La búsqueda de un analgésico para Denise Dresser abrió el debate sobre la disponibilidad de tratamientos especializados en farmacias privadas de México.

El caso tomó relevancia tras reportarse dificultades para localizar buprenorfina, un analgésico opioide utilizado para el manejo del dolor crónico y sujeto a estrictos controles sanitarios.

A raíz de la discusión, la presidenta Claudia Sheinbaum diferenció entre las responsabilidades del sistema público de salud y el abastecimiento en establecimientos privados.

El episodio de Denise Dresser también puso bajo la lupa la regulación y distribución de medicamentos considerados de alto riesgo.

Soloro 7, una presentación de buprenorfina en parches transdérmicos

La reciente búsqueda del analgésico buprenorfina para la politóloga Denise Dresser puso en evidencia la dinámica de disponibilidad de medicamentos en el mercado farmacéutico privado de México.

La controversia surgió a partir del desabasto reportado del producto Soloro 7, una presentación de buprenorfina en parches transdérmicos de 10 microgramos por hora fabricada por la empresa Grünenthal e indicada para el tratamiento del dolor crónico moderado a severo.

Ante las solicitudes de apoyo difundidas en redes sociales para su localización, la presidenta Claudia Sheinbaum diferenció entre las responsabilidades del Gobierno federal respecto al sistema público de salud —como el IMSS— y las farmacias privadas, señalando que estas últimas mantienen abierta la posibilidad con la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) para gestionar la distribución de sus insumos.

En el mercado farmacéutico en México, el precio del analgésico de marca comercial Soloro 7 va de los $1,083 pesos a $1,763 pesos.

¿Qué es la buprenorfina y por qué requiere receta médica?

A diferencia de los analgésicos comunes de venta libre, la buprenorfina es un fármaco opioide que actúa como agonista parcial de los receptores opioides en el sistema nervioso.

Esta propiedad farmacológica le permite activar dichos receptores para aliviar el dolor moderado o intenso y mitigar los síntomas de abstinencia en tratamientos contra la adicción, produciendo un efecto menor que el de agonistas completos como la morfina o el fentanilo.

Sin embargo, su consumo requiere estricta vigilancia debido a que puede provocar efectos secundarios como náuseas, mareos, estreñimiento, dolor de cabeza, sudoración y somnolencia.

La razón fundamental por la que este medicamento no se comercializa de forma libre reside en sus severos riesgos sanitarios, entre los que destacan el desarrollo de dependencia física y psicológica, la sobredosis y la depresión respiratoria, una complicación potencialmente mortal caracterizada por una respiración lenta o superficial.

Asimismo, su uso sin supervisión o la combinación con alcohol, benzodiacepinas como el clonazepam o el alprazolam, u otros sedantes, eleva drásticamente el riesgo de un desenlace fatal.

Adicionalmente, si se administra de forma extemporánea en pacientes con consumo previo de otros opioides, puede desplazar a dichas sustancias y desencadenar un síndrome de abstinencia agudo, por lo que cualquier alternativa o cambio de tratamiento debe ser evaluado y autorizado por un profesional de la salud.

En el ámbito regulatorio, la Ley General de Salud ubica a la buprenorfina en el artículo 234 dentro de la lista de estupefacientes, clasificando a sus presentaciones comerciales como analgésicos narcóticos.

Por su parte, el artículo 226 de la misma legislación establece que su venta en farmacias exige obligatoriamente receta médica, requiriéndose recetarios especiales con código de barras o la retención de la receta en el establecimiento según la presentación del producto.

Finalmente, la COFEPRIS vigila los registros sanitarios, autorizaciones de importación y el manejo adecuado del medicamento para prevenir riesgos a la salud pública, evitar la comercialización no autorizada y supervisar alertas ante posibles casos de falsificación.