En 2026 se cumplen 20 años de la creación de la figura SOFOM. Dos décadas después, el balance es incómodo: no hay estadísticas consolidadas, no hay seguimiento institucional, no hay política de desarrollo del crédito productivo y no existe una agenda clara ni desde la banca de desarrollo, ni desde la banca comercial, ni desde el mercado de valores.

México creó a las SOFOM para resolver un problema estructural —la falta de crédito especializado fuera de la banca—, pero terminó multiplicando intermediarios sin construir sistema.

De las SOFOLES (1994) a las SOFOMES (2006): del diseño sectorial al desorden cuantitativo

Las SOFOLES nacieron en el contexto del primer Tratado de Libre Comercio, con un enfoque claro: especialización sectorial, autorización limitada y supervisión directa. Fueron pocas, focalizadas y, durante un tiempo, efectivas. En su último reporte como Sofoles sus carteras totales sumaban más de 250 mil mdp en carteras. Tanto hipotecarias, automotriz y empresarial. Hoy no hay datos sólidos de una fuente oficial.

La reforma de 2006 creó la figura SOFOM, separándola en:

  • SOFOM E.R. (reguladas).
  • SOFOM E.N.R. (no reguladas).

El objetivo era ampliar el acceso al crédito. El resultado fue otro: un boom desordenado. Miles de entidades constituidas, transformadas o registradas, sin un marco de desarrollo, sin fondeo estructural y sin métricas homogéneas. La Condusef reporta más de 5 mil sofomes registradas, pero activas no superan el 20 por ciento.

Las columnas más leídas de hoy

Hoy, nadie puede decir con precisión:

  • Cuántas SOFOM operan realmente, tamaño de activos, pasivos, capital contable, reservas.
  • Cuántas están activas.
  • Cuántas generan crédito productivo.
  • Cuántas sobreviven con cartera sana. La estadística y datos son irregulares e incompletos.

Y ese vacío no es técnico: es institucional.

El mito nacional: una SOFOM “nacional” no existe sin ejecución local

Aquí está el error central del modelo mexicano:

Una SOFOM E.N.R. no puede ser nacional. Debe ser territorial. La ventaja competitiva real de una SOFOM no es la tasa ni el producto; es el conocimiento local:

  • Del cliente.
  • Del flujo.
  • De la garantía.
  • Del notario.
  • Del Registro Público.
  • Del catastro y en caso de impagos del juzgado y del actuario.

Cuando una SOFOM toma garantías fuera de su cobertura real, pierde control de ejecución. La cobranza se vuelve litigio remoto y la garantía se vuelve un archivo pdf.

Regla básica de supervivencia:

  • No tomar garantías fuera del radio de control.
  • Si se quiere crecer: corresponsalías regionales, no expansión improvisada.
  • Crecimiento por red, no por dispersión.
  • Sin ejecución, no hay crédito. Y sin crédito cobrable, no hay fondeo.

Los casos emblemáticos no fueron accidentes: fueron advertencias

Los colapsos de Crédito Real, Unifin, AlphaCredit y otros más recientes en Monterrey o Guadalajara no son historias aisladas.

Comparten el mismo patrón:

  • Fondeo caro y de corto plazo.
  • Descalce de plazos.
  • Concentración.
  • Una verdad incómoda: cuando la recuperación depende del sistema judicial, el modelo se rompe.

No fue solo mercado. Fue inejecución.

Supervisión fragmentada: si no saben, y si no pueden, que no estorben

Veinte años después:

CNBV no tiene una base consolidada y pública de desempeño del sector, eso sí cobra por derechos de supervisión lo cual es inconstitucional para las SOFOM E.N.R.

Condusef administra registros extensos, pero no genera información útil para fondeadores ni para política pública.

El SAT se ha convertido en el brazo sancionador vía multas, sin distinguir entre intermediarios serios y cascarones.

El resultado es perverso:

  • Más carga burocrática.
  • Más reportes de PLD.
  • Más sanciones formales.
  • Mero desarrollo del crédito productivo.

La supervisión se volvió administrativa, no económica ni prudencial. Si no mejora prácticas, fondeo ni ejecución, no agrega valor.

Las SOFOM están fragmentadas en asociaciones pero no cuentan con una representación única ante las autoridades financieras y el gobierno mexicano. Ello les resta interlocución de primer nivel como sector integrado.

El gran ausente: la banca de desarrollo, la banca comercial y la bolsa

En 20 años:

  • La banca de desarrollo no construyó un programa estructural de fondeo SOFOM.
  • La banca comercial fondea solo a unas cuantas grandes.
  • El mercado de valores prácticamente desapareció como vía de financiamiento no bancario.

Sin securitización, sin emisiones recurrentes y sin mercado secundario, la SOFOM promedio queda atrapada entre:

  • Originar rápido.
  • Cobrar lento.
  • Morir en silencio.

2026–2030: el riesgo ya no es financiero, es institucional

Un Poder Judicial local lento, parcial o impredecible no es un problema jurídico: es un riesgo de liquidez sistémico para las SOFOM.

Cuando la ejecución falla:

  • El fondeador sube tasa o se va.
  • La cartera se castiga.
  • El crédito productivo desaparece.
  • El sistema se informaliza.

El discurso de Estado de derecho sin ejecución no sirve para fondear crédito.

La salida posible (si se quiere)

  • SOFOM territoriales por diseño, no por discurso.
  • Corresponsalías regionales con métricas de recuperación.
  • Segmentación regulatoria por materialidad, no por nombre.
  • IA aplicada a originación, fraude, cobranza y litigio, con retorno medible.
  • Justicia civil y mercantil ejecutable, digital y trazable.

Veinte años después, el problema de las SOFOM no es la tasa ni la competencia fintec

Es más simple y más grave:

En México, el crédito no lo mata el mercado. Lo mata la inejecución. La improvisación y de gente queriendo ser banqueros de oportunidad.

La figura es buena y debería ser un aporte al crédito productivo relevante al PIB. Identificar bien regiones de colocación para empresas MIPYMES, vivienda y no solo consumo. Darle valora agregado a las regiones donde operan, a sus accionistas y empleados. No pueden invitarlos a la mesa del sector financiero donde conviven con bancos o sofipos e ignorarlos. Se puede y debe hacer un mejor trabajo.

Mario Sandoval. CEO FISAN SOFOM ENR. Banquero y abogado con más de 30 años de experiencia profesional a nivel directivo.