Entre las turbulencias políticas y futboleras de la semana que termina, se enciende una noticia que da luz a la oscuridad: la entrega de los Premios Nobel que la Academia Sueca otorga cada año para premiar la excelencia en la investigación y los logros de la humanidad en distintas áreas.
Las guerras, migración, hambre, pobreza, y demás males que aquejan al hombre, no ocultan los triunfos del ser humano. Algo bueno que vino de algo malo, ya que los premios surgieron del arrepentimiento del químico Sueco Alfred Nobel, por haber inventado la dinamita, que según declaró al final de su vida, contribuyó a que las guerras fueran más destructivas y sangrientas.
Por eso, legó su fortuna de treinta y tres millones de coronas, a la fundación que lleva su nombre, para premiar a médicos, físicos, químicos, escritores y promotores de la paz.
Y si no entiendes a fondo de qué se tratan los premios del 2015, no te preocupes. Se necesitaría ser un genio en muchas materias para comprender el alcance de los avances científicos y humanistas de las investigaciones que los llevaron al premio.
Pero vale la pena saber quiénes son y por qué se los otorgaron.
El de Medicina, correspondió al irlandés William Campbell y al japonés Satoshi Omura, por sus terapias contra enfermedades causadas por gusanos, compartido con la científica china Tu Youyou (les juro que así se llama), que descubrió un remedio contra la malaria.
El de Física, se lo repartieron entre el japonés Takaaki Kajita y el canadiense Arthur B. McDonald, por sus trabajos sobre la oscilación de los neutrinos, unas partículas elementales que permitirán conocer mejor al Universo. ¿Entendieron?
El premio Nobel de Química fue otorgado al sueco Tomas Lindahi y al estadounidense Aziz Sancar, por haber mapeado a nivel molecular, cómo las células reparan el ADN dañado para conservar la información genética, información que será vital para el combate contra el cáncer.
El de la Paz correspondió al cuarteto para el diálogo nacional en Túnez, integrado por: la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), la Patronal (UTICA), la Liga Tunecina de los Derechos Humanos (LTDH) y la Asociación Nacional de Abogados, por su contribución al proceso democrático conocido como ?La Primavera Árabe?.
Y como el de Economía se anuncia hasta el lunes, terminamos con el de Literatura, otorgado a la escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, una maestra del reportaje literario, reconocida por haber relatado el fracaso de la utopía soviética.
Alexiévich analizó, en sus reportajes, los acontecimientos más traumáticos que marcaron la vida del "homo soviéticus", como la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de Afganistán, la catástrofe de Chernóbil y la desintegración de la URSS, y tuvo el valor de acusar al presidente Vladímir Putin por haber llevado a su país a la época medieval con su "culto a la fuerza".
La periodista no pudo publicar el primer libro de su ciclo ?El hombre rojo. La voz de la utopía?, hasta la llegada de la Perestroika en 1985.
¡Vaya pues! Un fuerte aplauso a los ganadores. Son el orgullo de la humanidad.