Los acontecimientos en Venezuela son muy importantes para México porque describen a un presidente norteamericano dispuesto a romper no solo con la legalidad, sino también con el más elemental sentido de la prudencia. ¿Cómo expone a su país en una aventura militar sin prever qué viene después?. Venezuela es un país extremadamente complejo; enfrenta una descomposición política y social profunda que no puede resolverse sin un cuidadoso proceso de reconciliación que administre el miedo de quienes deben irse y la impaciencia de quienes van a llegar. Nada puede hacerse sin un plan que tenga como actores centrales a los venezolanos y a Estados Unidos como mediador y garante. Trump escogió al chavismo porque creyó que sin Maduro dejaba de existir. Error.
La realidad es que, hasta ahora, no hay ganadores venezolanos. En estas circunstancias, el chavismo busca adaptarse a los dictados del agresor, tarea imposible si se pretende mantener un mínimo de congruencia; de dignidad, ni hablar, porque nunca la han conocido. Trump descalificó a la oposición desde el inicio y dejó en claro que todo se reduce al petróleo. Solo le importa el petróleo y ser reconocido como un dirigente sin límites. Su postura es profundamente desestabilizadora del orden mundial, pues implica un aval implícito a Rusia en Ucrania y a China en Taiwán.
Trump afirma que la oposición -que arrolló en la elección- carece de apoyo y respeto. Se equivoca. Desde luego existe un grave problema de transición, porque el país ha estado gobernado por una dictadura. En todo caso, la oposición es repudiada por quienes hoy detentan las armas y a quienes Trump considera la mejor vía para conducir al país. La vicepresidenta Delcy Rodríguez ostenta un cargo producto de la imposición, al igual que Maduro. Por otra parte, el general Diosdado Cabello, ministro del Interior, figura en la misma acusación presentada por el Departamento de Justicia contra Maduro y esposa.
Lógico sería que Delcy Rodríguez funcionara como fusible en una transición que permitiera llegar al poder a quien cuenta con el respeto y el respaldo de los venezolanos. Contrario a lo que afirma Trump, aun en las peores circunstancias, la oposición derrotó democráticamente a Maduro. Sin embargo, para él, la prioridad es el petróleo, no las libertades ni la democracia de los venezolanos, ni siquiera el combate al narcotráfico, porque si de eso se tratara, México y no Venezuela, sería el objetivo.
Una vez más, Trump se equivoca en el manejo de Venezuela. Ha empoderado al régimen chavista a cambio de que se someta a sus exigencias sobre la riqueza petrolera, concesión a la que ya había accedido Nicolás Maduro a cambio de mantenerse en el poder, opción que Trump rechazó. El desproporcionado despliegue militar de EU exigía un trofeo: la deposición de Maduro, quien en su momento pudo haber negociado su exilio. Su intransigencia y confianza en su guardia pretoriana fue su condena.
La detención de Maduro no se entiende sin la traición de su círculo cercano. Con el tiempo se sabrá. En su comparecencia ante las cortes, Maduro invoca que sigue siendo presidente de Venezuela, mientras Delcy Rodríguez, acompañada del general Diosdado Cabello, jura como presidenta. Ya tendrá tiempo el dictador depuesto para reflexionar sobre la traición de que fue víctima.
Delcy Rodríguez mantendrá el poder si logra administrar el miedo del chavismo y la intransigencia de Trump. Venezuela está destruida y devastada, la reconstrucción no puede emprenderse sin una perspectiva de mediano y largo plazo. Trump no garantiza nada después de las elecciones de noviembre próximo, en las que seguramente será ampliamente derrotado; a partir de ahí, su presidencia naufragaría ante la amenaza de un juicio político por múltiples faltas. Incluso antes, la Suprema Corte en las próximas semanas podría fallar en su contra por la emisión de resoluciones ejecutivas sustentadas en un falso estado de emergencia, eludiendo la autorización obligatoria del Congreso.
Trump puede causar mucho daño, pero no es inmune ni impune. Por esta razón, la reconstrucción de Venezuela solo podría darse bajo un nuevo régimen encabezado por quienes ganaron mayoritariamente la voluntad de los venezolanos a través del voto. En esas circunstancias, no hay lugar para Delcy Rodríguez y el chavismo deberá asumir su condición de paria de la historia por sus crímenes y haber hundido a Venezuela.
El saldo negativo de la incursión en Venezuela puede servir de advertencia y disuadir acciones semejantes para el resto del mundo, incluyendo México, pero con Trump nada es seguro.



