LA POLÍTICA ES DE BRONCE

En medio de la vorágine en el Congreso de la Unión, caracterizada por escándalos, ambiciones políticas y amarres perros, conviene hacer un alto en el camino, respirar profundo y mirar más allá del ombligo. Uno de los temas de interés político, pero, sobre todo, de gran impacto en la actualidad de la ciudadanía es la inteligencia artificial. El tema es complejo y, más allá del debate fácil, del populismo legislativo o de la pregunta: ¿regular o controlar la inteligencia artificial? Conviene ir deshojando la margarita por cada una de sus aristas.

El asunto tiene implicaciones en la economía, las finanzas, la inteligencia y la seguridad nacional, la milicia, los espectáculos, los entretenimientos, la creación intelectual, las artes y la ciencia; podríamos decir que en todas las actividades humanas. En estas líneas, pondremos sobre la mesa sus implicaciones en los consumidores, creadores de contenido y plataformas de redes sociales.

No compliquemos el tema con asuntos técnicos o jurídicos, vayamos a lo práctico. ¿Cuál es la información básica que los consumidores de redes sociales deberían saber acerca de la inteligencia artificial? Primero, que en todas las publicaciones de plataformas como Facebook, Instagram, TikTok o X aparezca si el contenido de sus publicaciones es creado con inteligencia artificial o no, así como si se trata de un contenido patrocinado. Además, que se pusieran límites al scroll infinito. Cada cierto tiempo o número de publicaciones debería aparecer una leyenda que indicara el tiempo dedicado a revisar contenidos o bien que se limitara el número de éstos. Estas tres simples acciones, muchas de ellas que ya se encuentran en práctica, pero que habrían de hacerse más evidentes, serían de gran utilidad para que los consumidores de contenidos de redes sociales tuviéramos elementos adicionales para normar nuestros criterios.

Nada te salva de la mala voluntad, pero estas tres acciones, del lado de los creadores de contenido, serían un incentivo para mejorar la creatividad con contenidos originales. Pintores, músicos, locutores, actores y escritores podrían tener mayores elementos para proteger sus creaciones; pero no solo ellos, también los ciudadanos tendrían elementos para garantizar que no se haga un mal uso de su imagen y aspectos de su personalidad.

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La máxima en redes sociales dice que, cuando un servicio presume ser gratuito, el producto eres tú. El gran negocio de las plataformas y redes sociales son los datos de sus miembros. Hace unos años, después de casos ampliamente documentados en Estados Unidos y Europa, se lograron varios avances para que las redes sociales no lucraran impunemente con los datos e información sensible de sus integrantes. El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca flexibilizó el tema y, como nunca, las redes sociales han participado en intensas campañas de desinformación. Sin embargo, el crecimiento y desarrollo exponencial de la inteligencia artificial abre la posibilidad de que las propias redes sociales sean rebasadas en algún momento por modelos de esta tecnología, por lo cual han mostrado apertura para establecer mecanismos de regulación.

Como todo avance tecnológico, la inteligencia artificial tiene un lado luminoso y un lado oscuro. Es responsabilidad totalmente humana garantizar su adecuada utilización. Ante la inteligencia artificial, debemos reivindicar la torpeza humana, que es precisamente la otra parte de nuestra esencia.

Eso pienso yo. ¿Usted qué opina? La política es de bronce.