Hoy les quiero platicar sobre el Programa de Vivienda para el Bienestar (PVB) en Sonora, que no solo busca resolver el rezago habitacional que afecta a más de 250 mil familias, sino que muestra cómo un gobierno cercano a la gente puede ajustar sus políticas según las necesidades reales de los ciudadanos. Este rezago no es solo un dato frío, representa a familias enteras viviendo en condiciones difíciles; sin espacios adecuados para crecer.
Este programa fue lanzado en Sonora en febrero de 2025 bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum y el gobernador Alfonso Durazo, y apunta a construir 55 mil viviendas en el sexenio, con más de 20 mil ya en marcha este año, dando prioridad a edificios multifamiliares – de 4 pisos- accesibles para grupos vulnerables. Estas cifras reflejan un compromiso serio con la equidad social, clave en la visión de la 4T.
Sin embargo, el éxito del PVB depende en gran medida de la capacidad del gobierno para escuchar a la gente, un principio básico de la 4T que se ha probado efectivo en cambios rápidos, como mover proyectos por las quejas de vecinos.
Por ejemplo, en Hermosillo, el plan inicial de mil 450 viviendas en el poniente, justo en el bulevar Colosio final —frente al Estadio Sonora—, generó protestas por el temor a sobrecargar servicios como agua, drenaje y tráfico. Estas inquietudes son válidas en una región con recursos limitados. Frente a las manifestaciones, el gobierno estatal, trabajando con el federal, decidió reubicar el proyecto a otros terrenos en Hermosillo, reconociendo las demandas justas de los residentes y evitando pleitos mayores.
Esta decisión no solo evitó un estancamiento, sino que reforzó la confianza en el programa, probando que la 4T valora el acuerdo por encima de imponer decisiones. Escuchar de esta manera es clave para que el PVB funcione, porque convierte problemas en oportunidades para mejorar. Sin estas acciones, incluso las mejores ideas pueden fallar.
En un estado con retos ambientales como el desierto sonorense, no escuchar a la gente local podría repetir errores del pasado, como los edificios multifamiliares abandonados en Guaymas, donde colonias como Loma Dorada, construidas en los años 70’s y 80’s, terminaron en total abandono y en peligro para el entorno, por diseños que no encajaban con las necesidades de las familias, ya que no tenían privacidad y con malos cuidados de los vecinos. O en Hermosillo, donde proyectos como La Nuevo Hermosillo tuvieron los mismos problemas. Estos casos nos recuerdan que hay que aprender de la historia.
Los sonorenses tenemos un arraigo fuerte a lo propio y queremos sentir que la casa es nuestra, por eso es vital considerarlo ahora que el PVB apenas arranca, para que las viviendas den un sentido real de pertenencia. Esto va con nuestra forma de ser.
Además, sería ideal que el programa incluya zonas verdes y espacios de convivencia con asadores, para que las familias se reúnan y fomenten lazos de amistad entre vecinos. A los sonorenses nos encanta la carnita asada como tradición, y por eso áreas comunes lindas y útiles no solo harían más bonitos los lugares, sino que ayudarían a unir a la gente, asegurando un éxito a largo plazo en estas casas, al crear comunidades sólidas y unidas. Esta idea cultural podría ser decisiva para que perduren en el paso de los años.
Para que el PVB sea para todas y todos y dure, sobre todo porque los edificios de cuatro pisos no tendrán elevadores —un reto grande para adultos mayores y personas con discapacidad, que son prioridades—, sugiero poner diseños accesibles desde el inicio, como rampas anchas, pasillos cómodos y preferencia en pisos bajos para ellos. La inclusión no puede ser algo de último minuto, incluso, podría haber edificios que sí cuenten con elevadores para la población vulnerable, sería cuestión de valorar y enfocarse en el fin que tiene este programa.
Además, para que las casas perduren y se adapten como hogares “para siempre”, sería bueno agregar partes que se puedan cambiar, como dejar adaptaciones para elevadores hidráulicos y también será importante dar clases a la gente que las habitará, sobre cómo cuidarlas, esto servirá para que la juventud de ahora no tengan problemas en un futuro cercano y el programa realmente sea un éxito. Sin abrirse al diálogo, el programa podría alejar a la gente, pero escuchando, se asegura que dure y guste, cumpliendo con la constitución que dice que todos merecemos una casa digna.
En Guaymas, existen edificios -multifamiliares de la calle seis- que son un peligro para quienes no se han mudado, porque simplemente no tienen otro sitio dónde vivir, así que me sumo a la petición de esas familias de rehabilitar o rehacer totalmente esos edificios, metiéndolos al PVB para dar seguridad y dignidad a esas familias. No los podemos dejar en el olvido.
El gobernador Alfonso Durazo ha sido un referente en el país, al proporcionar mil hectáreas de tierra y unir esfuerzos, haciendo de Sonora un ejemplo para México. A su lado, Fernando Rojo de la Vega, secretario de Bienestar en Sonora, ha dirigido el trabajo local, poniendo énfasis en la igualdad y en responder a lo que se necesita.
Paulina Ocaña, jefa de la Oficina del Ejecutivo del Estado de Sonora, ha sido importante en difundir el programa, afirmando en redes que “lo que antes era un privilegio, ahora es un derecho”, y uniéndose a reuniones para ajustar a lo que pide la gente.
En conclusión, el PVB muestra cómo la 4T escucha a la gente, hace de las políticas de gobierno algo que cambia de verdad, que crea confianza y fuerza para el futuro.
Como columnista, aplaudo estos avances, pero llamo a no bajar la guardia: solo con diálogos constantes, las familias de Sonora y de México tendrán acceso a viviendas dignas tal como lo mandata nuestra presidenta Claudia Sheinbaum. Abrazo revolucionario virtual.
@cpjannybarrera