Soy ciudadano mexicano por nacimiento, más también lo soy español por razón de que mi padre y abuelo llegaron a México con motivo de la guerra civil española, gracias a la voluntad, humanismo y convicción del general Lázaro Cárdenas del Río, quien como presidente de México salvó muchos miles de vidas de españoles que tenían por horizonte ya fuese el paredón o “las cunetas”, es decir, fosas clandestinas, abriendo las puertas de México para ellos. Huelga decir que toda mi familia siempre tuvo a México antes que a España (mismo caso del que esto escribe), abiertamente y en parte como una expresión de eterna gratitud; en respuesta, toda esa diáspora dio su vida por y para un mejor México.
Ahora, desde que el rey actual tuvo a bien cometer la bajeza de filtrar a la prensa una epístola de Estado (cuyo contenido supone secrecía total por definición) dirigida de parte del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador al monarca, con la intención de un relanzamiento en la relación bilateral con motivo del año 2021 (500 años de la consumación de la independencia), la relación comenzó un proceso de enrarecimiento; ya había desde antes agravios, latrocinios, contratos leoninos y saqueo por parte de empresas como OHL, Repsol e Iberdrola, de 2006 a 2018, en que todos esos abusos fueron despedidos de México con una patada en el trasero, pero con el Estado de derecho bajo el brazo. También se tenían cuentas pendientes por la campaña electoral en la que, sin pudor alguno y contra la Constitución mexicana, su expresidente del gobierno José María Aznar participó en mesas de análisis, spots de TV, conferencias y más en favor del presidente más dañino en la historia de México: Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, proceso en el cual “ganó” por medio punto porcentual de diferencia, derrotando a AMLO, precisamente, peor aún, a base de mentiras.
No pedía casi nada la presidenta Sheinbaum: que el rey mencionara una maldita palabra, “abusos”, en torno a la conquista; el actual rey, y a diferencia de su padre que en Oaxaca dijo eso y hasta más, y nada pasó (1990), comenzó a hablar como Cantinflas, con evidente miedo (¿a qué?), hasta que por fin, balbuceando, la dijo. ¡Geniooo, en todas las guerras hay abusos y de parte de todos los bandos! Lo peor vino después: una andanada de ofensas, calumnias e insultos para con México y sus civilizaciones originarias, que si “caníbales, ignorantes, semianimales vestidos en taparrabo”, que si “caníbales”, que si “cavernícolas”, que si “vivían en el neolítico” y no sé cuántas barbaridades más.
En fin.
