No es una novedad que la autoproclamada 4T, y junto con ellos, la pseudo “izquierda” latinoamericana, haya mirado durante años a Cuba como modelo político.

A pesar de la evidencia pública en torno al autoritarismo, ausencia de libertades y asesinatos políticos cometidos por el régimen de Fidel Castro, un gran número de simpatizantes obradoristas soñaría con que un día México replicase en su totalidad el método cubano. No lo conseguirán, o al menos, no es estima probable dadas las propias condiciones del país.

Sin embargo, lo que sí que han hecho es copiar sus nombres. Los “Comités de Defensa de la 4T”, y con la absurda añadidura “soberanía nacional” son la calca de los célebres Comités de Defensa de la Revolución Cubana, a saber, la estructura partidista del castrismo dirigida a consolidar la “lealtad” del pueblo cubano, al tiempo que no fue otra cosa que un método de vigilancia del régimen sobre la población.

En el caso mexicano, se trata del eufemismo de una operación política anticipada para presentar y promover a los que serán los candidatos a cargos de elección popular en los comicios de 2027.

Sumado a esta simplona reproducción del apelativo propio de una de las más exitosas -y autoritarias- estructuras castristas, no debe olvidarse que el gobierno de México, a través de Alejandro Encinas, representante permanente ante la OEA, se abstuvo hace unos días en una votación en Washington cuyo objetivo era, nada más, convocar a una reunión de urgencia de ministros de exteriores para discutir la flagrante, abierta y antidemocrática decisión de Daniel Ortega de cancelar unilateralmente las elecciones en Nicaragua.

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Al lado de Brasil, que votó en contra, México se ha convertido oficialmente en el solapador internacional de un dictador bananero que ha decidido apoderarse de su país y condenar a los nicaragüenses al más cobarde y retrógrado sistema de gobierno marcado por la ausencia de cualquier sentido de democracia y de libertades individuales.

Bajo la tutela del obradorismo, el Estado mexicano no sólo ha dado la espalda a su propia lucha democrática, sino que contraviene, mediante cada acto, declaratoria o voto, los principios contenidos en los tratados y convenciones de los que forma parte.

México con la 4T, en lugar de emular a los países desarrollados, como dice que lo hace con la socialdemocracia europea, se pone del lado de los más cobardes modelos del autoritarismo latinoamericano.