El caso del hijo de Marcelo Ebrard es, por describirlo de la forma más conservadora, vergonzoso. Según ha trascendido, no solo se alojó durante meses en la residencia de la embajadora de México en Londres, sino que contó con todos los servicios propios de un hotel (pero gratis) como electricidad, agua, limpieza y cocina. Todo, huelga recordar, con cargo al presupuesto público destinado a cubrir las necesidades de la titular de la representación diplomática; una mujer llamada Josefa González-Blanco, cuyas virtudes, talentos y sentido de la ética han quedado en entredicho.

La presidenta Claudia Sheinbaum, tal vez sin ni siquiera imaginar lo que Ebrard diría en su espacio, no mencionó una sola palabra sobre el hecho. En otro país del mundo, el ministro habría sido cesado de inmediato, y tal vez, se habría iniciado una investigación en el interior del ministerio para averiguar si el funcionario cometió alguna infracción de índole penal. No será el caso de Ebrard. El escándalo pasará, los medios se volcarán sobre el viaje de Sheinbaum a España y el suceso quedará como un relato anecdótico.

Conviene preguntarse: ¿Qué habrían dicho los opositores Sheinbaum y López Obrador si algún hijo de José Antonio Meade, Luis Videgaray, Patricia Espinosa, Ernesto Derbez o Jorge Castañeda hubiera pasado “una temporada” cómodamente alojado en la residencia de un embajador en el extranjero? ¿Se imagina el lector el grado de indignación que un suceso de esta naturaleza habría provocado entre unos individuos que se pronunciaban sin cesar sobre los abusos de los gobiernos del PRIAN?

¿Qué habría pensado el propio Marcelo Ebrard, pero no el funcionario sino aquel que se jactaba de abrazar los principios del obradorismo? ¿O el escandaloso Noroña que se negaba a pagar el IVA de una bebida azucarada?

El siguiente análisis político tendrá que ver con el impacto de estos escándalos y cómo puede agudizar la decepción de un creciente número de mexicanos en relación con la autoproclamada 4T. ¿Hasta dónde llegará la impunidad y descaro de individuos como los López Beltrán, Adán Augusto o el estridente Noroña? ¿Dónde estará el límite de la paciencia del pueblo de México?

Desafortunadamente, hoy controlan una buena parte de la opinión pública y se han consolidado como un partido de Estado. Y en adición, la oposición continúa sin tener liderazgos y un discurso sólido que capitalice a su favor la corrupción y los abusos del régimen gobernante.