Morena ha cumplido más de una década como partido político. Todavía, en esa reconfiguración de fuerzas que hay en México, se alcanza a percibir que el partido, por su forma y sus características, continúa siendo un movimiento social que aglutina a muchos sectores sociales, tanto por su afinidad por las causas justas como por la alternativa que representa en lo colectivo. De hecho, la expresión no manifestó ser como las demás, sino una columna vertebral que opera bajo preceptos que están bien definidos. Su presencia, de norte a sur, ha dado señales claras de que es, por el número de simpatizantes, la más numerosa del país. Incluso, se sostiene de logros y de todo aquello que alimenta el fin de transformar.
Entonces Morena, al sostenerse con grandes pilares, tiene que seguir fortaleciendo sus raíces. El número de entidades que gobiernan, lo mismo que la presidencia de la República, son motivos suficientes para redoblar esfuerzos. Dada la naturaleza de los grandes desafíos del país, desde luego, hay un inmenso reto que es crucial ahora que se piensa en la expansión. Me refiero a que habrá renovación de diecisiete entidades federativas, lo mismo que elección para constituir la cámara baja. No es cualquier cosa: hay razones de sobra para seguir pensando en la capacidad de influir en políticas públicas a fin de que México continúe posicionándose como un modelo a seguir. Ante el mundo, por ejemplo, hemos demostrado el oficio para articular un modelo humanista que da resultados. Esta visión de la que hablamos, de una estructura de prioridades, pone por encima de cualquier cosa a quienes más requieren asistencia y acompañamiento a través de programas. Eso es justicia social, pero también el vehículo que nos pone muy por arriba de otras naciones. Hace poco, en efecto, enumeramos las doce razones que mencionó Sheinbaum para asentarnos como una de las potencias económicas.
Estamos hablando de muchas causas que deben ser atendidas en pro de esa declaración de principios de las que hablamos en los fragmentos de esta columna. Es, por lo tanto, el momento preciso para afinar un proceso en el que Morena, dado su compromiso, tendrá que revalidar ese efecto que han manifestado todas las encuestas de opinión. Siendo así, esto constituye uno de esos momentos que tiene que operar hasta el más mínimo detalle. El partido guinda, de hecho, ha ido atravesando por momentos difíciles en lo que, por su envergadura, ha sido determinante sacar a flote la sapiencia para tomar decisiones correctas. Hace cinco años, recuerdo, López Obrador abría el juego de las llamadas corcholatas. Fue sumamente calculador para asumir lo que vendría en puerta. A nuestro juicio, evidentemente, siempre dijimos que fue la mejor determinación porque, además de tener suficiente tiempo para operar las fracturas, le ganó terreno a la oposición, que no supo cómo reaccionar ante la impronta.
El propio López Obrador, se notó, fue acomodando las cosas, dando un golpe de timón en las decisiones. Eso, a la postre, fue la confirmación de que siempre tuvo la razón, mayormente tener una organización y logística. Aunque hubo reproches al interior y uno que otro momento de turbulencia, Andrés Manuel, en un tramo calculado, se adelantó y, por ende, tuvo tiempo suficiente para subsanar cualquier herida que haya provocado un ejercicio que, con antelación, se jugaba en su mayor apogeo. Viendo que eso dio resultados, y dada la visión de una estratega, la presidenta ha decidido algo similar. Primero fueron los cambios inminentes de una dirigencia que, en aquel entonces, había perdido un poco el rumbo con Luisa María Alcalde. Hubo empuje, pero no sapiencia para operar los temas complicados como la unidad y la misma conducción de un partido, a sabiendas de que vendrá el proceso más grande de la historia que muy pronto se jugará a lo largo y ancho del país.
Lo que Claudia necesitaba, sin lugar a duda, era un personaje de todas sus confianzas para tomar decisiones. Ariadna Montiel, desde hace tiempo, se ha convertido en una mujer cercana a la presidenta. Ella, sin exabruptos, está marcando el rumbo de un movimiento que, en definitiva, se impondrá a una oposición disminuida. Ante ese marco inmejorable, básicamente para mantener el ritmo, Sheinbaum mandó un mensaje de que va por todo. Primero que nada, para no revivir otros episodios de fracturas internas, articuló cambios en la dirigencia nacional. Estos ajustes, en términos políticos, fueron controlar el proceso interno. Se superó, por ejemplo, la primera prueba de fuego, que fue la dinámica de registros a la coordinación. En ese reacomodo, sobra decir, el tema del nepotismo siempre fue uno de los desafíos que había que procesar para evitar sobresaltos.
La sapiencia de Sheinbaum, a través de Ariadna, pusieron en práctica una operación cicatriz para calmar las fuertes tensiones que provocó la aspiración legítima de Saúl Monreal. Montiel, ante ese vendaval que se avecinaba, actuó de forma precisa y, de paso, ha garantizado la cohesión. Al senador, por ejemplo, le darán la estafeta para ser el próximo candidato de Morena por el municipio de Fresnillo, Zacatecas. Es, políticamente hablando, un punto que puede ganar sin contratiempos. Antes de que eso se concrete, en definitiva, la clave para ganar el estado estará en el ejercicio de organización. Tuvo que reinar el consenso y la negociación para evitar pugnas internas. Se actuó, ni más ni menos, con todo el oficio para generar ese equilibrio de fuerzas.
Hasta donde se sabe, ya se opera una misma dinámica para sumar al senador con licencia, Félix Salgado Macedonio. Él, sabemos, aceptó sin exabruptos las reglas de participación. Más allá de eso, la clave para que no exista un punto de inflexión estará en las tareas que hay que delegarle al legislador. No se le puede soslayar ni defenestrar. Se habla de que será, de quien resulte ganador o ganadora de la encuesta, el futuro coordinador de campaña en la carrera por la gubernatura de Guerrero. Todo eso, en ese afán de salir bien librada, es parte de la estrategia de Sheinbaum a fin de articular una columna vertebral poderosa que siga abriendo camino para expandir el proyecto de la 4T.


