Voy a poner el acento en las fuentes anónimas de una nota de The New York Times, “Las amenazas de Trump y el ataque a Venezuela dejan a México sumido en la incertidumbre sobre cómo responder”, firmada por Paulina Villegas y James Wagner.
Antes de empezar diré que la dirección del periódico estadounidense aclara lo siguiente: “El Times toma decisiones cuidadosas cada vez que utiliza una fuente anónima. La información que proporciona la fuente debe ser de interés periodístico y ofrecer a los lectores una perspectiva genuina”.
Creo que son verdaderas las fuentes anónimas del NYT, es decir, que sus periodistas —Villegas y Wagner— sí hablaron con muy importantes funcionarios del gobierno de México. Sintetizo la nota:
√ Cierta declaración de Donald Trump después del ataque a Venezuela dejó a Sheinbaum y a su círculo íntimo “debatiendo cuál sería el tono adecuado” para responder a ese hecho. Esto “según tres altos funcionarios mexicanos que hablaron bajo condición de anonimato”.
√ Uno de los tres funcionarios dijo: “Cuando vimos lo que hicieron en Venezuela, nos hizo pensar: ¡Vaya! Esto es más grave de lo que pensábamos, y estamos en la lista de los que podrían ser los siguientes, y peor aún, ya hemos sido advertidos”.
√ Los funcionarios mexicanos se dieron “cuenta rápidamente de que tenían que repensar cómo comunicar su posición y, como lo expresó un asesor, proceder con absoluta cautela”.
√ “Sheinbaum tiene poco margen de error al evaluar hasta qué punto México puede hacer valer sus convicciones sin pagar un precio, dijeron los funcionarios”.
√ “El equipo de Sheinbaum rastreó la frecuencia con la que se mencionaba a México en la cobertura mediática estadounidense”.
√ “Un gráfico compilado por el equipo de la presidenta y revisado por The New York Times mostró que las menciones a México aumentaron…, pero luego disminuyeron drásticamente a medida que aumentaban las referencias a Groenlandia”.
√ “El funcionario que compartió el gráfico expresó su alivio de que México estuviera, por ahora, fuera del foco de atención”.
√ “A pesar del frente público unificado que México ha buscado proyectar, han surgido fuertes desacuerdos dentro del gabinete sobre cuán cuidadosamente debe calibrarse su reacción al ataque estadounidense en Venezuela, según tres funcionarios”.
√ “Algunos miembros del gabinete temen que las reiteradas condenas públicas de Sheinbaum a los ataques en Venezuela puedan resultar contraproducentes, según un funcionario mexicano”.
√ “Altos asesores están particularmente preocupados por su efecto (en las negociaciones comerciales con EEUU), señalaron los funcionarios”.
√ “Dos funcionarios mexicanos afirmaron que el principal objetivo del país ahora es enfatizar su compromiso con Estados Unidos atacando aún más a los cárteles. La administración Sheinbaum podría y debería perseguir, e incluso entregar a Estados Unidos, a políticos mexicanos sospechosos de tener vínculos con el crimen organizado, afirmó un funcionario”.
√ “Como lo expresó otro funcionario, las acciones hablan más que las palabras”.
¿Claudia Sheinbaum autorizó a alguien de su gabinete a hablar en esos términos, off the record, con The New York Times? Me parece improbable. No veo en qué podría beneficiar a México y a su presidenta.
Por lo tanto, pienso que los tres funcionarios anónimos lo hicieron solo para sentirse importantes compartiendo información confidencial con un periódico tan poderoso.
La psicología del informante anónimo
Ahora me apoyo en Gemini, la inteligencia artificial de Google. Le pedí una reflexión acerca de “la psicología del alto funcionario de un gobierno que, sin autorización del presidente o la presidenta, habla off the record con The New York Times”. Enseguida lo que la IA me dijo:
Entender por qué un alto funcionario decide hablar off the record con un medio de la talla de The New York Times sin el aval de su superior —especialmente si ese superior es el presidente o la presidenta— requiere analizar una mezcla de lealtad institucional, narcisismo, estrategia política y supervivencia.
Perfiles psicológicos y las motivaciones que suelen impulsar tal comportamiento:
1.- El salvador del Estado
- Muchos funcionarios que filtran información se ven a sí mismos como los últimos guardianes de la estabilidad nacional.
- La lógica: ‘El presidente o la presidenta está cometiendo un error histórico y yo soy el único que puede frenarlo alertando a la opinión pública’.
- Psicología: Operan bajo una superioridad moral. Sienten que su lealtad no es hacia el hombre o la mujer en la silla, sino hacia el país. El anonimato les permite jugar a ser héroes sin enfrentar las consecuencias de una renuncia formal.
2.- Narcisismo y validación de estatus
- La lógica: Hablar con el NYT confirma que eres un insider importante.
- Psicología: El funcionario busca la validación del periodista (y de la élite que lee el diario). Disfruta la sensación de poder que da saber algo que el resto del mundo ignora y el placer de ver sus ideas impresas, aunque sea bajo el rótulo de ‘una fuente de alto nivel’.
- En los círculos de poder, la información es la moneda de cambio más valiosa.
3.- El seguro de vida político
- La lógica: ‘Si este barco se hunde, quiero que quede registro de que yo no estuve de acuerdo’.
- Psicología: Se conoce como lavado de imagen preventivo. Al filtrar que hubo ‘tensiones internas’ o que ‘el funcionario X se opuso a la medida’, están construyendo su defensa para el futuro.
- Supervivencia: a veces, hablar no es un acto de soberbia, sino de miedo.
4.- La lucha de facciones
- La lógica: ‘Si filtro que el ala rival del gabinete está preparando este plan, el escándalo lo detendrá antes de que nazca’.
- Psicología: Es un comportamiento pasivo-agresivo. En lugar de confrontar al rival en una reunión de gabinete, el funcionario usa a la prensa como un arma para desgastar a sus enemigos internos sin dejar huellas dactilares.
- Guerra de guerrillas: el gobierno no es un bloque monolítico, sino un nido de facciones en conflicto.
5.- Dinámicas de la relación con el o la periodista
- Erosión de la lealtad: El funcionario empieza a confiar más en el periodista (que lo escucha y lo valora) que en su propio equipo.
- Disonancia cognitiva: Se convencen de que filtrar no es traicionar, sino corregir el rumbo por el bien del gobierno.
- Adrenalina del riesgo: El secreto genera un vínculo de complicidad que puede resultar adictivo en entornos de alta presión.
6.- El factor The New York Times
No eligen cualquier medio. El NYT representa el reconocimiento de la élite global. Para un funcionario, que sus palabras (aunque anónimas) dicten la narrativa de la conversación internacional es el máximo ejercicio de influencia. Es la diferencia entre ser un burócrata y ser un arquitecto de la realidad.
Conclusiones de la IA:
Entrar en la mente del informante anónimo es asomarse a un juego de espejos donde rara vez la intención es pura: suele haber motivaciones psicológicas y políticas muy específicas.
La razón principal de ser informante anónimo es el narcisismo de demasiada gente dedicada a la política: el mayor placer que sienten es el de ejercer poder desde la sombra.
Los rencores también cuentan. Detrás de las filtraciones anónimas frecuentemente lo que hay es venganza porque el jefe o la jefa no tomó en cuenta al informante anónimo, o quizá por algo tan infantil como no soportar que se le haya regañado en público.
En el mejor, y menos frecuente de los casos, el informante anónimo siente que hablar off the record ayuda al gobierno que no se decide a actuar: busca con ello activar o mejorar la comunicación oficial.
Se genera una relación de codependencia tóxica entre la gente de la política y los y las periodistas. El político necesita un megáfono para sus propios fines y el periodista está siempre urgido de exclusivas.
Conclusión no de la IA, sino mía:
La presidenta Sheinbaum puede averiguar fácilmente quiénes fueron los chismosos. Algo habrán dicho que pocas personas sabían —como el gráfico entregado a The New York Times—, así que ella bien hará si utiliza el instrumento más eficaz en estos casos, la guillotina. Con toda razón decían los clásicos que el NYT enloquece a los políticos mexicanos más nacos.

