Hay personas que blindan, por su ética, al proyecto de izquierda. ¿Nombres de blindajes morales? Menciono algunos; habrá más, pero no los recuerdo. Claudia Sheinbaum, Raquel Buenrostro, Leticia Ramírez, Alicia Bárcena, Rosaura Ruiz, Diana Alarcón, Juan Ramón de la Fuente, Ernestina Godoy y, quiero hoy destacarla, Rosa Icela Rodríguez.
La secretaria de Gobernación es la memoria viva del movimiento, no solo como funcionaria y activista, sino como periodista: en 1992 cubrió para La Jornada el Éxodo por la democracia de AMLO.
La anterior no es una lista basada en la eficiencia —se puede ser competente y sinvergüenza a la vez—. En la relación solo incluí a quienes son éticamente irreprochables, de acuerdo a lo que conozco de sus biografías. Reitero, habrá otros perfiles, pero son desconocidos. De vez en cuando deberían salir de la burbuja burocrática para que disfruten, y sufran, el viento, la lluvia y el sol, que en política benefician a quienes resisten el rigor de los elementos, y perjudican a hombres y mujeres que carecen de fortaleza, carácter y apetito por el riesgo.
En la 4T el blindaje tiene que ver con los principios del humanismo mexicano: austeridad republicana, trayectoria técnica o política probadamente eficaz e incorruptibilidad.
Rosa Icela y su hija
La secretaria de Gobernación es, probablemente, después de la presidenta Sheinbaum, la figura que mejor representa la decencia y la operatividad del actual régimen. Rosa Icela hizo la crónica del origen de la 4T hace más de 30 años, y después se convirtió en militante y profesional calificada en todo lo que, como gobierno o partido político, ha hecho la izquierda.
Rosa Icela Rodríguez trabaja en las responsabilidades que le ha dado Claudia Sheinbaum. Lo hace sin distraerse con aspiraciones absurdas, y sin exhibir lujos en su vida privada, tan austera como lo ha sido siempre. Es una persona que se mantiene gracias a su trabajo: no ha tenido más ingresos que sus salarios en el periodismo y en el sector público. Un ejemplo perfecto de la honrosa medianía que exigía Benito Juárez.
Golpear a Rosa Icela Rodríguez no es simplemente atacar a una secretaria de Estado; es apuntar a la línea de flotación de la credibilidad ética del movimiento.
Es lo que hizo, recientemente, un periodista que gana bastante dinero en un medio, cuyo propietario… pues sí, posee una fortuna gracias a contratos con distintos gobiernos.
Latinus, Loret y el contratista
Obviamente hablo de Carlos Loret de Mola, de Latinus y de Alexis Nickin, yerno del viejo priista Roberto Madrazo.
¿El patrón de Loret ha sido contratista en el sector público? Sí, y a lo bestia. En notas de prensa y en reportes de la Unidad de Inteligencia Financiera se ha identificado al señor Nickin como operador de una red de empresas que han sido proveedoras muy importantes de servicios de salud en varios estados, especialmente Michoacán durante la administración de un político con justificada fama de bandido, Silvano Aureoles. Este dio a las empresas que están detrás de Latinus más de 4 mil 500 millones de pesos.
También tiene el empleador de Loret contratos muy similares con otras entidades, como el Estado de México desde la gestión de Alfredo del Mazo y que, hasta donde estoy enterado, siguen vigentes.
CompraNet ha revelado que algunas empresas de Nickin, entre 2019 y 2023 —gobierno de AMLO—, obtuvieron contratos por más de 380 millones de pesos.
No juzgo la legalidad de los contratos de Nickin —eso lo deberán hacer la UIF, la FGR o la Secretaría Anticorrupción—. Si no hay nada ilícito, felicidades. Si lo hay, que se le ponga en orden.
El hecho: Latinus no es el proyecto de un periodista independiente, sino el de un contratista con una historia empresarial breve, de muy rápido y muy sospechoso crecimiento.
¿Utiliza Nickin al periodismo que financia para proteger sus intereses? No me sorprendería que esa hubiese sido su intención al decidir patrocinar a Loret y otros periodistas caros. Lo que sea de cada quien, el nivel de producción de Latinus no corresponde a un portal de noticias digital común: tiene el estándar de una gran televisora. Es un enorme gasto que no parece asociado a la rentabilidad conseguida solo con ingresos propios de los medios de comunicación. ¿Para qué tirar tanto dinero? Solo es explicable si se ve a Latinus como una inversión política.
El trabajo de la hija de Rosa Icela
Alejandra Icela Martínez, joven bien formada en escuelas públicas, realizó becada sus estudios universitarios. Consiguió empleo en un medio de comunicación, El Heraldo, propiedad de una empresa con 100 años de historia, Grupo Andrade, que es contratista del gobierno, en venta y renta de coches y camionetas. Ha tenido éxito, entre otras razones, porque es la más grande del mercado mexicano y, por lo tanto, la que mejores condiciones ofrece a las dependencias.
Hay una diferencia notable entre Grupo Andrade y las empresas que patrocinan a Loret: la historia. Tiene mucho mérito cualquier empresa que ha sobrevivido durante un siglo. La compañía propiedad de Ángel Mieres, fundada por su abuelo en 1926, ha resistido crisis económicas, cambios tecnológicos, tormentas políticas y la creciente competencia nacional y extranjera.
¿Que Mieres adquirió la marca del viejo Heraldo y la transformó en un grupo de medios? Es la verdad. ¿Que su línea editorial no es radicalmente de oposición? No invirtió para eso. ¿Que Claudia Sheinbaum tiene 70% de aprobación en sus encuestas? Así anda la presidenta en todos los estudios demoscópicos. ¿Que sus directivos han contratado profesionales para el trabajo periodístico? Bastantes, y qué bueno: entre ellas la hija de Rosa Icela Rodríguez. ¿Que esta contratación se dio a cambio de contratos, como ha dicho Loret? Eso es una canallada.
Nadie ha demostrado irregularidades en la relación de Grupo Andrade con la secretaria de Gobernación. Esta es una empresa que ha vendido coches desde 1926 y que sigue vendiendo coches. ¿Cuál es el problema?
Loret utilizó el trabajo de la hija de la secretaria de Gobernación, desde luego para golpear el blindaje ético de la 4T, pero también, por enredos del periodista con competidores de Grupo Andrade, para intentar descalificar a esta empresa a la mala. Guerra sucia.
Más allá de tales perversidades, Rosa Icela y su hija siguen siendo gente muy honesta de clase media que vive de su trabajo. Decir otra cosa es una infamia.



