Hervé Morin, en Le Monde, publicó un artículo interesante sobre el debate más relevante de la actualidad: el papel de la inteligencia artificial.
Relata que investigadores de Stanford lograron diseñar con IA los genomas de bacteriófagos —virus que atacan bacterias y que no son peligrosos para los seres humanos— y que Anthropic documentó cinco casos en los que usuarios intentaron emplear sus modelos para investigaciones que podían favorecer el desarrollo de armas biológicas.
Eso sin duda es peligrosísimo. Pero, antes de pensar que la IA es el apocalipsis, conviene ver la otra cara de la moneda: la IA, como sugiere el periodista francés, no solo puede usarse como instrumento de destrucción, sino también de bienestar.
La inteligencia artificial puede diseñar el veneno para iniciar una pandemia y, al mismo tiempo, desarrollar el antídoto: vacunas, medicamentos y tratamientos.
La IA puede utilizarse para atacar sistemas informáticos... y defenderlos. Puede facilitar la concentración de riqueza —porque las empresas que poseen los centros de datos tienen enormes ventajas—, pero asimismo podría abaratar radicalmente conocimientos y herramientas que antes estaban reservados a grandes organizaciones, lo que emparejaría la cancha en la competencia económica.
Puede favorecer la manipulación política, la propaganda y el autoritarismo, pero también ampliar el acceso de los ciudadanos al conocimiento y hacer más difícil que se monopolice la información.
Puede destruir empleos y a la vez crear nuevas actividades y elevar la productividad. Puede la IA aumentar las desigualdades educativas, pero también poner al alcance de cualquier persona un tutor, traductor, investigador personal.
La inteligencia artificial ya se emplea en medicina para clasificar pacientes, predecir respuestas a fármacos y acelerar el descubrimiento de nuevos remedios.
La IA ya se utiliza en el combate al cáncer y a las enfermedades autoinmunes e inflamatorias. En el Crohn, por ejemplo, analiza información clínica, endoscópica e incluso molecular con el propósito de mejorar el diagnóstico y encontrar tratamientos personalizados.
En el comercio y las finanzas, la IA se puede utilizar para el fraude, pero también para impedirlo. En la guerra, puede fabricar armas poderosas, pero también sistemas de defensa.
La IA, sus centros de datos específicamente, dañan al ambiente, pero pueden ayudar a reducir el problema con métodos que optimicen la eficiencia energética.
La pregunta clave es: ¿vale la pena correr los riesgos asociados a la IA, perfectamente reales, cuando la propia IA consume enormes cantidades de electricidad y agua?
Los centros de datos ya representan un problema ambiental, pero la propia inteligencia artificial puede utilizarse para hacerlos más eficientes y, con ello, ayudar a optimizar el consumo global de energía.
El problema no es si la IA es buena o mala. La gran apuesta es quién la utiliza mejor y para qué.
Reitero: la IA puede aportar el veneno y el antídoto. Puede concentrar riqueza y democratizar capacidades para que se reparta mejor; puede servir al autoritarismo y fortalecer las libertades; puede aumentar el riesgo de una pandemia y acelerar la creación de vacunas.
Desde el origen de la humanidad, por cierto, lo mismo ha hecho la inteligencia natural. El talento de las personas no solo lo hemos usado para bien: también —y con demasiada frecuencia— para hacer el mal.
¿La IA en las elecciones de 2027?
La inteligencia artificial ya está de lleno metida en la disputa política mexicana. El próximo año habrá elecciones federales para renovar las 500 diputaciones y elecciones de gobernador o gobernadora en 17 entidades federativas.
Será la primera gran elección con la IA como instrumento para difundir propuestas, o para sembrar odio contra los partidos rivales.
Veremos, los vemos ya, innumerables videos y audios falsos de candidatos y candidatas, campañas de desinformación producidas en minutos, ejércitos de bots en redes sociales como nunca habían aparecido, propaganda para explotar el miedo, suplantación de personas, manipulación de conversaciones y hasta nuevas formas de censura generadas por cualquier grupo político.
Ese es el veneno. Pero también la IA puede desarrollar el antídoto. Y este solo puede ser contrastar la información que se recibe. Los partidos, al menos los genuinamente democráticos, deben desarrollar instrumentos de IA para que la ciudadanía contraste con documentos verdaderos, en segundos, cualquier afirmación, video o audio que reciba.
Sobre todo deben hacerlo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y su partido, Morena, que son los que ya más sufren la artillería de la mentira —más poderosa que nunca gracias a la IA—.
Cada quien en su área de responsabilidad, el Estado con las limitaciones legales exigidas por las reglas de la contienda electoral, y el partido de izquierda en la lógica competitiva, deben detectar redes coordinadas de desinformación y actuar de inmediato, con la ayuda de la IA para aclarar las cosas —no bastarán las conferencias de prensa ni la publicidad en radio, TV y redes sociales para contener la avalancha de mentiras—.
En el caso de presupuestos, estadísticas y contratos públicos que sean incomprensibles inmediatamente para la población, con la ayuda de la IA deberá traducirse la información correcta a un lenguaje sencillo y contundente, de tal modo que facilite lograr a los grupos de simpatizantes una fiscalización ciudadana realmente potente.
El 2027 será una primera gran prueba antes de la elección presidencial de 2030, cuando las herramientas de IA probablemente serán mucho más poderosas, baratas y quizá mucho más destructivas que hoy —pero también mejor equipadas para combatir sus malas utilizaciones—.
La inteligencia artificial puede darle a la sociedad mexicana más veneno —menos democracia— o el antídoto —más democracia—.
Con la IA puede ser más fácil engañar al ciudadano o más fácil informarlo. Es decir, la inteligencia artificial puede concentrar la información en unas cuantas manos o dotar en minutos de capacidades analíticas extraordinarias a millones de mexicanos y mexicanas.
La IA aporta el veneno y el antídoto. El gran reto es llegar antes con el antídoto que con el veneno. La 4T, el grupo político más agredido, deberá ya trabajar en crear instrumentos de defensa con la ayuda de la propia inteligencia artificial.



