Muchas decisiones que parecen completamente personales comenzaron a construirse mucho antes de que una persona tuviera la capacidad de cuestionarlas, por ejemplo: ser responsable significa levantarse temprano, equivocarse está mal, para ganar dinero hay que sufrir, mostrar determinadas emociones es una señal de debilidad, cumplir las expectativas de otros significa hacer las cosas correctamente.

Toda esta información que pudimos haber escuchado durante la infancia, termina incorporándose con tanta naturalidad, que años después, dejan de sentirse como ideas de alguien más y comienzan a percibirse como verdades nuestras.

Para Ivonne Mancera Valdivia, reconocer esa diferencia representa una parte importante del entrenamiento mental que desarrolla desde IMCU, su propuesta de gimnasio mental digital.

La psicología lleva años estudiando cómo las experiencias tempranas pueden relacionarse con patrones cognitivos posteriores. Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 33 estudios encontró asociaciones entre determinadas experiencias adversas durante la infancia y esquemas cognitivos presentes en la edad adulta, aunque los investigadores advierten que buena parte de la evidencia disponible es correlacional y no permite establecer causalidad directa.

Eso no significa que cada creencia adulta pueda atribuirse a la infancia. Significa que algunas formas de entenderse a uno mismo, relacionarse con los demás o interpretar lo que se espera de nosotros pueden tener una historia que vale la pena revisar.

Cuestionar una idea no significa rechazar nuestra historia

Desde su experiencia con el método de aplicación mental, Mancera plantea una diferencia entre tener una idea y convertirla en una creencia. Una idea puede aparecer y desaparecer. Cuando determinada interpretación se repite durante años y comienza a orientar conductas y decisiones, cuestionarla resulta mucho más difícil.

Ahí aparece uno de los ejercicios de autoconocimiento que propone desde IMCU; preguntarse de dónde proviene aquello que hoy consideramos indiscutible.

No se trata de responsabilizar a padres, maestros, familias o entornos por cada dificultad de la vida adulta. Tampoco de asumir que todas las enseñanzas recibidas necesitan modificarse. El objetivo es desarrollar suficiente conciencia para distinguir entre aquello que todavía resulta útil y aquello que se continúa haciendo únicamente porque siempre se hizo así.

Para Ivonne Mancera Valdivia, esa posibilidad constituye una forma de libertad mental; dejar de vivir exclusivamente desde respuestas heredadas y comenzar a participar conscientemente en las decisiones presentes.