Lo que aporta Claudia Sheinbaum al país es verdaderamente significativo, no solamente para el desarrollo social, sino para la propia imagen de que en México el modelo humanista tiene buenos efectos cuando se emplea en las causas que más aquejan a la ciudadanía. De entrada, vemos que la principal prioridad de la presidenta es el pueblo. Su cercanía con ellos, sumada a la agenda integral que vienen desempeñando las secretarías de Estado, le ha dado esa enorme legitimidad. Eso se debe a la constancia, pero también al compromiso que realizó la mandataria desde los tiempos de campaña. En ese entonces, recuerdo, prometió seguir con el legado de AMLO y, a su vez, profundizarlo a través de un programa de reformas constitucionales que ha ido impulsando desde el legislativo federal. Todo eso, en su esencia, es lo que ha puesto a nuestro territorio como una nación progresista, básicamente en este lapso crucial de consagración en la construcción del segundo piso de la 4T.
No es nada nuevo que tengamos que descubrir: se entienden las demandas sociales en salud, educación, desarrollo, economía, progreso, ciencia y deporte, sin olvidar la seguridad que, de un tiempo para acá, mejoró por las estrategias que se han puesto en marcha. Precisamente ayer, en los fragmentos de nuestra columna, pusimos principal atención en lo efectivo que ha sido enfrentar las acciones al margen de la ley. Quedó sobreentendido que, más allá de la presencia inexorable de efectivos, Sheinbaum le apuesta a la reconstrucción del tejido social a través de acciones que mejoren cualquier entorno. Estos componentes, además de inspirar tranquilidad, vienen a ofrecer confianza en las instituciones. Es posible identificar muchas de ellas, sobre todo ahora que hay ferias y marcos para acercar los servicios que presta la administración.
La función de Claudia, por cualquier ángulo que queramos verla, es potencialmente sustancial. Su papel activo y su protagonismo en el territorio le ha permitido conocer de primera mano el sentir social. Sheinbaum, de hecho, se presta a cualquier coyuntura en que la sociedad quiera expresar o participar. Esa filosofía va mucho más allá de una perspectiva. Sé que la oposición ha dicho que la aprobación de Sheinbaum es una exageración. Algunos más sostienen, en esa manera errada de ver las cosas, que todo esto es producto del legado que dejó Andrés Manuel López Obrador. Si bien la mandataria se formó en el seno de la izquierda, Claudia no está bajo la sombra del expresidente. Claro, las circunstancias la han hecho propensa a ese tipo de comentarios; sin embargo, la jefa de Estado, gracias a su trabajo, les ha demostrado que, como funcionaria pública, es una mujer echada para adelante.
El siempre hecho de tener mucha experiencia en el servicio público le ha permitido a Claudia fortalecer más esa visión humanista, pero sobre todo la sensibilidad para atender las causas. Ella misma, que reconoció el enorme reto que significa ser la mujer más votada de la historia en México, ha sacado a flote su capacidad como mamá, científica, académica y gobernante. Hay, de hecho, una enorme conexión que se percibe en todas las giras y presentaciones de la mandataria por las entidades. Vemos, por ejemplo, que vitorean su nombre y tienen un juicio muy atinado de la labor de la mandataria. Una de sus mayores virtudes, más allá de esos elogios que se gana merecidamente, es la sobriedad con la que toma ese protagonismo. Ante este escenario, aceptó con mucha cautela el reconocimiento que hizo la revista internacional TIME. Precisamente allí, ante numerosos liderazgos de una talla global, la presidenta hizo gala de su nombre entre los personajes más influyentes del planeta.
Forjar un sendero como este no cualquiera lo puede presumir, sobre todo cuando has abierto camino a un éxito preponderante. Ella, de hecho, va sumándose a personajes como el propio mandatario de Estados Unidos y el secretario de Estado, que han podido conquistar esa cima por la fuerza que cobra su imagen mediática. De ese modo, debemos admitirlo así, estamos muy orgullosos de quienes nos representan desde el poder institucional. Ya vimos casi los primeros dos años de gestión de Sheinbaum y, por ende, tenemos una percepción más nítida del sentido humanista, muy usual en ella, por cierto.
Claudia Sheinbaum, aunque le cueste trabajo aceptarlo a la oposición y a la prensa conservadora, es una de las mujeres más influyentes y con mayor poder político del mundo. En México, por ejemplo, hay gobernabilidad, equilibrio, desarrollo, bienestar, progresos, educación y salud.
