Nada haría más feliz a muchos mexicanos que ver desaparecer de la política a Adán Augusto López. No es un personaje querido. Por el contrario, se trata de un hombre envuelto en escándalos de corrupcion y probables lazos con el crimen organizado. A raiz de que se diese a conocer que había nombrado al líder de la Barredora como secretario de Seguridad de Tabasco, su reputación ha caído hasta lo más profundo del abismo. Sumado a ello, su prepotencia y su “no doy declaraciones” no han hecho más que atizar el desprecio de un buen número hacia su persona.
Es un impresentable y un probable líder de un grupo delincuencial. La FGR de Ernestina Godoy no ha osado ni siquiera investigarlo. No lo hará. Sin embargo, ha sufrido algunos reveses, seguramente derivado de la voluntad de otras facciones de Morena, y muy seguramente de la presidenta Claudia Sheinbaum, de disminuirlo lo más posible.
Andrea Chávez, hija política del senador, ha sido descartada para la gubernatura de Chihuahua. A pesar de la puesta en marcha de una precampaña ilegal dirigida a posicionarla como pretendiente para arrebatarle la entidad al PAN, la han echado a un lado. Como si la operación política de Adán Augusto no hubiese sido suficiente, la joven legisladora tendrá que resignarse a no ser, por ahora, la mandataria de su entidad.
Por otro lado, el antipático Arturo Ávila, privado de todo carisma y don de gentes, tuvo que echarse para atrás en sus intenciones de ser candidato de Morena a Aguascalientes, y también, a la alcaldía Cuauhtémoc. No han resultado suficientes, al final, sus “paseos” por Tepito ni sus patéticas simulaciones de ser un hombre “cercano al pueblo”. Tendrá que contentarse con buscar de nuevo una diputación federal, seguramente por la vía plurinominal. Por buenas razones le llaman “cero votos”.
Ávila fue, como se recordará, el coordinador de campaña de Adán durante el destape de las corcholatas. Ha intentado negarlo en cada mesa de debate. Sin embargo, su cercanía con el senador resulta evidente a la luz de su quehacer politico y de su ascenso mediático.
En suma, los fracasos temporales de Chávez y Ávila parecen representar un golpe a la influencia de Adán Augusto en el partido oficial. Resulta sobremanera ingenuo creerse el cuento de las encuestas, y todo apunta hacia que el ex secretario de Gobernación, presunto narco político, está en caída libre.
