28 de enero de 2022 | 13:29

Ante la cobardía y la insensatez: ¡Goya! ¡¡Universidad!!

Ante el acoso a las universidades y a la comunidad científica, sea uno o no egresado de la UNAM, hay que lanzar un: ¡Gooooya!, ¡Gooya! ¡¡Universidad!!
Ante la cobardía y la insensatez: ¡Goya! ¡¡Universidad!!
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“La Universidad Nacional Autónoma de México reitera su confianza en la correcta y proporcionada aplicación de la justicia y creemos firmemente en la división de poderes y en su autonomía, con un respeto irrestricto a la defensa de los posibles involucrados. Estaremos atentos y comprometidos en ello.”

Dr. Enrique Graue. Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Bastó que el rector de la UNAM, Enrique Graue Wiechers, dijera que la acusación de delincuencia organizada contra académicos es inconcebible y todo un despropósito jurídico-legal, para que un grupo de senadores de Morena se le fuera encima.

Casi al unísono, la directora del CONACYT, María Elena Álvarez Buylla, aseguró desconocer la acusación que ha hecho la FGR al respecto de 31 científicos y exfuncionarios del Foro Consultivo Científico y Tecnológico del CONACYT, cuyo origen fue una denuncia que el propio Consejo que ella preside formuló... Total, como coloquialmente se dice: tiró la bomba y escondió la mano’. Imposible suponer que ella desconoce el origen de la persecución que hoy atestiguamos; ¡por favor!, si los detalles inundan la prensa y los medios informativos.

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Armando Guadiana, senador de Regeneración Nacional, dijo que su bancada busca que la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda investigue a todas las universidades públicas, empezando por la UNAM, por cobijar —así en general— falsos investigadores que “despilfarran mucho dinero en turismo internacional científico”. No cabe duda: la ignorancia es muy atrevida.

Lo dicho por el sombrerudo senador fue casi de inmediato negado por Santiago Nieto, titular de la UIF, quien acotó en sus redes sociales:

“La UIF fue creada para prevenir y combatir el lavado de dinero y los delitos relacionados, así como para bloquear a quien use recursos ilícitos. NO para investigar instituciones académicas o a sus integrantes, que no se encuentren en dichos supuestos.”

Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera.

No solo él; también el senador Ricardo Monreal, coordinador en el Senado del referido partido político, aseveró que no avala la propuesta realizada por el contaminante colega. Lógico: Monreal podrá querer asegurarse a la mala un boleto en la carrera presidencial del 2024, pero tonto no es y suicida menos.

Ante lo absurdo de que la 4T ahora pelee contra la Universidad Nacional y la comunidad científica mexicana, Claudia Sheinbaum tuvo que salir a, por lo menos, defender a los perseguidos de una de las acusaciones: declaró que le parecía excesivo el cargo de delincuencia organizada, con el que el fiscal Gertz Manero justifica su insano deseo de encarcelarlos en Almoloya, al lado de los peores criminales.

Estamos acostumbrados a que los morenistas —los legisladores en general— se muevan en bloque. Es muy extraño, por ende, notar tan claras diferencias entre unos y otros. Máxime que las hagan del conocimiento público.

Así, cabe la pregunta, ¿los legisladores de Morena decidieron lanzarse por ellos mismos a atacar ni más ni menos que a la UNAM (sumémosle después la UAM, el Poli, el Colmex, etcétera?). Pues flaco favor —más bien gran desfavor— le hacen a Andrés Manuel López Obrador y a la Cuarta Transformación. ¡Y el timing!, como dirían los gringos, no podría ser peor.

Si un puñado de delirantes senadores, todo un partido o el régimen completo está pensando seriamente declararle la guerra a la comunidad científica, a los investigadores y sus institutos, a las instituciones universitarias —así sean “solo” las públicas—, espero que lo hayan pensado bien. Debiera ser impensable a estas alturas de la humanidad meterse con la máxima casa de estudios de un país, lanzar una pesquisa en la UNAM, así sin más, “para ver que encuentran”. Y todo con base en posicionamientos ideológicos o intereses de control político plenamente identificables. Si de por por sí la 4T se encuentra ya en un berenjenal gracias al capricho de la encargada de la Ciencia y Tecnología del país y/o la decisión del Fiscal General de la República, ahora estos ocurrentes claman contra distintos directivos y estructuras de las comunidades universitarias…

Tal vez Guadiana y el hato de borregos que lo han seguido no se han enterado con quién se meten. Porque sucede que la comunidad científica/universitaria tiende a ser muy unida y solidaria. Esto es, una de las características de esta gran comunidad pensante y de alta especialización es que las delimitaciones entre las esferas públicas y privadas, y entre espacios dedicados puramente a la administración y dirección y los inmersos en quehaceres de investigación y academia se diluyen cuando se trata de cohesionarse ante el ataque externo.

Tan solo un insignificante episodio de la historia (sí, esa tan venerada y trastocada por la 4T) enseña que los universitarios no llevan muy bien las intromisiones de políticos socarrones. Así nació #YoSoy132, el grito de los estudiantes ante la mentira de Enrique Peña Nieto en su visita a la Universidad Iberoamericana.

No importó que el desaire fuese en una universidad privada, todos los universitarios se unieron para menospreciar al entonces candidato, y con ello, independientemente de haber ganado la presidencia, perdió el apoyo que requería entre la juventud. La misma juventud que seis años después votó por AMLO porque prometió que él era diferente.

Una nueva juventud ocupa las aulas (algunas ya de modo presencial; otras todavía a distancia) de la UNAM y de las otras universidades. Algunos de los mismos maestros que apoyaron a sus alumnos para no callarse hace años son los que hoy son motivo de sospecha al por mayor.

Pronto descubriremos si los universitarios permiten que un senador contaminante como es Guadiana, concesionario de inmensas minas de carbón, producto que vende a la CFE para producir la energía más sucia del planeta (paréntesis: sería bueno que la UIF —ahí si con fundamentos— lo investigue a él primero que a nadie junto con las universidades que es dueño en Coahuila, dado que ahí sí se puede presuponer lavado de dinero pues sus presupuestos no parten de recursos público como es el caso del financiamiento a las universidades públicas), se inmiscuya —aprovechando que todos seguimos “despertando” de un enclaustramiento que nos ha mantenido parcialmente desconectados producto de la pandemia— en la autonomía de la UNAM y en las decisiones de esa y otras universidades.

¿Sucederá que los mismos grupos de izquierda de la UNAM que apoyaron a López Obrador se pregunten qué esta pasando y no estén contentos con este intento de intromisión en la Universidad? ¿O ocurrirá, que no faltando los avorazados, haya quienes consideren utilizar este despiole para encumbrarse en esta u otras universidades nacionales o estatales, tratando de tomar por asalto para la 4T el sueño de José Vasconcelos? Todo es posible; bien dicen: ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’.

Pero lo más seguro es que la necedad de meterse con científicos, con académicos que solo cumplieron con su obligación, con algunos destacados investigadores y docentes, y ahora la disparatada idea de investigar a todas las universidades sin ninguna razón real (si esto se trata de una reacción tardía a, ahora sí, investigar la llamada Estafa Maestra y llegar a sanciones, temo informarles que una solicitud partidista de investigación general desde el Senado no es el canal adecuado), tenga pésimas consecuencias para el régimen que dicen apoyar.

O quizá el ataque sin razón e indiscriminado contra los científicos, los expertos y ahora la UNAM, sea la señal de hartazgo ante una administración que gobierna con mentiras, con falsedades y lo peor, a punta de caprichos y tratando de violar la ley. No lo sé.

De lo que sí estoy convencida es que es momento de utilizar el estudio científico para exigir el cumplimiento de la ley. Podrá un grupo de resentidos tratar de vulnerar a las instituciones de educación superior en México, pero los universitarios pasados y presentes no debemos permitirlo.

Y en ese sentido, sea uno o no egresado de la UNAM, hay que lanzar un: ¡Gooooya!, ¡Gooya! ¡¡Universidad!!

Espero que ‘por mi raza hable el espíritu’ y a través de este la autonomía de la UNAM. Que el respeto a las garantías individuales, a la ley y al dignidad de los funcionarios y académicos de las instituciones de educación prevalezca.