Sería gracioso si no fuera patético. No todos los días un presidente de Estados Unidos se esconde en un camión de catering para burlar a sus adversarios. Pero Donald Trump, fiel a su estilo, convirtió lo que debía ser una rutinaria salida de una reciente cumbre de la OTAN en una escena digna de una película de espías. Y el mundo, una vez más, asiste atónito a la combinación perfecta de paranoia, teatro político y riesgos reales.

Según revelaron medios como The Washington Post y CBS News, Trump abandonó Turquía el pasado 8 de julio no a bordo del Air Force One que todos vieron despegar, sino escondido en un camión de catering que lo trasladó a un avión militar más pequeño. La razón: una supuesta amenaza creíble de Irán de lanzar un misil contra su aeronave. El presidente, que horas antes se había declarado el “objetivo número uno” de Teherán, decidió jugar a las escondidillas con sus propios escoltas, su gabinete y, lo más grave, con la prensa que lo cubre.

No es solo que Trump haya utilizado un artilugio tan poco presidencial como un camión de comida para moverse sigilosamente; es que, además, mantuvo en la oscuridad a los periodistas que viajaban con él, obligándolos a bajar las cortinillas y a volar sin saber que su “pasajero VIP” ya no estaba a bordo.

Así, pues, Trump utilizó a los medios de viles escudos humanos, en su paranoia. Algo simplemente deleznable, aún para él.

Y luego está el detalle técnico, no menor: el nuevo avión presidencial, un Boeing 747-8 donado por Catar, aún no está completamente adaptado con los sistemas de defensa de sus predecesores. Fuentes citadas por CBS News señalan que los modelos antiguos cuentan con tecnología láser para desviar misiles; el nuevo, en cambio, sigue en fase de actualización. ¿Fue por eso que Trump prefirió volar en el viejo Air Force One, el cual no era necesario cambiar, por cierto? Dirían por ahí: el miedo no anda en burro.