“Pienso y luego existo”.

René Descartes

Después de un análisis muy estricto de la Inteligencia Artificial (IA), particularmente de la de marca Meta propiedad de Mark Zuckerberg, llegué a la conclusión de que, impresionantemente, lograron que la IA tenga razonamiento. Sí, razona.

Le hice varias preguntas y pude concluir que lograron ya el razonamiento artificial, más no lograron que la IA piense, ya que el pensamiento humano está condicionado por sentimientos, los cuales son personales, y también por el instinto que ha moldeado a la persona, llamado inconsciente, los cuales jamás podrán imitar tecnológicamente.

La IA no puede tener personalidad, pero sí la capacidad para razonar, repito, con todos los datos que recaba de internet, y así poder estructurar respuestas y discusiones.

La frustración que sentí al usar por primera vez la IA de Meta me hizo escribirle una carta a Mark Zuckerberg en este mismo portal, pero ahora entiendo que la IA es muy útil y cada vez lo será más, y hay que entender que puede razonar, y entre más conocimientos o datos tenga, más lo hará, y por lo mismo podrán surgir confrontaciones.

José Ramón, el hijo de nuestro expresidente Andrés Manuel López Obrador, a quien yo personalmente admiro, tuvo también un enfrentamiento con la IA, pero de la plataforma X, porque al igual que nos sucedió a mucho de nosotros, al inicio parecía que estábamos hablando con una persona al otro lado del teléfono celular o de la computadora.

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Lo más positivo es que al parecer, todas las inteligencias artificiales toman sus conocimientos de las mismas fuentes de internet, por lo que si podremos esperar uniformidad en las respuestas que se les soliciten en todas partes del mundo.

Finalmente, por más avances que existan en tecnología y en inteligencias artificiales, ningún sistema será capaz de enseñarle a un ser humano lo que mi padre logró conmigo: hacerme un hombre de bien.