La presidenta Claudia Sheinbaum y los voceros del oficialismo han comenzado a dar luz sobre lo que se viene con la reforma electoral. Si bien el contenido preciso del documento se mantiene en secreto, se ha empezado a especular en torno a la probabilidad de que la citada propuesta contenga, por lo menos, dos elementos: la reducción o eliminación de los plurinominales y el decremento del presupuesto público a partidos políticos.
Me refiero al primero. Como se sabe, la existencia de los plurinominales responde a la exigencia democrática de que la totalidad de la nación mexicana esté representada en la Cámara de Diputados. Mientras los uninominales son los ganadores de los distritos, los pluris son el instrumento para buscar que la composición de la Cámara represente, de la mejor manera posible, las voces de todos los ciudadanos.
Si se redujese el cincuenta por ciento de los diputados plurinominales, es decir, que pasasen de 200 a 100, y si la Cámara fuese reducida de 500 a 400 diputados, se vería gravemente afectado el equilibrio de fuerzas, lo que podría conducir a una situación hipotética donde Morena, con apenas un cuarenta por ciento de los votos, contara con más del ochenta por ciento de la cámara. Inaceptable.
Los morenistas han esgrimido que la eliminación de todos o solo un número de los pluris responde al hecho de que los partidos políticos han utilizado esta figura para premiar a individuos, o simplemente, para beneficiarse ellos mismos. Se han colocado en la cúspide de los partidos, y acto seguido, son incluidos en las listas elección tras elección sin la necesidad de salir a ganarse la voluntad de los electores. Tienen razón.
Para cambiarlo resultaría necesario que la ley estableciese normas rígidas que, a manera de ejemplo, impidiesen que un diputado plurinominal pudiera continuar en el cargo por un tiempo indefinido, y que estuviera obligado a buscar el triunfo en los distritos. Se requerirían pues cambios legales a la forma de gobernanza en el interior de los partidos.
Sin embargo, los cambios buscados por el obradorismo no parecen ir en esa dirección. Lo que más les conviene a Morena y a su clase política es la eliminación completa de los plurinominales o su reducción a su mínima expresión. Esta reforma haría imposible, derivado de la maquinaria oficial que destinará todos los recursos del Estado para conservar las victorias en los distritos, que la oposición pueda, dentro de los próximos lustros, repetir la hazaña de 1997 cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara Baja.
No puede vaticinarse, con base en los esbozos de reformas elaborados por AMLO con sus planes A y B, que la reforma electoral tenga como objetivo fortalecer la democracia mexicana. Por el contrario, se estima que México podría regresar a los más sombríos tiempos del PRI autoritario.



