Distintos adjetivos acompañan la presentación del llamado paquete económico del gobierno para el año 2027, entre ellos sobresalen los calificativos de “creíble y realista” que emplean las autoridades hacendarias, muy a contracorriente de los sucesos acaecidos de forma reciente, pues los pronósticos que año tras año se anuncian, reiteradamente, se han incumplido en el recorrer de los dos pisos de la Cuarta Transformación.
Una consecuencia de ello es que, sistemáticamente, se registran mayores déficits de lo programado, tal y como ha ocurrido especialmente en los últimos años dentro de un marco donde el crecimiento económico se ubica por debajo de lo previsto y, consecuentemente, se incrementa la deuda; se atestigua así, y de manera incontrovertible, lo errático y falaz de las estimaciones que se realizan. Aunque, debe señalarse, cuando se somete a aprobación dicho paquete económico todo cuadra en el papel, pero es la realidad que se escribe día tras día y las tendencias que va marcando a través del tiempo quien, finalmente, lo descuadra.
Por eso, las referencias de creíble y realista que se emplean sobre el proyecto económico de 2027 parecen una osadía, pues nada de lo que ha antecedido colabora para brindar una base de certeza para asumirlos como válidos.
Si se trata de calificar los planteamientos económicos de los últimos años, y recordamos promesas como el de un crecimiento por arriba del 4% del PIB en la etapa del primer piso de la actual transformación, encontraremos que las formulaciones realizadas han sido más una narrativa retórica, que un planteamiento para ordenar y delinear el desarrollo del país. El discurso económico ha corrido por la carretera de la retórica para delinear un trayecto aparente de éxito, mientras la realidad lo descalifica.
De ahí que, si regresamos a ese señalamiento de realista y creíble que el oficialismo aplica al planteamiento económico-financiero de 2027, deberíamos señalar el hecho de tratarse de una forma de aludir a un género de la literatura brillantemente expuesto en Latinoamérica, y que se identifica como realismo mágico.
Ahora sí, inscritos en el realismo mágico latinoamericano podemos comprender mejor lo que Hacienda pretende señalar cuando habla de un presupuesto realista para 2027, y entonces dispensar que las metas previstas en 2025 y 2026 para reducir el pavoroso déficit de 2024 y amortiguarlo en la línea de futuro, fueran vanas y erradas; lo cierto es que se ha tratado de construir una argumentación que recree importantes logros para acreditar lo pertinente del camino adoptado aunque, en efecto, no se logren los propósitos planteados.
Desde esa perspectiva, lo que se defiende no es la realidad sino lo que se ha presumido y supuesto en torno de ella por parte del gobierno; las metas no se alcanzan, pero la epopeya que supuso su consecución en la narrativa ficciosa se mantiene y recrea.
Veamos, en el año de 2024 se estableció un déficit 5.4% del PIB bajo la justificación de que con esos recursos se terminarían las obras insignia o emblemáticas del gobierno; paso seguido se postuló que para 2025 el déficit sería del 2.6, pero alcanzó casi el doble al ubicarse en 4.9: mientras, para este año de 2026 se estableció un 2.7, y sin embargo se ubicará en 4.1; para el año entrante se fija un déficit de 3.9, pero el historial de incumplimientos sobre él genera dudas razonables sobre su observancia.
Las obras insignia no se culminaron y siguen arrastrando grandes subsidios, reparaciones y correcciones; el gasto público acumula importantes presiones por la canalización extraordinaria de recursos que siguen demandando esos proyectos, sumado a los requerimientos de Pemex.
Otro revés importante ocurre con el crecimiento económico, pues de manera reiterada se han abortado las metas que se le han establecido, de manera que nuestro desempeño sólo es exitoso desde la perspectiva de la crónica oficialista, que habla de una expectativa de aliento, cada vez más difícil de sustentar frente a un gasto público crecientemente rígido y con ingresos que resultan mermados ante el bajo desempeño de la economía.
Frente a tales circunstancias, las calificadoras han amenazado con retirarnos el grado de inversión, lo que de suceder tendría un efecto devastador para nuestra economía; la deuda pública alcanza un nivel que se coloca al doble de la que teníamos en 2018 y con un incremento de más de 10 puntos del PIB, proyectándose ahora hasta el 55% dentro de una perspectiva próxima a rosar el 60%; si a ello se adiciona la rigidez del gasto y el bajo nivel de recaudación que tenemos, podemos concluir que estamos de cara a un paquete económico para 2027 difícilmente creíble y realista.
Es posible señalar que se trata de un presupuesto que, si se pretende realista, es necesario calificarlo o acompañarlo de una adjetivación, como ocurre si lo enmarcamos en el género literario del realismo mágico.


