Hay que prestar mucha atención a la lectura del discurso y a las palabras de la presidenta en las conferencias matutinas. De hecho, su narrativa constantemente va apegada al trabajo permanente que se realiza a lo largo y ancho del país; sin embargo, también hace alusión al proceso electoral que está en puerta. Cuidando las formas, en efecto, la presidenta siempre ha dicho que son temas que resuelve la dirigencia nacional. El caso es que, con un mensaje de fondo, habla de cómo se darán las cosas. Ha mencionado la encuesta para que no existan presiones, lo mismo que el equilibrio entre hombres y mujeres por la normativa de equidad de género. De ese modo, las cosas no cambiarán, quizá no del todo: será el pueblo el que tome las determinaciones para que nadie, ni los propios actores de la 4T, cuestionen la manera. Pero también lo interesante, sobra decir, es que el consenso y la negociación pueden abrir la puerta a los partidos aliados, sobre todo ahora que piden justificadamente cancha pareja en los puestos de elección popular. Inclusive, a ellos les puede favorecer un acuerdo, como ha trascendido desde la Secretaría de Gobernación. Se habla de Michoacán y Zacatecas.
Y qué decir de lo que ha pasado con el proceso interno de Morena en Chihuahua. Vaya forma de replicar de la presidenta constitucional al esbozar, con todas sus letras, que en ese punto manda el pueblo. Quiso decir, en otras palabras, que no hay negociación con Adán Augusto para imponer a una legisladora al frente de la coordinación de la defensa del voto. Eso, todavía más, confirma que la elección será para un perfil masculino, como ha venido trascendiendo en los pasillos de la política. Suponemos eso, de igual forma, porque la narrativa de Claudia, al menos las que podemos descifrar, es muy clara en que no habrá tregua con las direcciones estatales. Todo se decidirá en Ciudad de México con el visto bueno de la dueña del bastón de mando. Inclusive, sabemos que eso es una determinación definitiva, sobre todo para acabar con las cuotas de poder y las tensiones internas que se dan en las entidades federativas donde, por cierto, se mete la mayor presión por la guerra sin cuartel que protagonizan quienes buscan participar.
Antes de concluir el año, a propósito de ello, está presupuestado que las y los coordinadores sean ungidos desde la dirigencia nacional de Morena. No esperemos cambios de fondo: será la encuesta y el pueblo quienes decidan. Inclusive, otra forma de seleccionar perfiles es, sin duda, la justicia social para quienes, en años atrás, se les quitó la posibilidad de ser abanderados por alguna u otra razón. La misma presidenta ha hablado de ellos en la tribuna, eso sí, con otras palabras. Sentimos que eso es un mensaje de fondo para decir que, al menos ahora, quien tiene el bastón de mando es la jefa de Estado; o sea, no hay cúpulas del poder al margen de lo que se determine.
Donde sí se moverá un poco la perspectiva, evidentemente, será la negociación con los aliados. Precisamente allí, que puede existir una excepción con los métodos para elegir representantes, saldría a flote el consenso para dar equilibrio a quienes han sido fieles compañeros de esta lucha, sobre todo en la agenda legislativa. Es verdad, hay liderazgos de Morena que buscan disolver la relación con los partidos aliados. Muchos, incluso, han dado un ultimátum para que tomen partida o no del proyecto de reforma electoral. Eso se destrabará con un acuerdo entre las tres dirigencias nacionales para ceder la estafeta en puntos clave en los que habrá relevo de 17 gubernaturas.
Es ahí donde veremos la mano de Claudia Sheinbaum en el proceso electoral que, con mucha antelación, se juega en todas las canchas y tribunas. Y pese a los constantes comentarios, desde luego, Claudia no permitirá un rompimiento con los aliados. Sabe a la perfección lo sustanciales que son, no solo en materia legislativa, sino en porcentaje de votos para alcanzar la mayoría calificada. Por eso notamos que la mandataria ha mandado claras señales para limar cualquier aspereza. Es más, en su mente no está la palabra rompimiento; si quisiera hacerlo, lo hubiese hecho desde antes. Lo que hace, sobre todo, es acercarse más a los partidos aliados. Los atiende con la interlocución de Rosa Icela Rodríguez desde la Secretaría de Gobernación y, mejor aún, los mete de lleno a una negociación para no romper con ellos porque sabe que, por mucho, uno de los principales soportes para alcanzar cifras abrumadoras de votación es la aportación de los partidos aliados. Si vemos las cosas así, no es que exista un chantaje, sino que es el derecho legítimo de participación que ayuda a esclarecer cuando se levanta la voz para pedir equilibrio.
La presidenta le dará espacios a la gubernatura a los aliados. Eso es, en definitiva, un hecho inexorable para sellar nuevamente la coalición Seguimos Haciendo Historia. Hoy podemos decir, inclusive, que las negociaciones desde Bucareli avanzan para formar gobierno de coalición. Lo demás, queda claro, son puras especulaciones y ruido que tratan de meter quienes pretenden adueñarse de las decisiones. Es claro: todo estará en manos de Sheinbaum y, con ello, se cae cualquier intento de las dirigencias estatales que, de plano, tienen claros conflictos de intereses con los gobiernos estatales en turno. De igual forma, es un duro golpe para Adán Augusto López Hernández, que se ha dedicado a tratar de posicionar perfiles en la carrera por las gubernaturas. Pese a ello, no habrá negociación ni pactos internos dentro de Morena; así lo dijo la presidenta con otras palabras. Basta con ver su postura y firmeza en la narrativa que propaga en las mañaneras.
