Aprecio bastante a Ciro Gómez Leyva. Hace tiempo no lo veo, pero lo he tratado durante años. Nuestra amistad inició en 1997. Dicho lo anterior, aclaro que, desde 2006, cuando él defendió el fraude electoral de Felipe Calderón contra Andrés Manuel López Obrador, pocas veces estamos de acuerdo.
Hoy, sábado 9 de mayo, otra vez tengo que cuestionar lo que Ciro escribió en Excélsior: “Ayuso se marcha como víctima de Sheinbaum”. ¿De qué carajos habla Gómez Leyva?
Precisión: Díaz Ayuso no es el ciclista Juan Ayuso, quien desafortunadamente ha sufrido fuertes caídas este año.
Ojalá Ciro fuera experto en ciclismo: redactaría grandes crónicas sobre un deporte que apasiona a la gente de su nuevo país, España. No digo que Gómez Leyva sea español —podría tener doble nacionalidad, pero lo ignoro—. Solo subrayo que, como recuerda con frecuencia, él reside en Madrid, tal vez con visa de inversionista, de trabajo o de nómada digital; no está en edad de andar con visa de estudiante por aquella región que ya ni la cursilería de la derecha mexicana llama madre patria.
Específicamente, Ciro vive en Madrid, donde gobierna Isabel Díaz Ayuso, ultraderechista licenciada en periodismo. La Ayuso que no participa en las grandes vueltas recibió la tarjeta roja en Grupo Xcaret, una exitosa empresa mexicana. Por cierto, no sé si en el ciclismo exista la tarjeta roja para expulsar a alguien; supongo que no, o jamás la he visto en las muchas carreras que he disfrutado. Ahora mismo redacto este apunte y, al mismo tiempo, sigo la transmisión del Giro de Italia en mi celular, por Disney+; llueve en las carreteras de Bulgaria, donde empezó la célebre competencia italiana.
Según Ciro, la Ayuso no ciclista se irá de México —o ya se fue— “victimizada y victoriosa ante los suyos, que en Madrid, España y el mundo son millones”. ¿Victimizada? Por Sheinbaum, dice Ciro, pero no lo demuestra. ¿Victoriosa? Es su opinión. ¿Millones de seguidores? En las elecciones madrileñas de 2023 obtuvo poco más de 1.5 millones de votos. Es una cifra importante, pero insuficiente para sostener que millones la respaldan en el mundo. Gómez Leyva exagera, seguramente porque la ve con ojos de amor político. Desde hace tiempo, hechizado por Calderón —otro neomadrileño—, Ciro admira hasta la locura a las figuras ultraconservadoras.
La verdad es que Díaz Ayuso hizo en México lo que quiso, sobre todo insultar a nuestro país. Nadie del gobierno le prohibió nada. Por sus vulgaridades contra México, una empresa privada —no la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum— le canceló un evento. Repito: una empresa privada, Grupo Xcaret.
Aprovecho para unos datos oficiales: en México hay unos 7 millones de establecimientos económicos; en España apenas son la mitad, poco más de 3 millones de empresas activas. Entre las que operan en nuestra nación, unas 7 mil son españolas y trabajan con lógica de cooperación, no con la brutalidad de Hernán Cortés, el ídolo de la Ayuso no ciclista. Lo menciono para anticipar que en un próximo artículo Gómez Leyva quizá nos diga que entrevistó a la madrileña y que ella denunció el comunismo mexicano.
Grupo Xcaret decidió que no quería en sus instalaciones a quien llevaba días insultando a México. Nadie presionó a esa empresa. Sus dueños se hartaron de una política muy arrogante y aún más ignorante que ve a Madrid como el centro del universo, que relativiza las atrocidades de la conquista —invasión— y que escribe Méjico con J, algo inaceptable.
¿Qué tuvo que ver Claudia Sheinbaum con eso? Inventa Ciro que la presidenta de México, doctora en ingeniería energética, victimizó a la licenciada en periodismo que gobierna Madrid. Esa acusación solo la explico por las ganas que mi amigo tiene de que Díaz Ayuso le conceda una entrevista para su noticiero de Radio Fórmula, que transmite desde España. Ojalá la entreviste.
¿Qué habría hecho yo si hubiese sido administrador de Xcaret? Probablemente sacarle la tarjeta roja a una invitada de la ultraderecha que vino a mi país a denostarlo. Y bueno, deseo a la afición española que Juan Ayuso demuestre algún día que tiene nivel para estar a la altura de los mejores, entre ellos Tadej Pogačar, Jonas Vingegaard, Paul Seixas y nuestro Isaac Torito del Toro, también lesionado —ojalá se recupere a tiempo que para debutar en el Tour de Francia—.


