Lo ocurrido en Jalisco no solo puso a prueba la capacidad operativa del Estado mexicano. También puso a prueba algo más profundo: el respeto al liderazgo de una mujer al frente del país.

Y frente a eso quiero ser absolutamente clara.

La presidenta de México ha ejercido su responsabilidad con firmeza, autonomía y autoridad. Ha conducido la estrategia de seguridad como lo que es: la comandanta suprema de las Fuerzas Armadas.

Sin titubeos. Sin subordinaciones. Sin tutelas.

Respaldarla no es un acto partidista.

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Es un acto de Estado.

Lo que vimos fue coordinación institucional entre la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Guardia Nacional, bajo un mando civil firme. Eso es conducción. Eso es liderazgo.

Pero mientras el Estado actuaba, también aparecieron voces que intentaron minimizar ese liderazgo.

Entre ellas, declaraciones de figuras internacionales como Elon Musk, y de actores políticos que insinuaron que la presidenta “obedecía órdenes de sus jefes”.

Ese señalamiento no es análisis.

Es machismo.

Cuando un hombre ejerce el poder con determinación, se habla de estrategia.

Cuando una mujer lo hace, se insinúa subordinación.

Es el reflejo automático de una cultura que aún no acepta que una mujer tome decisiones trascendentales sin estar bajo la sombra de un hombre.

Eso no es crítica legítima. Es violencia política de género. Y frente a eso no hay espacio para ambigüedad.

México no tiene una presidenta decorativa. Tiene una Jefa de Estado con mando constitucional, con capacidad de decisión y con plena autonomía política.

Reducir su liderazgo a la idea de que responde a “órdenes” es intentar despojarla de su autoridad. Y cuando se intenta despojar a una mujer de su autoridad en el espacio público, se envía un mensaje profundamente regresivo a millones de niñas y mujeres que hoy ven en ella un referente.

Aquí hay presidenta.

Y hay Estado.

Pero también hay algo más que no puede pasar desapercibido: hay mujeres y hombres uniformados que todos los días arriesgan su vida para que otras familias puedan vivir en paz.

A la Guardia Nacional.

A la Secretaría de la Defensa Nacional.

A las Fuerzas Armadas de México.

Gracias.

Gracias por actuar con disciplina, con lealtad institucional y con compromiso con la nación. Gracias a quienes están en territorio, a quienes patrullan, a quienes enfrentan riesgos reales para proteger la vida de otras personas.

Hay elementos que han dado literalmente la vida por defender la de los demás. Y ese sacrificio no puede ser reducido a narrativa política ni a burla en redes sociales.

La seguridad no es espectáculo.

Es responsabilidad.

Y cuando el Estado actúa coordinadamente bajo un mando civil firme, eso fortalece a México.

Sin mujeres seguras no hay paz.

Pero sin respeto al liderazgo femenino tampoco hay democracia plena.

Hoy México demuestra que puede enfrentar a la delincuencia organizada con determinación. Y lo hace bajo el liderazgo de una mujer que no necesita permiso para ejercer el poder que el pueblo le otorgó.

Mi respaldo a la presidenta es total.

Mi reconocimiento a nuestras Fuerzas Armadas y a la Guardia Nacional es absoluto.

Y mi postura frente al machismo es clara: no vamos a permitir que se minimice el liderazgo femenino con narrativas de subordinación.

Las mujeres no estamos en el poder por concesión.

Estamos porque lo ganamos democráticamente.

Y cuando gobernamos con firmeza, no se nos explica: se nos respeta.

Porque cuando el Estado actúa, México avanza.

Y cuando una mujer lidera con autoridad, la historia cambia.

María Teresa Ealy Díaz | Diputada Federal LXVI Legislatura | X: @MaTeresaEalyMx