Cuando, al interior de los partidos políticos, los procesos de selección de sus candidatos son transparentes y democráticos, el candidato que resulta ganador y el propio instituto político, se fortalecen, mientras que cuando son opacos e inequitativos se genera resentimiento entre la militancia y, a menor o mayor plazo, provoca la migración de los mismos hacia otros partidos, donde perciban que son valorados y que cuentan con mayores posibilidades de participar electoralmente.

No son los resultados obtenidos a través de procesos democráticos los que lastiman al militante y a los partidos, sino las trampas hechas por las dirigencias de los mismos.

Los procesos internos en la coalición “Juntos seguiremos haciendo historia” para la designación de los coordinadores de Defensa de la Cuarta Transformación, tanto federales como estatales, fueron procesos abiertos, con reglas claras, con acuerdos entre los participantes, con mediciones internas y externas, por lo cual los ganadores, Claudia Sheinbaum en lo federal y Alejandro Armenta -por referirnos al estado de Puebla-, salieron fortalecidos.

Caso contrario el proceso interno del, en ese momento, “Frente amplio por México”, hoy “Fuerza y corazón por México” donde las dirigencias partidistas se apresuraron a truncar el proceso cuando una aspirante, Beatriz Paredes, amenazaba con superar en las mediciones a la candidata acordada entre ellos previamente.

En el caso del estado de Puebla, no se animaron a, por lo menos, hacer una simulación democrática, ya que la designación fue directa por las cúpulas partidistas a nivel nacional. ¡Ni siquiera permitieron el registro de algún otro aspirante!

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¿Y todavía les causa sorpresa e indignación la desbandada de sus cuadros históricos, que, cansados por lo constante de estos vicios, buscan otros derroteros?

Las metas establecidas por Morena y sus partidos aliados con muy ambiciosas: en lo federal, obtener mayoría calificada en ambas cámaras del Congreso de la Unión y en el estado de Puebla, un mínimo de dos millones de votos. Para lograr estos resultados, morena ha recurrido a la estrategia de una política de puertas abiertas, cediendo gran parte de las diputaciones locales a sus aliados y fomentando que dichos partidos, participen con candidatos propios, y no en coalición, en las presidencias municipales, al final, en todos los casos, estos votos suman en lo federal y lo local.

Si Morena, en pocos años, no quiere verse como los partidos que integran “Fuerza y corazón por México”, es imperativo que no cometa los mismos errores, debe por lo menos, perfeccionar los procesos de selección de candidatos, reconocer y premiar el trabajo de sus bases históricas y obligar a que sus representantes populares sean congruentes a la ideología del partido.

En caso contrario, quizás al mismo tiempo que festejemos en este 2024 un triunfo arrollador en las urnas, estaremos presenciando el inicio de la descomposición de un movimiento cuya meta era la revolución de las conciencias y que terminaría convertido solo en un vehículo más, al servicio de los mismos políticos de siempre, para conservar el poder.