“Hombres que cometieron crímenes graves siguen siendo importantes en la sociedad, caminan por la calle, ocupan cargos importantes, en vez de pasar su vida en la cárcel.”

MIHAI EMINESCU

“La impunidad del mundo es tan inabarcable, tan antigua y larga y ancha que hasta cierto punto nos da lo mismo que se le añada un milímetro más.”

JAVIER MARÍAS

Dejemos por un momento el circo político nacional donde uno —Alejandro Moreno— “dispara” la idea de que a la gente se le permita portar armas de alto calibre para defenderse y el otro —Andrés Manuel López Obrador— sale “disparado” con un “ahí se los dejo de tarea a la gente”.

También hagamos a un lado los discursos de derechas e izquierdas, de liberales y conservadores.

Por lo pronto, lo fundamental. Dos cosas: primero, en eso de las armas, como en tantos otros asuntos, las mujeres no estamos en igualdad. Volveré a ello más adelante… Segundo, en México NO existe el Estado de derecho.

Así, por un lado se sabe que Jesús Hernández Alcocer, el esposo de la cantante asesinada, Yrma Lydya, y “presunto” feminicida de esta podría salir libre. Por el otro, Alejandro “Alito” Moreno lanza al aire una propuesta polémica.

Para rematar, sabedor del debate que se viene, nuestro primer mandatario prefirió no contestar sobre lo que él pensaba de la iniciativa del líder priista.

¿Cuál terminará siendo la motivación de las cosas? La política. Y es que lo peor que le podría pasar en estos momentos al gobierno federal y al gobierno de la ciudad de México —este encabezado por Claudia Sheinbaum— es que Hernández Alcocer sea absuelto así sin más. Por razones políticas —que no de justicia—, las autoridades no se pueden dar el lujo de permitir que, bajo ningún subterfugio legal o compadrazgo, dicho individuo quede libre o se le otorgue la prisión domiciliaria. Esa es la realidad.

Entonces, ¿qué el señor tiene 79 años? ¿Y? Ahora resulta lo suficientemente joven para andar (yacer, coger, tener relaciones, usar viagra) con una dama de veintiún años, pero no es lo suficientemente joven para pasar su condena en la cárcel. Una de tantas incongruencias que se avecinan.

Pero paremos ahí un momento y preguntémonos otra cosa: ¿usted cree que, de saber que Yrma Lydya también iba armada, este cobarde asesino no se lo hubiese pensado bien antes de sacar su arma para matar a su esposa? ¿O lo estoy entendiendo mal y no es tanto una cuestión de armas como de quién tiene los “compadres” más influyentes para pitorrearse de la ley?

Yo creo que, mismo con sus amigotes, al momento de la verdad, si ella también hubiese llevado una pistola y él lo supiera, (suponiendo rapidez de ella, y otros etcéteras), Hernández Alcocer se lo habría pensado dos veces antes de dispararle a quemarropa y en la cabeza. Mi humilde opinión.

Pero dejemos de lado mi apreciación personal y vayamos a lo concreto. Con “licencia para matar” o sin ella, en México tenemos un problema de muerte (más de 120,000 en este sexenio) y un tráfico ilegal de armas que el mismo gobierno sabe bien no controla.

¿Cuántas personas conocemos que se jactan de tener armas y no solo en sus domicilios “por cualquier cosa que se pueda ofrecer”? O sea, para matar dependiendo de las circunstancias… porque para eso son las pistolas. Si uno la saca, no es para meter miedo, es para meter plomo.

¿Qué sucede con las miles de armas que sabemos cruzan el país y no están legalizadas? Ocho de cada diez armas que ingresan a México están en poder de criminales; las otras dos en poder de gente como Hernández Alcocer…

¿Más números? Hay algo así como 15 millones de armas en manos del crimen organizado; al día entran a México 2,000 armas provenientes de Estados Unidos. El 80% de las armas ingresan por la frontera norte, el 14% por la sur y el 6% restante son robo a fuerzas de Seguridad Pública.

Con lo cual, más allá de la propuesta peregrina de Alito ¿qué pasaría en el caso de México si hubiera mayor permisibilidad?¿Veríamos a la madre de familia y al narcotraficante solicitando permisos para legalizar sus armas?

La política restrictiva en nuestro país no sirve. Tampoco la permisiva del otro lado de la frontera. Ambas han resultado nefastas.

Es momento de que como sociedad nos preguntemos: ¿qué pasaría si hubiera mayor permisibilidad? O, al revés, ¿mayor restricción? ¿Qué ocurriría en México con una reglamentación como la estadounidense?

Me temo que el problema fundamental, como fue en el caso del feminicidio de Yrma Lydya, es que los actos criminales en México se realizan con perfecta impunidad. Uno no tiene defensa alguna si alguien te saca una pistola y te sorraja tres tiros (seas la esposa de un “influyente” abogado o quien en la combi tarda en entregar su celular al raterillo en turno).

Ese es el asunto principal: el Estado no está proveyendo de seguridad a su población. Y ante esto, mismo en flagrancia, existe la posibilidad de que el asesino (dejemos lo de “presunto”, por favor) no reciba castigo conforme a la ley. Esa es la verdadera tragedia.

Toca por ende a la población plantearse diferentes escenarios, debatir con base en lo que estamos viviendo y, a partir de ello, proponer nuevas soluciones que tengan verificativo en la realidad social. No es lo legislado, sino la aplicación de la norma lo que no está funcionando.

Es buen momento para no casarse con una u otra posición normativa, sino discutir cómo hacerlas cumplir. Más allá de la prohibición o la apertura, cómo concientizar a la sociedad en su conjunto y en los particulares a estar del lado de la legalidad. No es sencillo.

Este sonado asesinato es un caso concreto de una ilegalidad, pero también de un desequilibrio de fuerzas y posibilidades. Solo por eso debiéramos darnos espacio para debatir lo que deseamos y buscamos como sociedad. Y es que este ejemplo triste, esta tragedia, nos debe hacer pensar sobre la capacidad que tienen algunos de torcer la ley.

El tejido social está roto. Si bien en teoría Yrma Lydya tenía el mismo derecho/la misma restricción que su asesino, su muerte demuestra lo contrario. Cuando no hay Estado de derecho, cualquier limitación o permisión da igual.

Por eso, preguntémonos con seriedad: si yo hubiese sido Yrma Lydya y hubiera tenido una pistola, ¿qué hubiera pasado?