, Sheinbaum habló de los avances sustanciales del proyecto. Las políticas públicas, con todo lo que representan para las instituciones, están profundamente organizadas para cumplir al pie de la letra las promesas hechas en campaña. Podemos afirmar, después de escuchar hasta dónde hemos avanzado, que la constancia de Claudia es una realidad palpable.
En este trayecto, luego de ofrecer datos sólidos, Sheinbaum también destacó un aspecto al que siempre hemos dado énfasis. Desde que otorgó un sustento firme al Plan México, muchas políticas públicas elevaron su nivel. Algo que siempre ha sido evidente, dado el impulso, es la apuesta por la calidad de los productos y por la mano de obra calificada de Hecho en México. Conducir todo esto —una tarea ardua— también ha permitido consolidar nuestra economía como una de las más fuertes del mundo. Hace poco, de hecho, se destacaron los informes del primer semestre de 2026. Afirmar que caminamos a paso firme es, absolutamente, decir la verdad. Al estar convencidos de ello y de muchos aspectos inherentes, lo único que podemos sentir es orgullo.
Podemos decir que el camino se ha facilitado porque se ha trabajado —ahora que se izan los preceptos de la Cuarta Transformación— con mucha honestidad y transparencia en el gasto. De hecho, esto es reconocido por quienes participan en esa política social. Existe, por así decirlo, un plano más amplio del cual se puede echar mano para resolver la problemática que aqueja al país. En temas de salud, por ejemplo, el IMSS-Bienestar, con la mayor relevancia, ha elevado su nivel y ha expandido su cobertura en ese derecho universal que impulsa la presidenta.
Y qué decir de la modernización, la obra y la infraestructura, luego de maniobrar y operar acciones de movilidad como los trenes de pasajeros que, desde la transición hacia la izquierda, han sentado un precedente por el giro preponderante que ha tomado el sur del país. Hablamos de una gestión muy exitosa que, como hemos señalado en su momento, brinda acceso a muchos servicios sociales, con una proyección innovadora propia de una científica que se ha ganado a pulso el reconocimiento, especialmente ahora que cuenta con el acompañamiento del gobierno en tareas marcadas por la labor ardua. Desde que Sheinbaum asumió la presidencia, conformó un equipo multidisciplinario que ha llevado a cabo su trabajo con lealtad. Cada uno de ellos, por cierto, entiende perfectamente cuál es la misión trazada por la jefa de Estado.
Buena parte de esa estructura, en términos de coordinación, se refleja en el trabajo conjunto con gobernadores y gobernadoras del país. Algunos de ellos, por el tiempo, venían colaborando de la mano de López Obrador. Tras la transición, y con un proceso de adaptación rápido, esos mandatarios se acoplaron al ritmo de Sheinbaum. Observamos, por ejemplo, la buena comunicación y labor con Alfredo Ramírez Bedolla, Ricardo Gallardo, Alfonso Durazo, Miguel Ángel Navarro, Mara Lezama, Marina del Pilar e Indira Vizcaíno. En otros casos, quienes llegaron con su triunfo también se ajustaron a los preceptos del proyecto. Entre ellos están Eduardo Ramírez, Alejandro Armenta, Rocío Nahle, Margarita González Saravia, Javier May y Joaquín Díaz Mena. Todos, a propósito, precursores e impulsores de este cambio sustancial que vive México.
Notas finales
Antes de cerrar esta columna, como estaba previsto, la presidenta Sheinbaum tenía programado en su agenda viajar a Morelos. Hay razones de peso para iniciar las giras que prometió durante su rendición de cuentas por el segundo año de labores, especialmente en ese enclave que hemos mencionado. Una de ellas, efectivamente, radica en los esfuerzos del gobierno estatal para transformar esa región del país. Es una realidad que la estrategia de paz ha avanzado a pasos agigantados. En múltiples ocasiones hemos señalado que, con claridad, la administración de Morelos transita por la dirección correcta para que prevalezca la tranquilidad y, en consecuencia, se generen las condiciones necesarias para el desarrollo y la transformación.


