“Con Claudia llegamos todas” ya no es una frase para pancartas ni un eslogan de campaña. Es un hecho histórico: por primera vez en México, una mujer ocupa la Presidencia de la República y, con ello, la agenda de las mujeres dejó de ser marginal para convertirse en prioridad de Estado. No es discurso. Es poder ejercido.
La llegada de Claudia Sheinbaum a la Presidencia no solo rompió el último gran techo de cristal de nuestra democracia; cambió el orden de las cosas. La igualdad dejó de ser un tema cómodo para los discursos y se convirtió en una política pública con dirección, estructura y responsabilidad institucional. En un país atravesado por la violencia contra las mujeres, este giro no es simbólico: es profundamente político.
Desde el primer momento, el mensaje ha sido claro y contundente: las mujeres no solo están representadas, están siendo tomadas en cuenta. La creación de la Secretaría de las Mujeres marca un antes y un después. No es un gesto decorativo ni una concesión retórica; es una decisión de fondo que coloca la política de género en el corazón del gobierno, con capacidad real de coordinar, exigir resultados y transformar lo que durante años estuvo fragmentado, abandonado o minimizado.
Durante décadas, el feminismo y la sociedad civil empujaron las mismas exigencias: atención integral a víctimas, fortalecimiento de refugios, capacitación obligatoria con perspectiva de género para policías, ministerios públicos y jueces, y el reconocimiento de que la violencia contra las mujeres no es un problema aislado, sino estructural. Hoy, por primera vez, esas demandas empiezan a convertirse en decisiones de Estado.
Ese cambio se empieza a sentir donde más importa: en la vida cotidiana. En la expectativa —tan simple como tan poderosa— de que al pedir ayuda exista una ruta clara; de que las instituciones se coordinen; de que la respuesta no dependa de la suerte ni del escándalo mediático. Ese es el verdadero tránsito del discurso a la política pública, del símbolo a la experiencia real.
Tener a una mujer en la Presidencia no es solo un logro electoral: es un mensaje cultural profundo. El poder ya no es exclusivamente masculino. Para millones de niñas y jóvenes, la imagen de una mujer al frente del país no es una consigna aspiracional, es una posibilidad concreta. Y cuando cambian los referentes, cambian también los futuros.
La Secretaría de las Mujeres tiene el potencial de convertir esa inspiración en estructura, y esa narrativa en garantías reales: acompañamiento legal, atención psicológica, redes de protección y rutas de salida para quienes han vivido la violencia más extrema. Eso es feminismo que se vive, no feminismo que se firma.
“Con Claudia llegamos todas” empieza a hacerse realidad cuando los derechos dejan de ser promesas y se convierten en políticas públicas. No se trata solo de celebrar que México tenga, por fin, una mujer presidenta, sino de reconocer que estamos ante una etapa en la que la igualdad comienza a organizarse desde el Estado.
Porque llegar todas no significa solo ocupar la cima del poder, sino sentirse acompañadas en lo cotidiano: en la escuela, en el trabajo, en la casa y frente a las instituciones. Ahí —en esa suma de decisiones, estructuras y acciones concretas— es donde este gobierno empieza a escribir un nuevo capítulo para las mujeres en México.
Agradezco a Federico Arreola y a SDPnoticias por abrirme este espacio de reflexión y debate público. Nombrar estos cambios también es una forma de defenderlos y consolidarlos.
María Teresa Ealy Díaz. Diputada Federal LXVI Legislatura
Instagram: @materesaealymx
Facebook: Maria Teresa Ealy
X: @MaTeresaEalyMx
TikTok: @materesaealymx



