En ese afán de posicionarse en los temas más importantes de la agenda pública, la oposición continúa sin encontrar la brújula. No hay, de hecho, un diseño o plan de trabajo que pueda comenzar a marcar agenda. Es, en palabras más simples, una contraparte ausente. Son tiempos difíciles para ellos. No son nada habilidosos ni mucho menos tienen algún oficio político que al menos provoque alguna reacción entre la sociedad. Después de todo, continúan siendo una oposición espectadora que está a expensas del ruido altisonante que puedan provocar ante un público que se rinde ante la presidenta de México. Eso, que no deja de impresionarnos, sigue siendo el común denominador en el sistema de partidos. Hay una diferencia abismal entre una militancia y la otra. En Morena, por ejemplo, predomina el apoyo y un grueso de ciudadanía que alimenta esta enorme columna vertebral. Esa es la diferencia clave que ha puesto en evidencia, inclusive la oposición atraviesa por embarazosos momentos cada que efectúa un posicionamiento ante los medios de comunicación. Hoy mucho de ello es la postura de Alejandro Moreno, que parece que nomás tiene cabida con Carlos Alazraki. Y él, que no tiene un peso como comunicador ni mucho menos como líder que puede llegar a construir un público, sigue salpicando esa narrativa soez y mezquina que es la que pulveriza a un contrapeso diezmado.

¿A qué juega la oposición? Esa, como muchas otras interrogantes, es una pregunta que nos hacemos a diario. A más de un año de haber tomado protesta la presidenta, a propósito de ello, las contrapartes siguen viviendo en la orfandad. El gobierno en turno no los toma en cuenta para construir propuestas porque sus determinaciones no influyen; es decir, no necesitan sus votos considerando que hay una coalición fuerte y vigorosa que ha caminado con la jefa de Estado. Hay, en efecto, una notable diferencia entre un proyecto y otro. El PAN y PRI, por ejemplo, son adictos a la polarización. Por eso han quedado tan impresionados de la pérdida de simpatizantes que ha tenido. El Revolucionario Institucional, que fue todopoderoso en el siglo pasado, ha caído hasta la quinta o sexta posición en ese mosaico de partidos. Lo peor de todo es que siguen perdiendo terreno desde que Alito decidió tomar el control total de las estructuras. Su visión, en efecto, es totalmente errónea tomando en cuenta esa notoria falta de oficio para resolver situaciones de interés nacional, como ser una fracción que haga ruido en ambas cámaras legislativas.

Y el PAN, que sigue viviendo de los recuerdos, siguen colgados en el pasado. Actúan como si de verdad les importara la democracia cuando, en sus dos gobiernos de la república que encabezaron, por poquito venden y privatizan todo. Para evitar que eso sucediera, del todo, la resistencia que protagonizó la izquierda fue crucial. El elemento común, sin lugar a duda, radica en la organización que se aprovechó al máximo en esa etapa crucial antes del histórico 2018. Fue un esfuerzo considerable que trae sus recompensas con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder institucional. Desde ese momento, hasta ahora, la propaganda golpista no ha cesado. Eso muestra más el grado de desesperación del PRIAN, que tal parece que han disuelto la sociedad debido a los malos resultados que promediaron las últimas dos contiendas a la presidencia.

Pero no solo es la mala racha, producto de su inoperancia, sino la falta de liderazgos que es de lo que depende un funcionamiento. El PRI, por ejemplo, perdió todos sus bastiones pese al esfuerzo que hicieron por retenerlos. Alito, de hecho, se encargó de ser el principal verdugo de esa situación al apoderarse de las decisiones. Hizo a un lado a los jerarcas del PRI y, por ende, tuvieron que adoptar un papel de coalición con el PAN. Eso los hizo caer en la apatía y el desprecio del grueso de la población. Además de ello, siempre han sido víctimas de sus propios errores y rehenes del pasado corrupto, pese a que Alito dice de mil maneras que no hay que subestimar al PRI. La mala noticia para ellos es que, por el momento, nadie quiere hacer una sociedad porque, en condiciones como esa, el PRI va que vuela para perder el registro. Lo mismo padeció el PRD. Puede que sea la misma historia. Inclusive, tiene un parecido semejante de aquellos que están destinados al fracaso por su falta de compromiso, moral y ética.

La oposición está pulverizada. Por eso recurren al tradicional esquema de propaganda golpista que ha sido tan cuestionada por una sociedad que, una y otra vez, ha dicho estar en contra de la guerra sucia que se propaga. La gente quiere resultados, no politiquería. De hecho, en los planes de la gente está revalidar el triunfo en la mayoría de las entidades, incluyendo, lo dijimos, Querétaro y Chihuahua.