En medio de la resaca futbolera y seriamente afectado por la apnea del sueño que, como a muchos mexicanos nos dejó anoche el trauma de la interrupción en su camino a Miami del seleccionado nacional de futbol, en su ‘paso perfecto’ hacia la gloria de los cuartos de final, el suscrito se propuso ordenar pensamientos y sentimientos.

Y, estando de frente a su leal ordenador y tras haberse mirado demasiado tiempo el rostro, en el fondo de su copa ya vacía, empezó su desquiciada, pero ordenada reflexión… Una simple copa de cristal, aquella, que sin ser la anhelada ‘copa del mundo’, sí es la ‘veintiúnica’ y favorita del escribano, componente indispensable de su loza de servicio y orgullo de su arsenal de privilegios en ese, su muy noble y ‘decoroso pent-house del bienestar’, ubicado en los fastuosos rumbos del Peñón de los Baños, de esta también muy noble y leal Ciudad de México.

“Más vale que sea ahorita y así, en la penumbra de la formalidad, más no de la razón, como mis párrafos prescriban antes de que pierdan el fractal de la proporción y el estruendo de la autenticidad, gracias al formalismo y al compromiso con lo políticamente correcto”, se decía así mismo el escribiente.

La copa se volvió a llenar por un gesto acomedido de algún duende y me vi orillado a brindar en mi soledad, como en un acto mecanicista. Como en un rezo: brindo por Miguel de Cervantes, por Francisco de Quevedo y por Juan Ruíz de Alarcón; por José Ortega y Gasset, García Lorca, Miguel de Unamuno y hasta por Azorín. Brindo también por Octavio Paz, Carlos Fuentes, Rosario Castellanos y Carlos Monsiváis… y desde el fondo de un viejo cenicero del Sanborn´s, hasta obtuve la inspiración de corolario y pude redondear la estrofa, leyendo la impronta: “Fuerza ajena ni le toca ni le prende sola su virtud le ofende”.

Y ese es -precisamente- el punto neurálgico de este texto: Reconocer el valor de nuestra cultura, de lo que somos de frente a la errática idea forjada por la propaganda mezquina muchas veces forjada desde ‘el esnobismo’ inglés y otras, las más de las veces, desde la cultura del imperialismo comercial y mediático estadounidense.

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Porque no fuimos menos en ninguno de los cerca de 118 minutos jugados y disputados ‘a muerte’ al representativo de futbol británico, en el terreno del legendario ‘Estadio Azteca’ (Hoy ‘Estadio CDMX’) la tarde-noche de este domingo 5 de junio.

¡Fuimos notablemente superiores! Aunque en el resultado final, de 3-2 a favor la escuadra de Inglaterra, hayamos perdido el derecho de avanzar a cuartos de final en la Copa Mundial Norteamérica 2026.

No hay absolutamente ninguna razón para sentirnos inferiores ni defraudados por el resultado al final, un simple deporte federado.

Los mexicanos somos auténticos guerreros, herederos de la grandeza hispana y de ‘lo español’, una cultura a la que sajones, francos, británicos, normandos, vikingos, bárbaros y griegos, entre otros, le deben en gran medida la permanencia y el liderazgo de occidente en el concierto de la historia universal.

La ‘Batalla de Lepanto’ por ejemplo, (de 1571) en el Mar Jónico, actualmente patrimonio de Grecia, fue la batalla naval más grande y épica de la historia de la humanidad y tuvo por objeto, frenar el avance del Imperio Turco-Otomano, perfilado a dominar el Mar Mediterráneo y, consecuentemente, el mundo occidental tal y como lo conocemos hoy día.

Fue una coalición de estados católicos, convocada por el Papa Pío V, pero naturalmente liderada por el imperio más rico sobre el mundo conocido en ese momento, llamado el Imperio Español, cuyo monarca era el Rey Felipe II (de la dinastía de los Austria), más el Estado Pontificio y algunas otras repúblicas y ducados del centro de Europa, pararon en seco el avance del islamismo y de la cultura otomana, lo que habría desencadenado la conversión y el traslado del núcleo cultural, artístico, científico y político del mundo de la época, hacia el oriente del mundo…

Inglaterra y sus productos, muy seguramente no existieran, claro, ni España ni los hispano-parlantes, ni su cultura ni nada.

Cabe destacar que, el Imperio Español financió la mitad de la expedición, aportando el mayor contingente de tropas y naves; aportaron su experiencia y liderazgo en la dirección estratégica y táctica del conflicto a través de figuras clave.

Fue en ese momento cuando por razón de la hora y el sueño, empecé a cabecear y hasta soñé un poco sentado frente a la laptop por mi mente empezaron a desfilar imágenes del valiente Juan de Austria, hermano del Rey de España, Felipe II y bragado mariscal de combate al frente de las tropas españolas.

Entre nebulosidades, recuerdo una acalorada discusión entre Juan de Austria y el brillante marino español Álvaro de Bazán, jefe de la crucial fuerza de la reserva española, a bordo de uno de los primeros buques con vela en la historia.

Ahí apareció de repente en mis sueños, el famosísimo y célebre ‘Manco de Lepanto’, también llamado Miguel de Cervantes Saavedra, el español más conocido en el mundo por su obra literaria y quien participó en esa memorable batalla para el mundo occidental.

Pero de repente también y como si el barco tuviera una enorme cancha de futbol, se me aparecen Javier ‘El Vasco’ Aguirre, renegando con el personal futbolero que comandaba y ‘mentando madres a diestra y siniestra’ como parte de la neurosis del combate: ¡Vasco tenía que ser!...

No se le ‘amilana’ a ningún cabrón, por muy inglés o muy vikingo… o muy turco que sea. Y para decirlo en el coloquial lenguaje no solo del vasco, sino de todos los comentaristas de las empresas de televisión abierta y de plataformas digitales, que ya dicen cualquier altisonante sin rubor alguno y sin multa alguna.

A este singular personaje del deporte profesional, debemos los mexicanos un cambio rotundo, una nueva mentalidad, en la manera de concebir la competitividad entre países por los mexicanos de alto rendimiento que representan al país desde por lo menos el mundial de 2002 en Corea y Japón. Sin complejos de inferioridad. Jugándoles de tú a tú a cualquier país del mundo…

Dejamos de ser sin duda, los “ratoncitos verdes” de los setentas.

Al Vasco Aguirre le deberemos sin duda alguna, el primer campeonato mundial de futbol para México que no se obtendrá desde luego este 2026, pero será muy pronto, por lo que se ve.

Tras un cabezazo sobre la mesa, fue cuando desperté abruptamente y me percaté que el duende que me servía vino tinto, también daba “besucones” al borde de mi copa; era un tierno ratón que me desafiaba a escasos dos metros de donde estaba yo trabajando en la computadora de manera intermitente, pues me estaba durmiendo a ratos…

Furioso me levanté y lo traté de corretear por todo lo ancho de los 16 metros cuadrados que mide mi ‘pent-house’, ofendido en mis principios de impecabilidad y ‘asepsia occidental’… hasta que la prudencia me lo impidió y al final, me lo encontró en una de las esquinas de la pieza, tras una pila de periódicos viejos, chillando tiernamente cual imploración por su vida y mirándome a los ojos. ¡Qué animales tan inteligentes!... ¡Qué bárbaro!

No tuve más remedio que perdonarle la vida. ¡Sabrá Dios cuántas noches de sueño me habrá acompañado y contemplado con su peculiar lógica!... ¡Por cuántas noches de insomnio y preocupación habrá sido mi compañerito fiel!...

La gran moraleja y enseñanza que devino después del incidente y el texto maltrecho, fue que en general “el hombre (y los pueblos) son él (ellos) y su propia circunstancia”.

Ni duda cabe, la historia la escriben y la dictan los vencedores.

Dicho sea mejor, en el lenguaje de mi pequeño sobrino de seis años: “Tío, ¿verdad que si mi abuelita hubiera tenido rueditas hubiera sido patineta?”. Pues sí, mijito…

Y si yo, hubiera sido Walt Disney y escribiera en inglés muy seguramente mi inquilino el “ratoncito” algún día llegaría a ser ‘Mickey Mouse’… Te lo juro.

Así entonces, en la lógica de todos aquellos ingleses y franceses que hoy se burlan de la lechuguilla de lino que usaban en el cuello los españoles -primero- y después todos los europeos, durante los siglos XVI y XVII… Fue la estructura, el orden y los recursos financieros de aquellos españoles del siglo XVI, los que evitaron que otros reinos -como el inglés y el francés- desaparecieran de la faz de la Tierra y no fueran hoy más que un referente mínimo en la cultura y en la historia, gracias al heroísmo de los soldados y marinos del reino español durante la “Batalla de Lepanto” en 1571. Eso también lo debería de consignar la historia.

Hoy México perdió en futbol su boleto a los cuartos de final en la Copa Mundial 2026, a manos de la escuadra inglesa por impericia de sus futbolistas, por nerviosismo, novatez… o vaya usted a saber.

Pero en los próximos días Inglaterra, como Francia y los Estados Unidos, habrán de enfrentar a escuadras tan portentosas y efectivas como las de España, Argentina y Colombia... todas hispanoparlantes.

Habrá qué ver qué explicaciones dan cuando en el propio territorio sajón (estadounidense) las selecciones no hispanas sean abatidas -como es altamente probable- por estos últimos equipos, serios aspirantes a obtener la Copa del Mundo: Argentina en su tetracampeonato, muy merecido por cierto.

Y España, en su segundo campeonato de la historia también suficientemente merecido.

Por lo pronto, me quedo con la frase de Felipe VI, cuando se despidió del seleccionado español en Guadalajara, México, cuando los visitó después del partido contra Uruguay: “Si vuelvo será para verlos, en la gran final… y consiguiendo el campeonato del mundo”… ¡Vale!... ¡A por ellos!

¡Qué viva el español!

Autor: Héctor Calderón Hallal

@Pequenialdo; @CalderonHallal1