El luchador iraní, Saleh Mohammadi, fue ejecutado por el régimen islámico en Irán, lo que intensificó la preocupación internacional por las protestas en dicho país y el trato que reciben los atletas.
Saleh Mohammadi fue arrestado durante las protestas de enero y posteriormente acusado de participar en un incidente el 8 de enero en el que un policía murió durante enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad.
Durante su juicio, Mohammadi negó todas las acusaciones y rechazó las alegaciones de que formara parte de algún grupo responsable de la muerte del oficial.
Más de 200 atletas enviaron carta al Comité Olímpico tras muerte de Saleh Mohammadi
Luego de la muerte del luchador Saleh Mohammadi, más de 200 atletas iraníes publicaron cartas dirigidas al Comité Olímpico Internacional para solicitar mayor rendición de cuentas.
Las cartas de los atletas tras la muerte de Saleh Mohammadi mencionan a altos cargos dentro de las estructuras olímpicas y paralímpicas de Irán, alegando vínculos cercanos con la Islamic Revolutionary Guard Corps, y cuestionan la continua colaboración del Comité Olímpico Internacional con estas autoridades.
Y es que de acuerdo con testigos, las cámaras de seguridad presentadas en el tribunal no identificaban claramente al luchador, y las autoridades negaron la comparecencia de testigos de la defensa que podrían acreditar que él se encontraba en casa de un familiar en el momento del incidente.

Miembros de la comunidad de lucha iraní, incluidos entrenadores y compañeros de equipo, también defendieron a Mohammadi, asegurando que nunca había mostrado conductas violentas ni portado armas.
Otro luchador iraní ya había sido ejecutado por participar en protestas
El destino del luchador Saleh Mohammadi ha sido comparado con el de Navid Afkari, otro peleador iraní ejecutado tras participar en protestas.
Navid Afkari también retiró su confesión en el juicio, afirmando que había sido obtenida bajo tortura, incluso en un mensaje de audio filtrado desde la prisión, acusó a las autoridades de utilizar las ejecuciones como herramienta de represión.






