Todo lo que el hombre hace a los animales, regresa de nuevo a él. Quien corta con un cuchillo la garganta de un buey y permanece sordo ante los bramidos de temor, quien es capaz de matar impávido a un atemorizado cabrito, y se come el pájaro, al que él mismo ha alimentado, ¿cuán lejos está del crimen un hombre así?

Pitágoras

La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

Que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

Está mudo el teclado de su clave sonoro;

Y en un vaso olvidada se desmaya una flor.

Rubén Darío

En la realidad alterna, narrada desde la mañanera, López Obrador aseguró que México ya es una potencia económica porque funciona el modelo económico aplicado en su administración. Uno basado en “la austeridad” y en “el combate a la corrupción”.

Tan funciona que hoy, hay más pobres de los que vivían en nuestro país hace tan solo dos años. Sí, hubo un incremento de 3.8 millones de pobres de 2018 a 2020, pasando de 51.9 a 55.7 millones de mexicanos en esa situación (CONEVAL). En este sexenio no nada más no ha habido crecimiento, tampoco una mejor distribución de la riqueza como se ufanó AMLO desde su palestra palatina.

¿Cuántas excusas —digo, enemigos— necesita el presidente?

Primero los conservadores y neoliberales; luego los españoles. Más adelante el INE, el TEPJF, El Universal y Reforma. Ahora nuevamente la clase media. En su diatriba la señaló de “egoísta, clasista, racista y ladina, a veces peor que los que tienen más dinero”.

Alguien, por piedad, debería ponerle un corcho en la boca a este señor. Darle algo para que recuerde —a menos que lo suyo ya sea una problema de demencia senil, lo cual también sería bueno saber— que fue gracias a esa clase media que él alcanzó la presidencia. La misma que se desencantó en las pasadas votaciones y la misma que no cesa de cumplir con sus obligaciones fiscales, por no hablar de muchas otras, lo que le permite mantener en pie lo poco que queda de su propuesta de gobierno.

Esa clase señalada y sojuzgada desde un púlpito confesional, y no desde la visión de un jefe de Estado, pagó solo por concepto de ISR para este primer semestre más de 453 mil millones de pesos (SHCP). Esta cifra “clasista” es equivalente al gasto ejercido en su conjunto por el IMSS y la Secretaría de Salud a nivel federal en el mismo periodo.

Clase media conformada por trabajadores asalariados, de los cuales, el año pasado, 4.1 millones habían retirado dinero de sus afores. De estos, al menos un millón 709 mil tuvieron que hacer retiros parciales por desempleo. Este año, por las mismas razones que al país le va mejor según el tabasqueño, pero a los bolsillos de los desempleados que van en aumento les va bastante peor, se prevé que se tenga un nuevo récord de retiros. Parece que estos serán para solventar gastos superfluos como comida básica, útiles escolares y otros necesidades suntuosas como son el pago de… luz, agua y combustibles. Poco importa que, por dichos retiros, la pensión de los trabajadores sufra un fuerte menoscabo, llegando a volver vulnerable la cantidad con la cual están o estarán pensionados.

Andrés Manuel ve otro país cuando dice: “unos cuantos eran inmensamente ricos mientras millones se empobrecían, eso ya no sucede en nuestro país”.

En esa realidad alterna, la incongruencia estriba en no contar con un servicio de salud medianamente útil o sufrir un desabasto de medicinas, incluyendo las oncológicas para tratar a los niños. Pero nada de eso este hombre percibe ni lo inmuta. Como tampoco el gasto que significa para los hogares no contar con acceso a la salud, dejando en la miseria a esa clase media egoísta y ladina.

Alguien debería despertar de su sueño a López Obrador y enseñarle la triste situación por la que atraviesa nuestro país. Una nación asolada por la violencia con más de 91,000 muertes tan solo en este sexenio, sin olvidar los más de 248,000 muertos por el covid. Un país donde la pobreza creció, el PIB y la inversión disminuyeron, la corrupción no cesa y la deuda —interna y externa— se acrecienta. Una nación que se niega adquirir vacunas anti covid para inocular a su población de entre los 12 y los 18 años.

¡Ah!, y falta por mencionar la pérdida en la competitividad a nivel internacional, los costos por las necedades que van desde la cancelación del NAICM de Texcoco hasta la construcción insostenible de Dos Bocas, el Tren Maya y Santa Lucía.

Sí, México era una potencia económica, pero antes que Andrés Manuel asumiera el poder. Ocupaba el lugar décimo quinto a nivel mundial, si bien con grandes diferencias entre su población. ¡Y esa fue la razón por la cual la clase “egoísta” media votó por AMLO!, para disminuir esas diferencias e igualar las oportunidades para todos. No lo ha hecho. Sus decisiones en lugar de generar riqueza para un mayor número de mexicanos han producido un mayor número de pobres y desasosiego en la población en general.

Un líder puede afanarse en crear mayores riquezas para disminuir las grandes diferencias en la condición de sus gobernados o puede dedicarse a atacar a todo el mundo: a la mafia del poder, a los periódicos, a los que quieren trabajar para tener un mejor futuro y ahora de forma despectiva a toda la clase media. López Obrador hace lo segundo.

Sobaja a la clase que trabaja, que paga impuestos, que mantiene los programas clientelares de la 4T.

Y mientras las decisiones sigan siendo las erradas, cada día estaremos más lejos de ser potencia económica. Ni siquiera la esbozada por López Obrador.

Qué triste que no vivamos todos en la realidad alterna señalada por él, máxime cuando los “caminos de la vida” lo han extraviado en sus mentiras. Cuando el país clama su atención como líder, no como azuzador de odios.