“Al nopal lo van a ver sólo cuando tiene tunas”. Sí, el viejo aforismo mexicano tiene hoy más que nunca aplicación para explicar de inicio lo que pasa en la principal casa de estudios del nivel superior en América Latina, en esta especie de crisis provocada por el primer examen en línea, aplicado a aspirantes de nivel licenciatura en toda su historia.

Se trata del proceso de selección de aspirantes a cursar la licenciatura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a partir del semestre 2027-1, que este año, inusualmente se llevó a cabo por el método en línea, es decir, por la vía virtual, desafiando todo el cúmulo de experiencia y confiabilidad que, en todos los años de su existencia, la UNAM habría mostrado con su método presencial, propiciando que el examen lo presentase cada alumno interesado de forma personal, pero masivamente junto con el resto de aspirantes, en algún gran estadio o centro de convenciones de la CDMX o incluso, simultáneamente en diferentes sedes habilitadas, en inmuebles que ocupan otros bachilleratos incorporados al plan universitario de la UNAM.

Pero el experimentó falló

Se detectó que el resultado obtenido por una abrumadora mayoría de sustentantes o aspirantes, obedeció a que se filtró el examen horas antes, vía la compra-venta vil del mismo; se hizo uso -ilegal- de la llamada inteligencia artificial para contestar el dichoso examen; el programa o aplicación mediante la que se aplicó el programa tuvo notables deficiencias de ausencia de rigor, que permitieron que el alumno se desconectara y bajo pretexto de “ir al baño”, buscara con tiempo las respuestas correctas; entre otras muchas quejas.

Al final (y ese es el argumento central de los padres de los alumnos que, con buen promedio, se habrían preparado para presentar el examen…), los que no pasaron, fueron los que obtuvieron calificaciones superiores a 9, que son por lo regular las más altas año con año y hubo millares de “dieces perfectos”, lo que definitivamente es un error y debe ser corregido.

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La empresa que fue contratada para aplicar el software necesario para este operativo examen multitudinario en la UNAM, tiene la razón social de Territorium Life, se habría comprometido a aplicar el examen con una aplicación de estándares de calidad de lo más avanzado del mundo, con candados de inteligencia artificial (hasta doce habría garantizado) para evitar filtraciones y sobre todo que garantizara que no hubiera suplantación de identidad, para los más de 158 mil aspirantes que presentaron en línea el examen.

Ahora se está conociendo el hecho de que se vendieron incluso las plantillas de preguntas y hasta las respuestas, en horas previas al evento, aun cuando la empresa cobró la nada despreciable suma de $101.7 millones de pesos.

Se dice que esta eventualidad, que habría permitido un ahorro del 17% en comparación al proceso que tradicionalmente se hace cada año, donde los aspirantes sustentan el examen rellenando con un lápiz del número 2 o 21/2 uno de los cuatro óvalos en la hoja de respuestas, que representan cada una de las cuatro posibles respuestas asignadas a cada reactivo en el cuadernillo de preguntas, no tuvo en la motivación financiera a su principal causal. Por supuesto que no.

Hubo, por lo menos otros dos grandes factores que terminaron imponiéndose en la decisión final del Consejo Universitario, para probar esta nueva realidad que tiene ante sí el mundo entero. Este nuevo reto para la civilización de los albores del tercer milenio y no solo para la UNAM:

Por una parte, el afán de democratizar o de acercar al mayor número de familias mexicanas la oferta de la que es su máxima institución superior, evitando el gasto en el traslado de los estudiantes y sus acompañantes a la Ciudad de México a sustentar de manera presencial el examen, dándoles la oportunidad de que desde la comodidad de sus hogares o desde algún cibercafé en sus poblaciones originales, pudieran solventar este trámite.

Y, por otro lado, la causa neurálgica, la más importante sin duda, que hoy le da al propio rector, Leonardo Lomelí, la certeza de que su decisión originalmente tomada de impulsar un examen en línea por primera vez, para el proceso de admisión 2027-1 en el nivel licenciatura fue puntual, justa y funcional en términos generales: la presencia cada vez más inminente en la vida cotidiana del hombre, de la llamada Inteligencia Artificial (IA).

Con la frente en alto él y su staff, como hombres de ciencia que son, deben ponderar estos momentos que viven, en descargo de la evidente crisis generada por un procedimiento mal aplicado y/o que en el camino se torció, invadiendo los ramales de la corrupción, la inexperiencia o de los mezquinos afanes de causar crisis política y turbulencia administrativa de cara al 2027 en este, que es uno de los sectores más sensibles que se deben ver desde fuera del entorno universitario, como sagrados e intocables, al margen de cualquier motivación electoral o politiquera, si no hay necesidad de ello.

Y deben, indiscutiblemente también, el doctor Leonardo Lomelí y sus colaboradores, seguir asumiendo -como lo han hecho desde el primer momento de la contingencia- seguir asumiendo decisiones inteligentes y protocolarias, para continuar estando de lado “de todos aquellos muchachos que, sin trampas, se prepararon a conciencia y tienen el derecho a tener garantizado un lugar en la máxima casa de estudios del país”.

¿Pero por qué iniciamos esta entrega diciendo que “al nopal solo lo buscan cuando está cargado de frutos? Pues porque ya planean en el firmamento de la que fue la Real y Pontificia Universidad de México, fundada en 1551 por el Emperador Carlos V, buitres y carroñeros diversos, que se presentan a nombre de los diferentes partidos políticos con registro y que quieren, a toda costa, manipular conciencias de los jóvenes que buscan todos los medios para hacer valer su legítimo derecho de ingresar a la Universidad, máxime si se prepararon y obtuvieron un desempeño favorable en este fallido proceso, que tendrá, indefectiblemente que ser repuesto a la brevedad.

La Universidad Nacional es un espacio inmejorable por sus dimensiones y por lo que representa en la conciencia nacional, para la grilla y la divulgación ideológica de los partidos y los diferentes movimientos y causas.

Por eso, buscan los diferentes partidos, a través de algunos de sus diputados federales que se han visto incitando ya ante el conglomerado de estudiantes y padres de familia, con arengas y fervorines encendidos desde ayer, no solo llevar agua a su molino, sino contribuir al propósito perverso de los que también, desde los entretelones del poder o desde el movimiento mismo que gobierna hegemónicamente hoy este país desde el 2018, quieren realizar su “hazaña” de tumbar a un rector y provocar caos y desconfianza en la población, a fin de preservar un estado de cosas’ que quizá sólo a ellos beneficie.

Porque dígase lo que se diga, la Universidad que dirige Leonardo Lomelí, no obstante su identificación con los grupos de intelectuales de izquierda progresista y razonada (el rector es un erudito en historia económica, formado de la mano del doctor Rolando Cordera, líder histórico del M.A.P. así como del desaparecido Arnaldo Córdova y hasta, de manera indirecta, por el ilustre David Ibarra Muñoz). No obstante lo anterior, se reitera, el timonel de la UNAM se ha mantenido centrado, estrictamente dirigido hacia el quehacer académico ‘a secas’, sin adjetivos, ni tendencias; y sin favorecer a causas ajenas al interés científico, tecnológico y cultural.

La 4T se ha quedado con las ganas de llegar más lejos en sus pretensiones de control definitivo en la UNAM, pero esta vez, a pesar de la coyuntura causada por un problema técnico y hasta de logística, no habrá sismo político alguno en la estructura de mando de la institución refundada por Porfirio Díaz en 1910 y confiada al mando de José Vasconcelos, tras haber sido cerrada parcialmente por Maximiliano en 1865.

Ni sismo… ni cisma.

El doctor Leonardo Lomelí tendrá que respaldar todo un operativo para reponer a la brevedad el proceso de selección al nivel licenciatura, por la vía presencial seguramente, pues el día marcado por el calendario para el inicio de clases es el 10 de agosto próximo.

Con todo el temple, la serenidad y la seguridad que le caracterizan.

Y es que la ciencia, como proceso fundamental para administrar y recopilar el conocimiento es eso. Todo un riesgo que se debe asumir.

Estoy seguro, que no solo el doctor Leonardo Lomelí sino cualquier hombre de ciencia que se tome el tiempo de leer este modesto texto, coincidirá con el suscrito en que la falibilidad, es un momento por demás útil y necesario en todo proceso vinculado al método científico.

Permite mejorar las ideas originales sobre el fenómeno a estudiar o ejecutar, combinando hipótesis y teorías viejas por otras nuevas o más funcionales.

Muestra con claridad en qué fallamos durante el desarrollo de nuestra experimentación.

Y, sobre todo, el error guía el procedimiento y ajusta el nuevo plan en la búsqueda de nuevas respuestas.

Por eso sostengo que, llega en buen momento el error de aplicar un procedimiento de selección de aspirantes a la licenciatura en la UNAM que, como todo producto humano, estuvo en riesgo de contaminarse de corrupción, tráfico de influencias y de intereses mezquinos que resulten propios para causar daños colaterales e irreversibles a los responsables de las instituciones involucradas. Situación, que habla muy mal de ciertos segmentos sociales mexicanos que se prestan a actos ausentes de ética y de honradez.

Cabe señalar que todo intento académico por mejorar la tecnología y transferir el conocimiento científico a procesos comunes de la sociedad, con mucha frecuencia choca con barreras estructurales e institucionales. Siendo la desconexión con el mercado, la burocracia interna, los antivalores como la corrupción, el egocentrismo o la envidia y la falta de incentivos reales para los investigadores, los principales causantes de esta desconexión.

Sin contar con que hay una escasa vinculación real entre la academia, el sector privado y las políticas públicas del Estado.

Ya en el pasado reciente y también en el remoto, ha habido grandes rectores de la Universidad Nacional, que han tenido que corregir el rumbo de sus decisiones políticas asumidas hacia la comunidad universitaria.

Rectores que corrigen o reivindican, en nombre de la experimentación

Juan Ramón de la Fuente (1999-2007): No obstante haberse adherido desde el gabinete del presidente Ernesto Zedillo, del que formaba parte a finales de 1998, a la política propuesta por el entonces rector Francisco Barnés de Castro (su antecesor), tuvo que cambiar su postura al ser electo rector en 1999 por el Consejo Universitario y hubo también que generar condiciones para el diálogo con el Consejo General de Huelga, a fin de disuadir el paro universitario, dando marcha atrás a los afanes de “Revisionismo financiero” de su antecesor, Barnés de Castro. Devolviéndole una estabilidad relativa a la institución.

Javier Barros Sierra (1966-1970): Habría mantenido una postura acrítica y hasta de cierta subordinación o pasividad ante la administración del presidente Gustavo Díaz Ordaz, en el rubro de la intervención de las fuerzas de seguridad federales en los campus.

Pero alcanzó a modificar radicalmente esta postura Barros Sierra, cuando izó la bandera nacional a media asta, en señal de luto por la violación de la autonomía y encabezar la marcha en defensa de los estudiantes en 1968, fijando una directriz de abierta protección institucional frente al autoritarismo gubernamental.

José Sarukhán Kermez (1989-1997): Pese a que él mismo impulsó la llamada Reforma Carpizo, desde su posición como director del Instituto de Biología de la UNAM, logró frenar dicha reforma, que proponía elevar las cuotas y pagos por servicios académicos, así como regular el pase automático. Cabe señalar que Jorge Carpizo también tuvo sus problemas y asumió las correcciones correspondientes, en materia de Reglamento de Cuotas.

Y ya cuando Sarukhán volvió a intentar aumentar las cuotas en 1992, el gobierno de Salinas de Gortari lo presionó para abortar la propuesta.

Tiempo después, en un libro que escribió, José Sarukhán reveló que él mismo habría confirmado que había un acuerdo entre Manuel Camacho Solís, entonces jefe del Departamento del Distrito Federal y alguno de los grupos que promovieron originalmente el Consejo Estudiantil Universitario, para que a como diera lugar, hubiese un conflicto en la Universidad si Sarukhán no retiraba la propuesta de cuotas.

Como se advierte, no hay política pública inamovible ni proceso científicamente planeado, que no admita mácula de corrección o error.

El proceso de prueba-error será por mucho tiempo más, afortunadamente, parte del inventario con el que viaja la humanidad a través del tiempo y el espacio.

En tanto no haya una realidad que supere la supremacía y el dominio del hombre por sobre todos los procesos creados por su ingenio y apurado por su necesidad. Solo entonces, se tendrá de nuevo el riesgo inminente de que el hombre sea sujeto del esclavismo o el dominio de una fuerza que lo supere en términos intelectuales y físicos.

Esa fuerza podría ser la multicitada y célebre IA, que hoy es objeto de prueba y error.

Así que adelante rector Lomelí y su staff. Siga con paso sereno y firme llevando la conducción de nuestra Universidad hacia la excelencia y el liderazgo.

Estamos ciertos de que presentará usted en la Comisión que acaba de designar para el esclarecimiento de los hechos, numerosas respuestas al incidente y que le darán forma de corregir a plenitud el procedimiento, de la manera más justa y funcional.

De la presentación de un informe transparente sobre los costos y las formas de contratación, con clausulados y demás, no dudamos en que usted también sabrá informar a la comunidad en tiempo y forma, dada su honradez intelectual y su trayectoria impecable.

Es digna de reconocer, la actitud de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, quien sobre este tema en repetidas ocasiones ha expresado su respeto de la autonomía de la UNAM y su confianza en que este problema será resuelto de manera inteligente y razonada, producto de las opiniones que emitan los miembros de la Comisión instalada para atender la situación. Claudia Sheinbaum conoce muy a fondo los aconteceres de la máxima casa de estudios porque ahí estudió, ahí nació su liderazgo estudiantil y ahí mismo ejerció su magisterio.

Pero es deseable que el contenido de su discurso expresado en las conferencias mañaneras sea tomado como biblia por los seguidores de Morena y la 4T, específicamente por las huestes más radicales, quienes seguramente se están frotando las manos para hacer de este problema un ardid político que les permita apoderarse de la UNAM como ha sido su propósito reiterado desde hace muchos años.

@Pequenialdo;

@CalderonHallal1