Apenas hace unas horas —con un informe detallado por las instituciones del Estado— supimos que México, de nueva cuenta, marcó un precedente al promediar una cifra histórica de inversión extranjera directa. Eso, al cierre de este primer semestre, son los datos que atestiguan la consolidación de nuestra economía, pero también los puentes de confianza que hemos tendido a otras naciones que, por lo que vemos, observan a nuestro territorio como una palanca de desarrollo. De hecho, siempre retomamos esa visión que hemos destacado cada una de las veces que hacemos referencia a una noticia de esta envergadura. No es para menos: esta es la clara visión de una presidenta que sabe cuáles son sus principales prioridades.
La presidenta de México, como científica y académica, sabe a la perfección cuáles son los desafíos que hay que superar ahora que el mundo atraviesa un periodo de globalización y cambios constantes en la tecnología. Nosotros, de hecho, hemos demostrado que sabemos adaptarnos a esa velocidad con la que avanza. Incluso, dinámicas como Mentes en Acción se justifican para reunir a quienes tienen talentos especiales y, a su vez, demuestran que pueden construir mecanismos que necesitamos para nuestra vida diaria. A través de las secretarías, por ejemplo, se acompaña, se premia y se busca algún destino en la iniciativa privada para tener cabida en la industria. Al ser un aspecto de enorme identificación, por medio de un contacto directo, eso nos coloca en un punto estratégico para seguir afianzándonos como una de las economías más fuertes y sólidas del planeta.
Aunado a ello, potencialmente notable, están los porcentajes que hemos consultado en los informes que resumen las propias secretarías de Estado que están a cargo de este rubro. Podemos decir, viendo las proporciones, que nuestro país no solo cumplió con la meta que se trazó, sino que la superó con una tendencia contundente que, si hablamos de cifras récord, nos permite asegurar que el despunte es gracias a esta reconfiguración social, económica e industrial. En esa visión firme, evidentemente, constatamos que se cerró este primer semestre con 34 mil 968 millones de dólares de inversión. Fue, de hecho, un ascenso si comparamos los pormenores que aparecieron en los informes de 2025; es decir, un crecimiento del 2.1 %.
Todo eso, especialmente ahora, está dejando una huella que difícilmente alguien podrá superar. Incluso, estamos proyectando una certidumbre hacia los mercados internacionales que, por la calidad de los productos, seguirá apuntando a más destinos para engrosar la lista de países que han decidido invertir en tierra mexicana. Al ir encaminándonos más —mucho más de lo que se tenía presupuestado—, podemos concluir que México, ante la demanda de la capacidad productiva, ha capitalizado las áreas de oportunidad ahora que la expansión se multiplica por muchas entidades de la República. Aunque la inmensa mayoría de esa inversión se concentra en Ciudad de México, Nuevo León, Estado de México, Baja California y Jalisco, hay más proyectos que pueden generar esa ola de inversiones ahora que hemos demostrado que somos un imán para captar esa concepción.
Se está actuando con mucha inteligencia y con la cabeza fría, como ha pedido la presidenta Sheinbaum. Se nota que las secretarías saben a la perfección cuál es la meta que hay que superar siempre. Una de ellas, desde luego, es la expansión de parques industriales que se incorporen a esa dinámica de trabajo. Al igual que ellos, debemos hacer énfasis en el rubro manufacturero ahora que se está aprovechando el desarrollo regional que, a la postre, es el motor que transforma la vida de miles de familias que, además del sustento, cuentan con un esquema de certidumbre para mejorar la calidad de vida. De hecho, desde que la presidenta anunció el Plan México y los Polos de Desarrollo, se han afianzado las relaciones diplomáticas con otras naciones. Tomando el diálogo como estandarte, sobra decir que sostenemos ese ritmo vertiginoso de un mundo globalizado y una agenda internacional que es muy exigente cuando se trata de economía global.
Y como somos una plataforma en pleno crecimiento, vemos que el futuro puede ser más próspero si nos proponemos metas más ambiciosas. Para ello, desde luego, hay que afinar las estrategias que, por ende, proyecten ese desarrollo al que hemos hecho énfasis con vehemencia; eso sí, adoptando y poniendo en práctica los preceptos de la Cuarta Transformación. Algunos de ellos, para afianzar esa confianza, son la transparencia con la que se actúa. Todo eso, por añadidura, propicia una participación destacada porque, simple y sencillamente, hay una coordinación entre el gobierno y la iniciativa privada. De ese lado, con recursos al alcance de todos, la administración de Claudia ha planteado un esquema de lineamientos jurídicos que son, por lo tanto, el imán para que esas cadenas de suministro operen con esa intensidad.
Y, por si eso fuese poco, el gobierno de México divulgó un comunicado para revisar los detalles del informe de este primer semestre de 2026. Algunos de los aspectos que destacan, por su esencia, son la evolución favorable. Hablamos de que el producto interno bruto creció un 1.9 %; también vimos que hay niveles moderados en la inflación, con una ponderación del 3.26 % anual. De acuerdo con esos datos del INEGI, que recibimos con gran entusiasmo, están las actividades primarias, que subieron un 4.8 %; las terciarias, un 2.3 %; y las secundarias, un 0.9 %. Todo esto, en retrospectiva, es producto de la cultura del trabajo, pero también de la buena planificación.



